CONTRAFUEGO … “Caro, guelaguetza para Biden” – Aurelio Ramos Méndez

CONTRAFUEGO … “Caro, guelaguetza para Biden” – Aurelio Ramos Méndez

Extraditar a Rafael Caro Quintero hacia los Estados Unidos dejaría una imborrable impresión de que su captura fue ejecutada como una guelaguetza, una ofrenda de enorme utilidad político-electoral del Preside López Obrador a Joe Biden.

La medida tendría la impronta de dócil acatamiento de una orden –coordenadas y datos de inteligencia incluidos– impartida por Biden al tabasqueño, en el Salón Oval de la Casa Blanca, setenta y dos horas antes del arresto.

Lo más peligroso y comprometedor, la cesión del capo lesionaría gravemente nuestra soberanía nacional.

Y sentaría precedente para la exigencia de transferir a la caprichosa justicia gringa no solo delincuentes, sino personajes de peso político, incluso ya muertos.

Para la dación, sin rezongos, por ejemplo, de Manuel Bartlett Díaz, a quien el gobierno gringo y sus voceros en México han cubierto de oprobiosas calumnias, relacionándolo con Caro Quintero y el homicidio del narcopolicía de la DEA, Enrique Camarena.

Del general Salvador Cienfuegos, con el argumento de que en México no ha sido investigado ni sancionado.

De Felipe Calderón, si en su inminente Do de pecho Genaro García Luna lo involucrase en el trasiego de drogas a la meca del consumo y, de ese modo, lo catapultase a la condición de terrorista, analogía de narco según las leyes gringas.

O de algún integrante de la 4T a quien el Departamento de Estado acusara de trato injusto o indebido a inversionistas estadunidenses, y hasta de los restos de Pancho Villa –cuyo 99 aniversario de su asesinato se cumple este miércoles 20—para escarmentarlo por la invasión a Columbus.

Tuvo razón Caro Quintero en su argumentación de 2013, expuesta en carta a Enrique Peña Nieto, Miguel Osorio Chong, Jesús Murillo Karam y el ombudsman Raúl Plascencia:

No es razonable que la justicia de nuestro país se someta a los designios que Estados Unidos pretende imponerle a un exconvicto mexicano con el único fin de “hacer sentir el peso de su revancha”.

Semejante sometimiento desprestigiaría a México y sus leyes, e implicaría el avasallamiento de nuestra soberanía como país por las autoridades estadunidenses “con el único afán de siempre sentirse superiores”.

Con toda razón, el cofundador del Cartel de Guadalajara les dijo a los destinatarios de su misiva que “la justicia que reclama Estados Unidos para su connacional ya fue pagada en México en las condiciones que se me impusieron”.

Casi veintinueve años de prisión compurgó el sinaloense acusado del asesinato de un oscuro policía elevado a la categoría de héroe por su gobierno, pero cuya misión real está envuelta en una estela tenebrosa.

¿Calumnia? Kiki Camarena fue señalado ¡por sus propios colegas de la DEA! como pieza clave en la deleznable Operación Irán-Contras.

Sí, aquella maniobra maquinada por EU para armar y financiar con dinero propio y del narco a la oposición de Nicaragua, que en los 80 intentó tumbar al gobierno triunfante en la Revolución Sandinista.

Al igual que la mayoría de los cabecillas del narcotráfico, Caro Quintero no ha sido más que un campesino cuyo pecado consistió en buscar salir de la pobreza, para lo cual jugó con las reglas del capitalismo: les vendió a los gringos lo que más les gusta, al muy rentable precio de un mercado ilegal.

Y pasó a la historia como uno de los narcos más audaces, pues en el rancho El Búfalo sembró 500 hectáreas de mariguana, hierba enteramente legal en Estados Unidos.

La entrega de connacionales a una justicia extranjera, así se trate de los más abominables delincuentes, entraña degradación de nuestro sistema de justicia y renuncia a la soberanía, intolerables en un Presidente que se jacta de autónomo e independiente en todos los órdenes.

Menos procedente resulta la extradición, si se repara en que la recaptura de Caro ha estado envuelta en la tragedia, el misterio y la mentira.

Un descomunal signo de interrogación pende sobre las causas del desplome en Los Mochis, del helicóptero Black Hawk en que murieron 14 marinos que horas antes habían apoyado en la reaprehensión.

¿Se trató de un accidente o fue un hecho provocado? ¿Retaliación del cartel de Caro o su cobertura social? ¿A quién y con qué fines podría interesarle acentuar el perfil del septuagenario capo como un todavía peligrosísimo delincuente?

Si no fue accidente, ¿quién podría tener capacidad, audacia y recursos para cometer un acto de semejante envergadura, tan infame como complejo? ¿Narcos rivales del sinaloense? ¿Policías municipales o estatales? ¿El ejército? ¿La Guardia Nacional?

Renglón aparte merece la principal sospechosa, la entrometida DEA, cuya directora, Anne Milgram, está atrapada entre el hurto y la mentira.

En un comunicado intentó robarse el mérito del operativo de recaptura, lo que llevó al embajador Ken Salazar a desmentirla. ¿Quién miente?

Es un enigma el tratar de determinar la verdad. Pero hay indicios de que Milgram celebró el arresto como el futbolista que finge orinar como perro en la portería del adversario, aunque no hayan tenido nada que ver en la consumación del gol.

Vale, en todo caso, la pregunta: ¿Cederá Amlo y pondrá a Caro Quintero en manos de un gobierno mendaz para ayudarlo en las elecciones legislativas de noviembre?

BRASAS

Que mal paga el diablo a quien bien le sirve, es axiomático. Así y todo, pruebas al canto.

La 4T ha desarrollado una política económica esencialmente benéfica para el sector privado; preserva la estabilidad macroeconómica convertida en fetiche las últimas cuatro décadas.

A cambio, la IP ha promovido una infame campaña de desprestigio en contra del Presidente, su familia, colaboradores y hasta simpatizantes, recrudecida en ocasión de la gira a Washington.

Los más furiosos mastines fueron Diego Fernández de Cevallos, Vicente Fox, Javier Lozano y otros panistas.

Y, en los medios, Raymundo Riva Palacio y otros columnistas para quienes la gira nada –¡absolutamente nada!– tuvo de positivo.

Según estos analistas habría tenido más suerte o tino un niño en el juego de ponerle la cola al burro.

Amlo –sostienen cegados por el rencor– ni por azar o equivocación hizo algo bien en su encuentro con Biden, mientras que el hipotético infante, con los ojos vendados y ayuda de la casualidad, sí hubiese acertado en colocar la cola donde se debe en el dibujo del jumento.

Se repite así la historia de tiempos de Luis Echeverría, cuando el gobierno ayudó como nadie al sector empresarial y éste le pagó al mandatario con una miserable campaña de denostación y odio.

Campaña persistente hasta el último día de la existencia del mandatario 1970-76, y aun después de su muerte.

La totalidad de empresas públicas de aquellos tiempos –creadas por LEA o sus antecesores—subsidiaban al sector privado con dinero de todos los mexicanos.

Gratis o con tarifas castigadas, los empresarios recibieron del Estado energía eléctrica, gasolina, transporte ferroviario, telefonía, agua, obras de infraestructura y toda suerte de bienes y servicios.

La historia se repite. A propósito de la gira a Washington la atmósfera se saturó con ofensas y abiertas expresiones de odio al de Macuspana, la mayoría destiladas por periodistas de medios pertenecientes a grupos empresariales.

Están en su derecho quienes critican con dureza, pero con honestidad intelectual, al Jefe del Estado. Mas, eso de que lo ataquen con rabia saliéndoles por las orejas deudores o proveedores que le venden o rentan al gobierno vehículos por millares, condumio para reos, materiales escolares, es sencillamente una vileza.

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El encuentro Amlo-Biden dio para todo. Incluso para la comprobación del patético analfabetismo funcional de Vicente Fox.

Tatiana Clouthier celebró en Twitter el anuncio por la compañía Chobani –realizado en el marco de aquel encuentro—de nuevas inversiones en México.

El tono de la secretaria de Economía no le gustó al atarantado ágrafo que nos gobernó seis años, quien la reprendió en un tuit de ¡ocho palabras y cinco faltas de ortografía!

“A como le hechas crema a los tacos!!”, escribió Fox, ignorante de que su interjección inicial exige h y signos de admiración (¡Ah!); que “cómo” requiere tilde y “hechas crema” va sin h, y que basta un signo de admiración, pues no por poner más de uno (!!!!) el asombro resulta mayor.

La hija del Maquío le contestó con ironía y fingida conmiseración, aunque también con una falta gramatical, producto al parecer del extendido temor al dequeísmo.

“Estimado Vicente, no cabe duda (de) que necesitas atención”, le dijo, compasiva.

Cierto. Fox necesita atención profesional en muchos aspectos de su trastornada personalidad.

Pero, quizá lo más apremiante sea desasnarlo, no en la acepción de podar el olivo sino la de quitarle lo jumento, que el diccionario define así: “hacer perder a alguien la rudeza, o quitarle la rusticidad por medio de la enseñanza”.

Si de ayudarlo se trata, deberán asumir semejante encargo educadores con instrucción elemental para enseñar a combinar letras y formar palabras, y más adelante algo de gramática básica. Porque Fox está empeorando…

El 4 de marzo de 2019 el botudo de cinturón recamado le dirigió a Tatiana un tuit en el cual se enredó “únicamente” cinco veces –con los mismos signos, interjecciones, tildes, letras, comas y mayúsculas– en una frase de dieciséis palabras: “A que cuento eres tatianita ya no hayas como levantar el raiting de los 100 días” (sic).

Aunque, viéndolo bien, sobre advertencia no hay engaño. En septiembre de 1988, el entonces diputado federal Fox se puso boletas electorales simulando tener orejas de burro.

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“Me pregunto, ¿cómo ha de ser la prensa en esos lugares?”

Tal fue la reflexión que le inspiró a Joe Biden la primera imagen del telescopio espacial James Webb, captada desde una profundidad jamás observada por el ojo humano.

La imagen registra luz desde una lejanía de ¡13.000 millones de años!; es decir, cerca del estallido con que nació el universo –el Big Bang–, hace 13.700 millones de años.

Se comprende que el mandatario estuviese maravillado, emocionado y presto a cantar La misma noche, de Chuy Rasgado: El mismo cielo/poblado de estrellas/¡que luna tan bella!

Reaccionó, en cambio, con una burlona gracejada, que fue en realidad acusación y manifestación de resentimiento.

Tuvo razón. La prensa gringa ha sido glorificada por Hollywood, pero el cine no oculta el fracaso del Cuarto Poder.

Cosa de preguntarse cuál ha sido el papel del periodismo en un país sepultado hoy en un alud de calamidades:

Más armas que habitantes, matanzas todos los días, persecución a migrantes, denuncias de fraude electoral, muertos en el congreso asaltado por supremacistas…

Más todavía, retrocesos en derechos civiles como el aborto, afanes de revertir la separación Estado-Iglesia, asesores de seguridad como John Bolton confesos de organizar golpes de Estado y cuicos como Kiki Salazar tratando de derrocar gobiernos democráticamente elegidos…

La prensa allá ha sido el mejor sostén del establecimiento. Y en México hemos resentido sus embustes y maniobras.

Basta recordar que un periodista estadunidense, el zar de la prensa William Randolph Hearst, llegó a la aberración de pagar millares de dólares por la cabeza de Pancho Villa, cercenada en 1926.

RESCOLDOS

Hoy se cumplen 150 años del fallecimiento de Benito Juárez. Y este miércoles (20) será aniversario luctuoso del jefe del División del Norte. Oportunidad para recordar que el nombre de Doroteo Arango fue inscrito en letras de oro en la Cámara de Diputados por iniciativa de Gustavo Díaz Ordaz. Ocurrió en 1966, dos años ante de Tlatelolco, lo que descarta una maniobra populista para congraciarse con las graderías…

Esta efeméride villista también hace recordar que gracias a un decreto de Luis Echeverría en 1976 los restos del Centauro del Norte fueron depositados en el Monumento a la Revolución. Muy cerca –prodigios de la conciliación y el sosiego de las pasiones políticas– de su adversario Venustiano Carranza…

Los diputados de MC Salomón Chertorivski, Jorge Álvarez Máynez y Julieta Mejía, y el panista Riult Rivera, son por derecho propio precursores en México del inmoral turismo de guerra. Menos intrépidos que indecentes, viajaron a Ucrania con el cuento de procurar un mensaje de Volodímir Zelenski. ¡Vergonzoso!

aurelio.contrafuego@gmail.com

 

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