Tensión política y represión reciente generan desplome histórico en asistencia al desfile del 20 de noviembre

Tensión política y represión reciente generan desplome histórico en asistencia al desfile del 20 de noviembre

CDMX, 20 de noviembre.- La represión contra jóvenes manifestantes el pasado sábado dejó una herida visible en la sociedad capitalina. La violencia policial y el intento de criminalizar a la Generación Z inhibieron la participación ciudadana en actos públicos, provocando un ambiente de temor que se reflejó claramente en la casi nula asistencia al desfile del 20 de noviembre.

La desconfianza hacia las instituciones aumentó tras los hechos del día 15, cuando la fuerza pública actuó con excesos injustificados. Esta fractura entre gobierno y ciudadanía creó un clima de distancia emocional, especialmente entre los sectores juveniles, que interpretaron el operativo como un mensaje para desalentar futuras movilizaciones sociales.

Este martes, el tradicional desfile del 20 de noviembre mostró la profundidad del desencanto. Apenas unos miles de personas acudieron al Zócalo, un desplome histórico comparado con los 400 mil asistentes que regularmente presenciaban el evento y con los 1.3 millones que abarrotaron el Desfile del Día de Muertos.

Reportes periodísticos y testimonios ciudadanos coinciden en que buena parte de los “asistentes” eran policías vestidos de civil, desplegados para resguardar el orden. La imagen de gradas semivacías y calles casi desiertas contrastó con el despliegue de más de tres mil  elementos de seguridad y el cierre de 18 estaciones del Metro cercanas al Zocalo.

La gente evitó acudir por las complicaciones viales, pero sobre todo por el ambiente de tensión generado por la presencia masiva de fuerzas de seguridad. Para muchos capitalinos, la ciudad no ofrecía garantías para participar en un acto cívico mientras se percibía una política de confrontación hacia las expresiones sociales juveniles.

La coincidencia entre el desfile y la segunda marcha de la Generación Z intensificó el dispositivo de seguridad y reforzó la desmovilización ciudadana. El gobierno modificó rutas y blindó el Centro Histórico, lo que dio la impresión de un evento controlado, pensado más para evitar protestas que para convocar a la ciudadanía.

En redes sociales, numerosos usuarios señalaron que el vacío en las calles era un indicador del distanciamiento social hacia un gobierno percibido como represivo. La sociedad mostró un mensaje silencioso: la fractura generada por la represión del sábado no se resuelve con actos cívicos ni ceremonias oficiales.

Comparado con años anteriores, el desplome de este 2025 es el más severo registrado. Incluso en 2023, otro año marcado por protestas, hubo mayor afluencia. Las ediciones de 2024, 2022 y 2021 registraron asistencia moderada, lo que resalta aún más la magnitud del rechazo observado este 20 de noviembre.

La baja participación también refleja una tendencia creciente: cada vez más ciudadanos cuestionan la utilidad de actos oficiales que no responden al sentimiento social. El desfile, tradicionalmente visto como una celebración histórica, fue interpretado este año como un recordatorio de la distancia entre gobernantes y gobernados.

El vacío en las calles dejó claro que la sociedad no está dispuesta a normalizar la violencia institucional. La mínima asistencia al desfile del 20 de noviembre es un síntoma de un país que demanda cambios profundos, respeto a la protesta social y un gobierno capaz de escuchar antes de reprimir.

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