
En Oaxaca los paros magisteriales de la Sección 22 impiden cumplir calendario escolar y profundizan rezago educativo
Tercera de tres partes | En Oaxaca, el calendario escolar oficial de la Secretaría de Educación Pública se ha convertido en una referencia simbólica, más que en una obligación efectiva. Año con año, miles de estudiantes concluyen sus ciclos escolares con menos días de clase, debido a los paros magisteriales, marchas, plantones y actividades sindicales recurrentes constantes, de acuerdo con estadísticas del INEGI.
Mientras la SEP establece para educación básica un calendario nacional de 185 días efectivos de clases, en Oaxaca esa meta no se cumple plenamente. El magisterio agrupado en la Sección 22 de la CNTE mantiene desde hace años un calendario alternativo ajustado a sus propias dinámicas sindicales y políticas.
Durante el ciclo escolar 2025-2026, la Sección 22 rechazó modificaciones oficiales impulsadas por la SEP, incluyendo ajustes relacionados con altas temperaturas y la organización del Mundial 2026. En su lugar, decidió sostener su propia calendarización, fijando el cierre del ciclo para el 7 de julio de 2026.
Sin embargo, más allá de la fecha formal de conclusión, el verdadero problema está en los días efectivos de enseñanza. Reportes recientes indican que, en lo que va del ciclo, se han acumulado al menos 36 días sin clases por manifestaciones, bloqueos, plantones y paros realizados en Oaxaca y Ciudad de México.
Esta pérdida representa una porción considerable del calendario escolar. En términos prácticos, significa que miles de alumnos han dejado de recibir semanas completas de enseñanza. Aunque en ocasiones se anuncian mecanismos de recuperación académica, especialistas advierten que el tiempo perdido rara vez puede compensarse de manera integral y efectiva.
El impacto no se limita al número de días perdidos. Cada suspensión rompe la continuidad pedagógica, altera evaluaciones, retrasa programas de estudio y dificulta el cierre ordenado del ciclo escolar. Esto afecta directamente la calidad del aprendizaje y debilita la adquisición de conocimientos fundamentales en niveles básicos de formación académica.
Las consecuencias son especialmente severas en comunidades rurales e indígenas, donde los estudiantes carecen de alternativas educativas complementarias. A diferencia de sectores urbanos con mayor acceso a internet, tutorías o apoyo familiar, los alumnos más vulnerables quedan prácticamente sin opciones para recuperar contenidos perdidos durante las prolongadas suspensiones escolares recurrentes.
Los indicadores educativos reflejan ese impacto acumulado. Oaxaca mantiene rezagos importantes en retención escolar, eficiencia terminal y aprovechamiento académico, por debajo del promedio nacional. Las interrupciones constantes alimentan fenómenos de reprobación, abandono y bajo rendimiento, profundizando una crisis educativa estructural que el estado arrastra desde hace décadas sin solución.
La Sección 22 sostiene que sus movilizaciones buscan defender la educación pública y los derechos laborales del magisterio, argumentando que el calendario federal ignora realidades locales. No obstante, sus críticos señalan que el costo de esa estrategia recae principalmente sobre los estudiantes, quienes ven vulnerado su derecho constitucional a educarse.
En los hechos, Oaxaca mantiene un incumplimiento sistemático del calendario oficial de la SEP. Más allá de posturas políticas o sindicales, la realidad es que año con año los estudiantes reciben menos horas efectivas de enseñanza y terminan cada ciclo con una deuda educativa creciente, agravando el rezago estructural que limita el futuro del estado.

