CONTRAFUEGO… “Políticos de armas tomar” – Aurelio Ramos Méndez

CONTRAFUEGO… “Políticos de armas tomar” – Aurelio Ramos Méndez

A despecho del Presidente López Obrador, el Senado iniciará esta semana la revisión de la estrategia nacional de seguridad pública. Arrancará con la muy sensata, humanista y pacifista propuesta de facilitar el armamentismo civil e incluso garantizar la dotación por el Estado de armas de fuego a los ciudadanos.

La iniciativa en tal sentido fue planteada por Alejandro Alito Moreno y ha sido rechazada, a título personal, por muchos políticos; pero no ha sido descalificada formal, pública y enérgicamente por ese mazacote de membretes denominado Va por México.

Cabe entonces la suposición de que se trata de un proyecto no del inefable Alito ni destinado sólo a distraer al respetable, cuya atención está centrada en la pira en que crepita este dirigente priista carcomido hasta el tuétano por la corrupción.

Estamos ante una propuesta claramente avalada por la coalición opositora que lidera Claudio X. González, de quien el campechano es achichincle.

Esto explica la puntual coordinación para impulsarla en el Legislativo, entre Alito y el presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, Ricardo Monreal, presidenciable complaciente con el magnate.

El primero salió con todo su comité a anticipar la presentación de una iniciativa de reformas a la Ley de Armas de Fuego, tan pronto el segundo anunció que aquella cámara “cumplirá con su trabajo” de modificar –contra la opinión presidencial– la estrategia gubernamental de seguridad pública.

Monreal, claro, hizo la pantomima de pintar su raya respecto al proyecto. Afanoso por someterlo a debate, diestro en bogar entre dos aguas, dijo que armar a la sociedad sería el principio del caos.

La reforma de Va por México fue la primera en conocerse, cuando Monreal ni siquiera tenía clara la mecánica para el debate cameral sobre este asunto.

La reunión inaugural de trabajo será entre legisladores de los diversos grupos parlamentarios, mientras se busca con premura la participación de académicos, analistas, religiosos, universitarios, representantes de partidos y de la tan usurpada sociedad civil.

La propuesta, en voz del Rambito campechano, es asaz vagarosa, y se dice que tiene por cándida finalidad facilitar que las familias puedan acceder a armas de mayor calibre de las actuales para defenderse y proteger su casa o negocio.

Busca, además, permitir que militares, oficiales de cierta graduación, puedan portar y desde luego usar sus armas –no se sabe si sólo pistolas .45 o también rifles y lanzamisiles– en días francos, de modo que estén en condiciones de repeler ataques o represalias de mafiosos.

El proyecto simplemente plasma la autorización para poseer y portar armas de mayor calibre, lo cual, ante la alta capacidad de fuego del crimen, deja flotando muchas dudas.

¿Están pensando, Alito y sus titiriteros, permitirles a los ciudadanos portar pistolas 45 en las calles, el transporte masivo, las universidades, los templos, mercados, y otros lugares públicos?

Frente a una delincuencia con terroríficos recursos bélicos, ¿es intención de Alito y sus patrones establecer cierta simetría ofensiva, dotando a los mexicanos de Cuernos de chivo, granadas o fusiles Barret .50, capaces de derribar helicópteros?

Y ante los desmesurados rangos de inseguridad y violencia que ciertamente angustian a la población, ¿abogarán el dirigente del PRI, Claudio X., el panista Marko Cortés y el perredista Jesús Zambrano por incluir las armas en la canasta básica?

¿Cabe esperar que dotarán de un arma a los electores, si en 2024 votan por la oposición?

Y sí, en mala hora, la oposición regresase al gobierno, ¿instituiría un programa oficial semejante al calderonista Cambia tu viejo por uno nuevo, mediante el cual se canjeaban electrodómesticos chatarra por otros menos añosos?

¿Veremos a la gente permutar armas vetustas por metralletas, fusiles y cañones relucientes, y por otras tanto o más poderosas que las de las mafias?

Estas y otras más son dudas que deberán ser disipadas en los debates sobre la propuesta que, aun sin haber sido formalizada, ya está sobre la mesa de discusiones del Senado.

Tardó más el dirigente priista en anunciar la reforma, que en atravesarse de patas y manos en su camino un batallón de políticos de todos colores. 

Se declararon en contra, entre muchos, Miguel Ángel Mancera, Miguel Osorio Chong, Dulce María Sauri, Xóchitl Gálvez, Jesús Zambrano, Luis Espinosa Cházaro…

Ninguno, sin embargo, ponderó la deschavetada idea en sí, sino más bien su funcionalidad como distractor frente al incendio que ya cunde en el PRI y amenaza consumir a Va por México

Esto explica por qué algunos voltearon a ver al dirigente del tricolor con la misma mirada recriminatoria y suspicaz que –dicen las crónicas—, en su tiempo, muchos romanos le dispensaron a Nerón, el sucesor del emperador Claudio.

BRASAS

Como todo náufrago, Alito Moreno puede en su desesperación arrastrar y hundir con él a quien intente rescatarlo o acercarle una tabla de salvación.

Por lo mismo, no se entiende el espaldarazo que recibió de Alejandro Murat Hinojosa.

Menos se entiende, si se repara en que el campechano ya amenazó con expulsar del PRI al aún mandatario oaxaqueño, si éste aceptase un cargo dentro del gobierno de la 4T.

Y menos aún, si se recuerda que tras las elecciones del 5 de junio Alito atribuyó la derrota del PRI en Oaxaca al “colaboracionismo” del gobernador saliente con Morena. 

“¿Pide usted también la renuncia de Moreno?”, le preguntaron a Murat. “No. Yo respaldo al presidente de mi partido”, fue la respuesta sin vacilaciones.

Es sabido que ambos políticos comparten mucho más que nombre, acrónimo –AM y AM—, profesión, edad (45), militancia partidista y aspiraciones presidencialistas.

Están adscritos a la misma tribu priista y comulgan en ideología y prácticas políticas.

Lo cual es apenas natural. Tienen un común consejero político de cabecera, lo mismo que algunos colaboradores y agentes de comunicación.

Así y todo, causó extrañeza la determinación con que Murat apuntaló a su correligionario, sobre quien pesan gravísimas acusaciones de corrupción en todas sus modalidades.

Extorsión, peculado, fraudes fiscales, negocios con el sector público en el rubro de medicamentos, tráficos de influencias, despojo, trácalas inmobiliarias, lavado de dinero, y ¡uf!, la mayor parte de los ilícitos tipificados en el Código Penal.

Por añadidura, un talante sanguinario y gran afición por las armas, además de un léxico francamente elemental, cimentado en una irrefrenable coprolalia. 

Vale, sin embargo, conjeturar acerca de las posibles razones del oaxaqueño.

Sobresale el propósito de preservar el desvencijado partido, cuyo membrete puede ser útil para usufructuar económica y políticamente una candidatura a la grande.

Y asimismo asumir el control del otrora partidazo, lo que equivaldría a recuperar al menos el sombrero del náufrago, para ofrecerlo luego al Peje como guelaguetza.

No se interpreta de otro modo la temeridad de haber unido el destino político personal al de un dirigente cuyo prontuario de trapacerías lo convirtió hace rato en inminente carne de presidio. El tocayaje no obliga a tanto.

Apoyar a Alito puede resultar más peligroso que la audacia irracional de casarse con un caimán, tal como hizo el pasado viernes el alcalde de la istmeña Huamelula, Víctor Hugo Sosa. Cuidado.

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Al igual que los borrachos en las fiestas, que tardan más en salirse que en regresar, Felipe Calderón de nuevo intenta volver a la Presidencia en cuerpo ajeno, el de Margarita Zavala.

Con este fin, famosos periodistas le aplican abundante agua y jabón para lavarle cara y manos ensangrentadas.

Se esfuerzan tratando de no dejar traza de su responsabilidad en la violencia inaudita que desangra a nuestro país, ni de su complicidad con Genaro García Luna.

Raymundo Riva Palacio, cuyas columnas son catecismo y libreto para la derecha, les sirvió a sus lectores la semana pasada dos mentirosas columnas en defensa del michoacano.

Aseguró que Calderón recibió un país con criminalidad al alza, pero que su estrategia de seguridad, consistente en plomo y más plomo, fue atinada y efectiva.

Que no combatió a los cárteles de manera selectiva y que entregó un país con tasa de homicidios en franca reducción.

En suma, que los culpables de la tragedia nacional son Vicente Fox, Enrique Peña Nieto y Amlo.

Los tres gobernantes –afirmó– le cedieron territorio al narco, pues mientras con Calderón los municipios controlados por cárteles eran 80, con Amlo suman 800.

O sea, que no tuvo ningún efecto ulterior ni causó una degradación del país que tardaremos décadas en remontar, el haberle dado estúpidamente el primer varazo al panal de la delincuencia.

En cuanto García Luna, Riva Palacio sostiene que este pájaro de cuentas es apenas una inocente paloma, que no llevaba a Los Pinos mensajes ni dinero.

La demora en el juicio al ex titular de la SSP –dijo– tiene nervioso al Presidente, aunque eso se debe a que la fiscalía gringa no ha logrado armar un expediente sólido, pues nuestro gobierno le aportó como pruebas recortes de periódicos.

Se entiende –sostuvo– la necesidad del Presidente de que comience el juicio, pues busca aprovecharlo como caballo de batalla contra Calderón, “aunque sea con falsedades”.

El Presidente 2006-2012, al final de su mandato, le dio largas a su salida de la fiesta, tratando de afianzar una improbable candidatura presidencial de su cónyuge.

Volvió a intentarlo en 2018, mas debió conformarse con el after hour: siguió la parranda al amparo de México Libre. Y ya anda en las mismas.

Prosigue la juerga, ajeno a su historia personal y familiar saturada de derrotas electorales, arraigada, eso sí, en el estilo Jalisco: ese que nunca pierde, pues cuando pierde, arrebata.

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Está ya lista la iniciativa de reforma constitucional que el Presidente López Obrador enviará al Congreso, con miras a que la Guardia Nacional pase a depender de la Secretaría de la Defensa.

Acicateada por la clase política, la opinión pública se ha dividido entre quienes rechazan y quienes avalan tal propuesta. Pierden el tiempo unos y otros.

La conversión de la Guardia en apéndice de la Sedena o la preservación de su carácter civil, en modo alguno resolverá la crisis de seguridad que vive nuestro país.

El Jefe del Ejecutivo dijo que con la GN dependiente de una secretaría o una institución sin profesionalismo, disciplina ni doctrina “vamos a cometer el mismo error y no podemos ya equivocarnos”. ¡Vaya golpazo el que le asestó a la Secretaría de Seguridad Pública!

La verdad es otra. La eficiencia en el ámbito de la seguridad depende menos de la adscripción que de los métodos y sistemas de trabajo.

El estamento militar funciona mejor no porque los soldados estén labrados en una madera distinta de los civiles, sino porque, entre otras cosas, actúan de modo menos individual, en grupos –pelotones, batallones, escuadrones, brigadas–, con más espíritu de cuerpo.

Con una oposición que, en los hechos, ya disolvió el Congreso, la reforma no pasará.

Lo cual obligará al gobierno federal a hacer lo que busca eludir: Constituir una Guardia Nacional civil, eficiente y honesta.

Sacarle el cuerpo a esta necesidad, equivaldría renunciar a la responsabilidad de hacer funcionar las instituciones y entidades públicas.

Algo así como decir: “Como no podemos conformar una Guardia civil y con altos estándares éticos y de eficiencia, ¡cerrémosla!”.

Por lo demás, la inseguridad y la violencia persistirán con Guardia Nacional o sin ella, civil o militar, en tanto no cambie el carácter represivo de la política de combate a esa locomotora de la delincuencia, que es el narco.

RESCOLDOS

Tan baja dejaron la vara los últimos Presidentes, que ahora no se postula a la grande el que no quiere. El más reciente, Cuauhtémoc Blanco, quien sin embargo tuvo el recato de decir que no buscará la nominación para 2024 porque “es muy rápido… Pero, algún día, ¿por qué no?”

La escasez de agua –o la nula destreza política y la delgada corteza cerebral—en Monterrey exhibió a dos presidenciables. A Samuel García le pidieron “hacer algo” ante el problema. “No soy Tlaloc”, dijo, sin sonrojarse. Y, ante idéntica exigencia, Luis Donaldo Colosio hizo efectivo aquello de mal de muchos…: “Yo también tengo diez días sin agua en mi casa”, dijo.

aurelio.contrafuego@gmail.com

 

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