
Oaxaca adorna su Zócalo con calaveras chinas de cinco mil pesos y desata indignación entre artesanos locales
El gobierno de Salomón Jara enfrenta una nueva ola de críticas tras decorar el Centro Histórico de Oaxaca capital con calaveras gigantes “hechas en China”, adquiridas en tiendas como Walmart y Sam’s Club. Cada pieza costó casi cinco mil pesos ($4,999), pese a que en el estado abundan artesanos capaces de crear obras auténticas y únicas.
Un video difundido en redes sociales exhibe las etiquetas adheridas a los adornos instalados por la Secretaría de Turismo estatal, evidenciando su origen extranjero. La grabación, tomada en la calle Hidalgo, muestra claramente los códigos de barras, lo que desató indignación entre ciudadanos y artistas por la falta de coherencia cultural.
La secretaria de Turismo, la polémica Saymi Pineda Velasco, aún no ofrece explicación pública sobre la compra. Se presume que los adornos fueron adquiridos sin licitación transparente, lo que genera sospechas de favoritismo y opacidad en el gasto. La dependencia tampoco ha desmentido el monto pagado por cada pieza.

En un estado donde el barro negro, el alebrije, la cartonería y el papel picado representan identidad y sustento para miles de familias, la importación de productos industriales se percibe como una afrenta. Artesanos locales calificaron la decisión como un insulto al trabajo que da prestigio mundial a Oaxaca.
“Nos duele ver plástico chino en lugar de arte oaxaqueño”, escribió un reconocido artesano de San Martín Tilcajete en redes sociales. La publicación recibió cientos de reacciones que denuncian el abandono del sector artesanal y la incongruencia de un gobierno que presume promover la cultura y el arte oaxaqueños pero consume imitaciones baratas que son facturadas a sobreprecio.
Críticos señalan que esta práctica no solo afecta la economía local, sino que atenta contra el espíritu del Día de Muertos, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La festividad, que celebra la memoria y la tradición, se ve reducida a un espectáculo plástico y ajeno a las raíces comunitarias.

No es la primera vez que la administración de Pineda Velasco incurre en controversias similares. Durante la Guelaguetza de este año, se acusó al gobierno estatal de exhibir cerámica pintada para simular barro negro auténtico, lo que también desató la molestia de los verdaderos creadores de San Bartolo Coyotepec.
Organizaciones culturales y colectivos ciudadanos demandan una investigación sobre el proceso de compra y exigen que se privilegie el talento local en futuras festividades. Consideran inadmisible que, mientras los talleres oaxaqueños enfrentan crisis económica, el presupuesto público termine beneficiando a proveedores extranjeros.
Especialistas en patrimonio cultural advierten que la repetición de estos casos revela una política cultural incongruente y superficial, más preocupada por la imagen turística que por fortalecer la identidad. “Es un reflejo del desarraigo institucional: se compra folclor, pero se olvida la esencia del pueblo”, opinó la antropóloga Celia Contreras.

La polémica de las calaveras chinas pone en entredicho la gestión cultural del gobierno estatal y reabre el debate sobre el uso irresponsable del presupuesto público. En lugar de promover la economía creativa de Oaxaca, la Secretaría de Turismo parece haber importado no solo adornos, sino también una vergüenza nacional.

