CONTRAFUEGO … “Maquinaciones de un golpista” por Aurelio Ramos Méndez

CONTRAFUEGO … “Maquinaciones de un golpista” por Aurelio Ramos Méndez

¿Qué maniobra ilegal y quizá violenta maquina Felipe Calderón para tratar de evitar la continuidad de la 4T en 2024?

¿Hasta dónde está dispuesto a llegar, si en 2006 no sólo se robó la elección presidencial sino que –con el pretexto de la guerra al narco– sacó el ejército a las calles?

En modo alguno son ociosas estas inquietantes preguntas. El propio ex mandatario develó que algo trama.

Hizo patente su intriga en el tono furibundo del tuit en que llamó avaros, codos y “bola de cobardes” a los empresarios.

Cepilló a todos –“salvo un par de excepciones”—porque “no hicieron nada para evitar lo que hoy vivimos y lo que viene” con el Presidente López Obrador.

Se necesita ser bobo para no intuir que algo fragua quien se expresa con semejante desparpajo y debe sacudirse calificativos que adjudica a los destinatarios de su mensaje.

El tuit del usurpador de la Presidencia 2006-2012 constituye clara señal de que los núcleos más conservadores están furiosos y desesperados, debido a su inútil acometida cotidiana en contra del gobierno federal.

Constituye, también –ínfimo consuelo–, una detonación que ha pulverizado los puentes entre la derecha troglodita y el empresariado. El mismo que en 2006 financió la burla a la voluntad popular y atornilló en la silla al michoacano.

El tuit, acompañando una caricatura de otro Calderón –Francisco, el monero de Reforma–, símbolo asimismo de la derecha más rancia, fue de una dureza insólita:

“Así las cosas. No hicieron nada para evitar lo que hoy vivimos y lo que viene. Salvo un par de excepciones, son una bola de cobardes. Su avaricia, codicia (codos) y cobardía permitió y estimula que esto ocurra”. 

La caricatura contrasta la actitud dizque valerosa de los dirigentes empresariales Eugenio Garza Sada, Fernando Aranguren, Andrés Marcelo Sada y Manuel J. Clouthier frente al Presidente Echeverría, con la supuestamente obsequiosa de los actuales lideres del sector privado frente a Amlo.

El bravo monero identificó en su cartón, con nombre y apellidos, a los “contestatarios” barones del dinero de aquellos años; pero no puso ni un solo nombre de los “rastreros” de la actualidad. Ejemplar hombría.

Se equivocan los Calderón. Los empresarios de los 70, al igual que los de ahora, algunos de los cuales acompañaron al Presidente en su gira a Washington, velan por sus intereses –legítimos o no— y se benefician de regios subsidios, pero atacan al gobierno por la espalda.

En aquellos años, los admirados paradigmas de Paco el monero recibieron gratis o con tarifas castigadas agua, energía eléctrica, combustibles, transporte ferroviario y toda suerte de bienes y servicios. En agradecimiento, desataron una ruin campaña de difamación contra LEA.

Expresión de aquella infamia –una de muchas– fue la circulación clandestina de audiocasetes, por aquel entonces tecnología de punta, con insultos, chistes procaces y parodias de discursos del mandatario ante la ONU, o atacando incluso a su familia.

En la actualidad, empresarios que se benefician de la política económica de la 4T, entre estos dueños de medios de comunicación, que además han obtenido jugosos contratos gubernamentales, a diario perifonean ofensas y burlas soeces para el Jefe del Estado.

A esa misma clase empresarial Calderón, en su sexenio, le llenó las alforjas a modo de amortización de las inversiones realizadas en campaña o en pago por su respaldo a una política apoyada, con precario disimulo, en las fuerzas armadas.

A estas alturas, ya está claro que la declaratoria de guerra al narcotráfico, a sólo once días de iniciado el calderonato, no tuvo por propósito combatir a ese fenómeno. De lo contrario, Genaro García Luna no hubiera sido puesto al frente de la SSP.

El ejército fue sacado de los cuarteles por su comandante en jefe con intención golpista.

La presencia de los soldados en las calles tuvo por objeto intimidar a la población que protestaba por el robo electoral, y estar prestos por si fuese menester sofocar eventuales levantamientos.

Con su tuit –concebible sólo en un estado de conciencia alterado– el usurpador arremetió en contra de sus mecenas. Pasó así de ufano hijo desobediente a furioso hijo malagradecido.

Y dejó claro que no piensa aparecer como un cobarde, uno de esos empresarios a quienes ha estigmatizado. De ahí la pregunta ¿qué urde y con quiénes?

Por lo pronto, el empresariado quedó dividido en dos bloques. Por un lado, la mayoría, con ánimo atemperado frente al Ejecutivo; por el otro, el “par de excepciones” del principal responsable de la violencia que convulsiona al país.

En ambos bandos tiene Calderón incondicionales. No en balde en su sexenio el narco encauzó su río de oro hacia el lavadero del circuito financiero.

No se descarta que, a la velocidad de la luz, la mayoría pueda pasarse al bando contrario. Acomodaticios los hombres del dinero siempre han sido. 

Si así ocurriera, si a pesar de los agravios de Calderón avalaran sus irresponsables conspiraciones, pasarían de convenencieros a tontos. Veremos.

BRASAS

En las negociaciones del T-MEC Enrique Peña Nieto entregó en principio el petróleo mexicano a Estados Unidos. Esto afirmó el Presidente López Obrador en su conferencia de prensa del pasado viernes.

No faltará quien diga que es calumnia, maniobra política o jactancia sin fundamento del tabasqueño, quien aseguró además que su intervención fue decisiva para revertir tal medida.

La cosa es simple. Existen audios, videos y documentos de aquellas pláticas trilaterales, y los personajes que intervinieron en las conversaciones están en aptitud y libertad de dar su versión. Más, se hallan ante la patriótica obligación de hacerlo.

Por ahora no existe razón para dudar de los dichos del Jefe del Estado, pues fueron formulados de manera pública, y al hacerlo así Amlo se expuso a ser desmentido con pruebas.

Sólo un deschavetado se atrevería a proferir una mentira de semejante calibre, a sabiendas de que hay pruebas irrefutables de lo contrario. 

El mandatario incluso mencionó con nombres y apellidos –Luis Videgaray e Ildefonso Guajardo—a dos de quienes avalaron la entrega del petróleo mexicano.

Dijo, “así de claro”, que el gobierno anterior había ofrecido un capítulo especial entregando el petróleo, y que después de que su equipo evaluó la propuesta, él opinó “que no estábamos de acuerdo”.

Continuó:

“Y dijimos no, queremos que cambie el capítulo. Es más, que no se toque el tema…por eso el capítulo (sobre el petróleo) se limita a dos párrafos”.

Su objeción, abundó, causó molestia en el gobierno estadunidense y llevó a retrasar quince días las negociaciones, y al final dicho capítulo no fue firmado.

Peña Nieto y sus colaboradores tienen la palabra. No hay manera de que le saquen el cuerpo a la verdad, sin quedar como unos vendepatrias.

Guajardo ya habló del T-MEC y las consultas sobre la política energética de México, pero ni una palabra dijo sobre las denuncias de Amlo sobre la entrega del petróleo.

Deslizó, eso sí, pavor frente a Estados Unidos. Cambiar las reglas de manera unilateral, “puede llevarnos a consecuencias inimaginables”, advirtió.

“A cada acción, siempre viene una reacción; es lo que más temprano que tarde aplicó el gobierno de Estados Unidos en contra de México”, dijo, como justificándose.

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Durante cuatro años la variopinta y desnacionalizada oposición ha impetrado sanciones, represalias, escarmientos y “apretones de tuerca” nomás porque sí de Estados Unidos a nuestro gobierno.

Hoy, sus líderes y voceros festejan la mera ensoñación de estar a punto de conseguirlo, así se lleve la trampa a los mexicanos.

Los adversarios del gobierno federal han intentado de todo. Desde la babosada del castrochavismo y la infamia del pacto con cárteles, hasta el dizque amasiato con Trump, el ninguneo a Biden y la abyección ante ambos.

Ahora, con el catecismo de Carlos Salinas entre las manos, denuncian –con estridencia mayor aún que la de los inversionistas foráneos– supuestas violaciones al T-MEC en materia de petróleo y energía.

Lo cual ya les ganó el certero apelativo de traidores a la patria por parte del Jefe del Estado.

Estos patéticos contradictores se debaten en la desesperación por su propia ineptitud, lo cual, sin embargo, es altamente peligroso y puede tener consecuencias impredecibles.

En cuatro años han sido incapaces de forjar a un líder con fuerza suficiente para cohesionar al 45 por ciento de ciudadanos que no votaron por el Presidente López Obrador.

Han perdido terreno frente a Morena, porque tampoco han sabido capitalizar el desgaste natural del gobierno.

Y, en el colmo de la desgracia, sus abanderados de 2018 Ricardo Anaya, José Antonio Meade y Jaime Rodríguez, andan a salto de mata, en el ostracismo o en la cárcel, todos con el tatuaje de la corrupción con tinta indeleble sobre el pecho.

De tan lamentable desempeño es elocuente muestra ese alebrije –híbrido de rata, dinosaurio y mapache– denominado Va por México, descascarado por todos lados.

Reducidos a su mínima expresión de cara al 2024, están fervorosamente adscritos a la advocación del Tío Sam, a quien evocan y convocan sin importarles el destino de los mexicanos del común.

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¿Estupidez o cinismo? ¿Chanza de un loquito inofensivo o prueba de que en Tamaulipas el gobierno constituye una asociación delictiva? Enigma.

A juzgar por las apariencias, no es sainete la versión de que el panista Francisco Javier Cabeza de Vaca se propone quitar al presidente municipal de Reynosa y sustituirlo por el junior Luis Alejandro Espino Acosta.

La maniobra fue develada ¡por el mismísimo Espino Acosta!, hijo del Auditor General de Tamaulipas, Jorge Espino Ascanio.

Narró, con profusión de detalles, la operación en grabaciones –cuya autenticidad ya reconoció en un video– de conversaciones telefónicas con tres regidores de Morena, a cada uno de los cuales les ofreció cinco millones de pesos por su voto para consumar el despojo.

El contenido de los audios es sumamente ramplón, pero muy indicativo del podridero en que está convertida la política nacional. Espino Acosta fue candidato a diputado por Movimiento Ciudadano.

Dijo que en la jugada para sentarlo en el lugar del Carlos Peña Ortiz están coludidos el gobernador, el secretario general de gobierno, su padre, “los azules” –el PAN— y otros regidores también comprados por millones.

“¡Y ya con eso se armó la machaca!”, afirmó, entusiasmado, el junior, quien de paso amenazó a los regidores. Les dijo que con o sin ellos “el arrebato” de la alcaldía por el PAN se consumará antes de septiembre.

“Ya sabes quién soy yo, ¿verdad?”, “¿Si sabes quién es mi papá?, son expresiones que les espetó el estulto, cínico y boquiflojo junior a sus interlocutores. 

En su video exculpó a todos los que él mismo había involucrado “en este mole”; pero, ¿habrá alguna autoridad capaz de investigar a fondo este pestilente asunto?

¿Merecen los ciudadanos una explicación detallada, o aquí no ha pasado nada?

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RESCOLDOS

Con tres de sus sucias palabras, Alito Moreno, portaestandarte de Va por México, causó uno de los mayores chamuscaderos de líderes de opinión que se recuerden. “Son mis brothers”, dijo de Carlos Marín, Ciro Gómez Leyva, Joaquín López Dóriga, Rafael Cardona, Antonio Navalón y “los dueños” de Proceso, entre otros. Se ufanó de que los tiene comiendo de su mano. Y de que les chasquea los dedos para apresurarlos a hacer lo que él ordena. Irrefutable. Las hemerotecas hablan…

Siguen las malas noticias para la oposición. Los presidenciables de Morena –incluidos Ebrard y Monreal– ya desdeñaron la advertencia del INE de no incurrir en “actos anticipados de campaña”. ¿Cacharía la oposición a alguno de estos contumaces, incorregibles violadores de la ley?

aurelio.contrafuego@gmail.com

 

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