#Oaxaca oculta crisis: desaparición de mujeres crece, crimen organizado avanza y familias buscan sin respuestas

#Oaxaca oculta crisis: desaparición de mujeres crece, crimen organizado avanza y familias buscan sin respuestas

A pesar del discurso oficial que presume avances en seguridad y atención a la violencia de género, Oaxaca enfrenta un alarmante incremento en la desaparición de mujeres. Durante 2025, los registros oficiales y el análisis de organizaciones civiles evidencian un fenómeno persistente, con víctimas principalmente jóvenes, adolescentes y mujeres adultas en condiciones de alta vulnerabilidad social.

De acuerdo con datos de Red Lupa, en 2025 se reportaron aproximadamente 255 mujeres desaparecidas o no localizadas en Oaxaca. Esta cifra representa cerca del 35 por ciento del total de 760 personas desaparecidas en la entidad durante ese año, confirmando que las mujeres siguen siendo un grupo especialmente expuesto a este delito.

Aunque el aumento de mujeres desaparecidas entre 2024 y 2025 fue moderado —estimado entre 3 y 7 por ciento—, especialistas advierten que la tendencia es sostenida y preocupante. Lejos de disminuir, las desapariciones continúan ocurriendo de manera constante, con patrones similares que se repiten en distintas regiones del estado.

Las cifras contrastan con la narrativa gubernamental que destaca una alta tasa de localización. Si bien algunas mujeres son encontradas posteriormente, colectivos feministas subrayan que muchas localizaciones ocurren tras días, semanas o meses, tiempo en el que las víctimas pueden ser sometidas a violencia extrema o explotación.

El inicio de 2026 encendió nuevas alertas. Tan solo en la primera semana del año, la Fiscalía de Oaxaca emitió fichas de búsqueda para al menos seis mujeres desaparecidas, tres de ellas menores de edad. Las desapariciones ocurrieron entre el 3 y el 5 de enero en distintas zonas del estado.

Uno de los casos que mayor preocupación ha generado es el de las hermanas Renata Monserrat y Rebeca Anahí Gómez Peralta, ambas de 16 años. Fueron vistas por última vez juntas el 3 de enero en la agencia de Cinco Señores, en Oaxaca de Juárez, sin que hasta ahora exista información sobre su paradero.

Renata Monserrat es una adolescente de complexión robusta, con señas particulares como lunares en la nariz y mejilla. Vestía blusa azul marino, pantalón de mezclilla y tenis blancos. Su desaparición simultánea con su hermana refuerza la hipótesis de un posible delito organizado o engaño premeditado.

Rebeca Anahí, también de 16 años, presenta una estatura mayor y una marca visible en la sien derecha. Vestía ropa completamente negra y tenis deportivos. Ambas jóvenes encajan en el perfil de mayor riesgo identificado por especialistas en trata de personas y reclutamiento forzado.

Otro caso reportado es el de Adriana Benítez Ramos, de 48 años, desaparecida el 3 de enero en Santa Cruz Xoxocotlán. Es una mujer adulta, de complexión obesa, con lentes oftálmicos y señas particulares visibles, cuya desaparición evidencia que el fenómeno no se limita a menores de edad.

En la región Mixteca, específicamente en la Heroica Ciudad de Tlaxiaco, fue reportada la desaparición de Maribel Rojas Santiago, de 30 años, el 4 de enero. Vestía suéter azul marino y tenis deportivos. Su caso refuerza la dispersión territorial del problema en Oaxaca.

También en la capital del estado, en la colonia Lomas Panorámicas, desapareció Zenaida Miranda Esperón, de 45 años, el 5 de enero. Su ficha de búsqueda detalla una cicatriz en la rodilla izquierda y la ropa que vestía, sin que hasta ahora existan avances públicos en su localización.

Un sexto caso incluido en reportes recientes es el de Sara Rebeca Ballona Rodríguez, adolescente de 16 años desaparecida desde septiembre de 2025 en San Juan Bautista Tuxtepec. Aunque su desaparición ocurrió meses antes, la reactivación de su ficha refleja la persistente falta de resultados.

Las autoridades no han informado hipótesis oficiales sobre estos casos. Sin embargo, organizaciones nacionales e internacionales coinciden en que la mayoría de las desapariciones de mujeres en México están vinculadas a delitos como trata de personas, explotación sexual, violencia de género y crimen organizado.

En Oaxaca, las rutas de trata conectan regiones como los Valles Centrales, la Mixteca y la Cuenca del Papaloapan con otros estados del país. Las víctimas suelen ser engañadas mediante ofertas falsas de empleo, relaciones afectivas simuladas o contactos a través de redes sociales.

Las adolescentes y jóvenes representan el grupo más vulnerable. Datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas indican que el rango de edad entre 15 y 19 años concentra un porcentaje significativo de los casos, especialmente cuando existen condiciones de pobreza, violencia familiar o abandono institucional.

Aunque algunas desapariciones son clasificadas como voluntarias, estudios oficiales y de organizaciones civiles señalan que estas representan una minoría. Incluso en esos casos, las mujeres suelen huir de contextos violentos que las exponen posteriormente a delitos más graves.

Colectivos feministas denuncian que la impunidad es uno de los factores que alimenta el fenómeno. La baja tasa de resolución, la lentitud en las investigaciones y la falta de perspectiva de género generan desconfianza y permiten que las redes criminales operen con mayor libertad.

En redes sociales, particularmente en X, las fichas de búsqueda han sido difundidas por medios y usuarios que intentan visibilizar los casos. Sin embargo, la interacción es limitada y no logra compensar la ausencia de campañas institucionales sostenidas de prevención y búsqueda inmediata.

A nivel nacional, México registró alrededor de 34 mil desapariciones en 2025, con mujeres representando entre 30 y 37 por ciento. Oaxaca se mantiene entre los estados con mayor incidencia relativa, lo que refuerza la necesidad de políticas públicas efectivas y verificables.

Las desapariciones de mujeres en Oaxaca no son hechos aislados —como gusta decir el
Gobierno estatal— ni fortuitos. Son el reflejo de un entorno marcado por violencia estructural, desigualdad, presencia del crimen organizado y fallas institucionales. Mientras las cifras aumentan, las familias siguen buscando, exigiendo justicia y esperando respuestas.

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