‘Kiki’ Camarena, el agente de la DEA que se infiltró en el cártel de Caro Quintero

‘Kiki’ Camarena, el agente de la DEA que se infiltró en el cártel de Caro Quintero

Enrique “Kiki” Camarena fue la pieza clave para uno de los mayores golpes de la DEA en la historia al infiltrarse en la organización de Caro Quintero, pero eso también le costó la vida en una historia que ha sido llevada a las pantallas 

Enrique Camarena, mejor conocido como Kiki Camarena fue, como lo define la DEA en la serie Narcos de Netflix, el Jesucristo de los agentes de la agencia especial antidrogas, porque su muerte se convirtió en una advertencia para todo aquel narcotraficante que quisiera asesinar a otro de sus compañeros.

Nacido el 26 de julio 1947 en Baja California, México, el destino de Kiki Camarena estaba ligado a Guadalajara a donde viajaba regularmente para visitar a su abuela, aunque sus primeros años de vida desarrollaron en Calexico, California.

Camarena se envolvió pronto con la autoridad sirviendo al cuerpo de Marines de los Estados Unidos. Al completar su servicio con las fuerzas armadas se unió como bombero en Calexico antes de incorporarse al departamento de policía de localidad al inicio de la década de los 70. Su labor lo llevó a ser asignado a la oficina de El Centro donde se desarrolló como investigador de narcóticos antes de convertirse en agente de la DEA en 1974.

La llegada de Camarena a la Agencia Especial Antinarcóticos no sentó bien en su madre quien trató de persuadirlo para dejarlo, pero él le respondía que: “incluso si soy solo una persona, yo puedo hacer la diferencia”.

Su paso por la DEA en Estados Unidos no fue como él quería y al inicio de los ochenta solicitó su traslado a la oficina de Miami, territorio donde el consumo de droga estaba creciendo exponencialmente, al grado de que en 1981 se registró la mayor tasa de homicidios conocida hasta ese entonces por la lucha de la venta de sustancias prohibidas.

El puesto le fue otorgado a otro compañero y Camarena tomó la opción de viajar a México para integrarse en la oficina de Guadalajara para evitar que su carrera se estancara. En Jalisco se puso a las órdenes del jefe de la oficial de la DEA local, James Kuykendall y trabajó junto con los agentes especiales Butch Sears y Roger Knapp.

Su proactividad lo llevó a ir más allá de las labores de oficina tradicionales de la DEA en Guadalajara y aprovechó su origen mexicano para ganarse la confianza de mandos bajos del cartel de Guadalajara llegando a trabajar encubierto en el Rancho Búfalo en Chihuahua, uno de los sembradíos de marihuana más grandes de México con sus al menos 544 hectáreas, y que era propiedad de Rafael Caro Quintero, una de las cabezas del Cártel Jalisco.

Desde esa posición se alzó hasta convertirse en una persona encargada de la seguridad del cartel en la zona del Pacífico. Su puesto en el organigrama le permitía tener un poco de información de Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo, mejor conocido como Don Neto.

La suerte del infiltrado cambió con la Operación Búfalo el 6 de noviembre de 1984 cuando autoridades mexicanas, 450 soldados, desmantelaron el sembradío dando un golpe millonario para las ganancias del cártel al destruir 10 mil kilos de droga.

La situación levantó sospechas en Quintero quien consideraba existía un informante dentro de sus filas. Camarena fue descubierto y secuestrado la tarde del 7 de febrero de 1985 cuando salía del Consulado de los Estados Unidos en Guadalajara según la propia información del gobierno estadunidense.

Mientras existen informes de que Camarena fue torturado por dos días en una residencia en la calle de Lope de Vega en Guadalajara, un lugar que había pertenecido a Zuno Arce, cuñado del expresidente Luis Echeverría Álvarez, el documental lanzado en 2020 denominado The Last Narc expuso que el agente fue interrogado durante 36 horas por Sergio Espino-Verdín, con castigos que fueron de los golpes, la violación hasta quemaduras. Su muerte se produjo por un fuerte impacto en la cabeza.

El cuerpo de Enrique Kiki Camarena fue encontrado el 5 de marzo de ese año en la zona de La Angostura, un poblado de Michoacán.

Según se documenta en The Last Narc, los encargados de su tortura no solo eran gente al servicio del cártel, sino también de la extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS) y un agente de la CIA, Félix Ismael García.

 

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