
POLÍTICA EXPRÉS | * El saqueo municipal: deporte favorito de alcaldes en #Oaxaca
En Oaxaca, ser alcalde parece haberse convertido en un deporte extremo, no por las dificultades de gobernar comunidades empobrecidas, sino por la facilidad con la que se saquea el erario. La lógica es sencilla: ganar la elección, vaciar las arcas, blindarse con el partido y vivir felizmente impune.
El ejemplo más grotesco lo ofrecen los exalcaldes de Oaxaca de Juárez, Oswaldo García Jarquín y Francisco Martínez Neri, ambos de Morena. Entre venta ilegal de vehículos del corralón, uso de factureras, desvíos de retenciones fiscales y deudas millonarias con el SAT, lograron vaciar las finanzas municipales sin que nadie hasta hoy los llame a cuentas.
La Fiscalía General de la República investiga a 56 municipios por evadir el pago del ISR, acumulando un adeudo superior a 610 millones de pesos. Pero no se engañe, apreciado lector: no se trata de “olvidos administrativos”, sino de desvíos planeados, disfrazados de gestiones opacas y facturas infladas.
Martínez Neri, hoy señalado por la Unidad de Inteligencia Financiera, es ejemplo de la impunidad local. Diez millones de pesos habrían sido desviados bajo su gestión. Dinero que debió destinarse al fisco fue utilizado con otros fines, dejando al municipio en la insolvencia y a los ciudadanos pagando la fiesta política.
El huracán Agatha dejó 100 mil damnificados en 2022. El gobierno federal transfirió recursos a municipios para reconstrucción, pero muchos alcaldes vieron la tragedia como botín. Se inflaron costos de obras, se falsificaron firmas y se cobraron trabajos inexistentes. La desgracia de miles se convirtió en oportunidad de enriquecimiento.
En San Mateo Piñas, el expresidente municipal transfirió 25 millones a una empresa fantasma que desapareció sin dejar huella. Ni contratos, ni obras, ni explicación. La presidenta que lo sucedió, admitió: “cuando el tesorero fue al banco, la cuenta ya no tenía nada”. Literalmente, la tragedia desapareció en transferencias bancarias.
El caso de Pluma Hidalgo raya en tragicomedia. El exalcalde Josué Silva simuló obras inexistentes, pero su sucesor, David Aguilar “El Gallo”, perfeccionó la fórmula: falsificación de firmas, golpes a su tesorero frente a cámaras y la compra de una camioneta de un millón de pesos con dinero público.
Mientras los habitantes de Pluma Hidalgo carecen de agua potable, escuelas seguras y servicios básicos, su edil presume suspensión Bilstein y motor V6. La austeridad pregonada por Morena se convierte en lujo blindado para funcionarios y en hambre para los ciudadanos. No hay metáfora más cínica de la desigualdad.
La impunidad es el lubricante de este engranaje de saqueo. Los partidos políticos, especialmente Morena, protegen a sus alcaldes con el silencio. A los saqueadores no los persigue la justicia, los premian con candidaturas, puestos de asesoría o refugios cómodos en el Congreso. Así se perpetúa la corrupción municipal.
Lo que Oaxaca necesita no es otro discurso de austeridad ni videos virales de alcaldes golpeadores. Necesita un verdadero sistema de rendición de cuentas que termine con este saqueo institucionalizado, comenzando por el gobierno de la inexistente “primavera oaxaqueña”. Porque mientras los gobernantes disfrutan camionetas blindadas, los gobernados siguen pagando el precio de la pobreza y la impunidad.

