Blindar a migrantes

Hasta hace un par de décadas, los connacionales emigrados a EU enviaban sus ahorros a México a través de emisarios desconocidos —a veces polleros— que escondían los dólares en mochilas. Esta práctica era muy peligrosa, y si tenían suerte y el dinero llegaba a su comunidad de origen, siempre se corría el riesgo adicional de que llegara incompleto. Por fortuna esos tiempos han quedado atrás: hoy los mexicanos radicados en el vecino país pueden enviar su dinero a distancia, a través de internet.

Como respuesta a la petición que los migrantes hicieron a las autoridades mexicanas en foros realizados en EU y México, en el contexto de la persecución y deportación que ordenó contra ellos el presidente de ese país, Donald Trump, el gobierno mexicano, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores y sus Consulados en EU y de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, replanteó el esquema de una reciente modalidad de apertura remota de cuentas de ahorro en banca privada, para incluir al Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros (Bansefi), que hasta el momento opera de manera limitada para los repatriados. “La idea es que ahora un migrante que acuda al consulado en EU pueda abrir desde allá una cuenta con Bansefi con solamente presentar la matrícula consular donde serán utilizados los datos del chip”, precisa Carlos Sada, subsecretario de América del Norte de la SRE. Esto, detallan en el gobierno, les ofrecerá la ventaja de pagar menos comisiones en comparación con un banco privado y aunque ellos permanezcan en EU o regresen a México, la cuenta seguiría funcionando aquí.

El envío de remesas a México desde el extranjero representa una de las más importantes fuentes de divisas para nuestro país, que de hecho ocupa el cuarto lugar mundial en esta práctica, después de China, India y Filipinas. Según datos del gobierno federal, una de cada dos familias mexicanas tiene un familiar fuera de nuestro país.

Pero sobre todo, este proyecto intenta abatir la llamada cifra negra de mexicanos que pierden sus ahorros en EU luego de ser deportados —77% de los migrantes, unos 9 millones, no tiene cuentas de ahorro—, y propiciar que el connacional que resida en EU, aunque trabaje allá, pueda tener mayor certidumbre de su patrimonio en una cuenta de ahorro propia, en suelo mexicano.

Editorial

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