Indiferencia gubernamental en #Oaxaca: entre el discurso humanista y la muerte de ciudadanos en el olvido total

Indiferencia gubernamental en #Oaxaca: entre el discurso humanista y la muerte de ciudadanos en el olvido total

El discurso humanista del gobernador Salomón Jara y el edil Raymundo Chagoya choca frontalmente con la cruda realidad de Oaxaca. Mientras los funcionarios presumen sensibilidad social en eventos públicos, las calles de la capital se convierten en morgues al aire libre para quienes carecen de un techo donde resguardarse.

La tarde del 25 de enero, el cuerpo de un hombre quedó inerte sobre la banqueta de la calle 20 de Noviembre. Entre las vías J.P. García e Hidalgo, la víctima falleció esperando una ambulancia que nunca llegó. Testigos reportaron niveles críticos de glucosa, pero la ayuda oficial fue inexistente.

Este deceso representa la segunda muerte de este tipo en apenas veinticinco días de 2026. Previamente, el 19 de enero, otra persona fue hallada sin vida en el Mercado de Abasto. Ambos casos evidencian la ausencia de refugios temporales y políticas de salud pública diseñadas para proteger a los vulnerables.

La cifra de fallecimientos es alarmante y refleja un abandono sistémico. En los últimos tres años, Tiempo Digital ha documentado al menos 57 muertes de personas en situación de calle. Esta estadística trágica  desmiente las promesas de bienestar y justicia social que los mandatarios suelen pregonar.

A pesar de las bajas temperaturas y la crisis de salud, las autoridades estatales y municipales no han establecido albergues dignos. La falta de un registro centralizado oficial sugiere que el gobierno prefiere ignorar el problema antes que resolverlo, delegando la responsabilidad a la indiferencia de los transeúntes cotidianos.

El seguimiento periodístico revela que en 2024 las muertes superaron las 35 víctimas, una tendencia que no disminuye. La omisión institucional se convierte en una sentencia de muerte para quienes padecen adicciones o enfermedades crónicas. Sin atención médica oportuna, la vía pública es el único y trágico destino final.

Los vecinos y comerciantes del Centro Histórico denuncian una respuesta tardía de los servicios de emergencia. En el caso más reciente, las alertas ciudadanas fueron ignoradas hasta que el hombre dejó de respirar. Esta negligencia criminal demuestra que, para la administración actual, estas vidas no poseen valor político relevante.

El contraste es indignante: gastos excesivos en propaganda política frente a la nula inversión en asistencia social básica. Mientras Jara y Chagoya mantienen sus agendas mediáticas, la capital oaxaqueña suma más cruces invisibles en sus banquetas. La retórica del «pueblo primero» parece detenerse justo antes de tocar al indigente.

La ausencia de refugios para protegerse del frío extremo en la entidad es una falla administrativa imperdonable. La sociedad civil exige acciones inmediatas, no más comunicados vacíos. Cada fallecido representa un fracaso rotundo de la cadena de mando que juró proteger a todos los ciudadanos, sin distinción de clase.

El panorama para el resto del invierno es desolador si persiste esta inacción gubernamental. Oaxaca requiere urgentemente albergues con atención médica y alimentaria para detener esta sangría. De lo contrario, el humanismo que pregonan sus gobernantes seguirá siendo una máscara cínica ante la tragedia humana de los más olvidados.

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