
POLÍTICA EXPRÉS | * Soberbia tras la consulta: el mensaje ciudadano que Salomón Jara decidió no escuchar
La primera reacción pública de un gobernante tras una consulta adversa suele revelar más que los propios resultados. En Oaxaca, en el caso de Salomón Jara, la revocación de mandato dejó una señal clara de desgaste político. Sin embargo, su respuesta inicial no fue prudencia ni autocrítica, sino desdén hacia cientos de miles de oaxaqueños inconformes.
Decir que el voto en contra le hizo “lo que el viento a Juárez” no es una frase menor ni una anécdota retórica. Es una declaración cargada de soberbia frente a más de 350 mil ciudadanos que acudieron a las urnas para expresar pérdida de confianza en su gobierno.
La consulta no fue vinculante por la baja participación, es cierto, pero tampoco fue irrelevante. Solo tres de cada diez electores votaron, y de ellos, cerca del 40 por ciento pidió la revocación. Ese dato, en cualquier democracia madura, obliga a una reflexión profunda, no a una burla hepática.
El gobernador insiste en leer el resultado como una ratificación “contundente”, cuando en términos absolutos perdió alrededor de 300 mil votos respecto a su elección de 2022. Mantener el porcentaje con menos participación no equivale a fortaleza política, sino a un respaldo menguado.
Más grave aún es minimizar el abstencionismo del 70 por ciento. La apatía masiva no es neutral: suele ser el síntoma de una ciudadanía desencantada, cansada o desconectada. Ignorar ese silencio colectivo es tan irresponsable como descalificar abiertamente a quienes sí participaron para decir “no”.
La fractura con el Partido del Trabajo, aliado histórico de Morena, profundiza el mensaje. Que un socio político haya promovido el voto revocador evidencia conflictos internos, acusaciones de corrupción y un deterioro de la confianza entre pares que no se resuelve con discursos triunfalistas.
Jara ha dicho que el resultado no es un “cheque en blanco” y ha prometido ajustes en su gabinete. Esa parte del mensaje es correcta. Lo contradictorio es combinar ese reconocimiento con una narrativa de desprecio hacia la oposición y hacia una parte significativa de la ciudadanía.
Un gobernante que está a la altura de las circunstancias y escucha, no compara votos con elecciones pasadas para minimizar críticas, ni presume márgenes cuando la base social se reduce. Escuchar implica aceptar que algo no está funcionando y que la continuidad obtenida es, en el mejor de los casos, condicionada.
Gobernar desde la autosuficiencia, ignorando señales de desgaste, suele profundizar la desconexión social. Oaxaca detesta a un gobernador que se sienta intocable — ahí tienen el rechazo del 74% en la capital—. El gobernador debería de estar a la altura de uno capaz de entender que el poder también se erosiona.
La revocación de mandato dejó un mensaje contundente: Jara sigue, pero no arrasa; gobierna, pero no entusiasma; gana, pero pierde respaldo. Responder con soberbia a ese llamado no fortalece su legitimidad. La historia no absuelve a quienes confunden permanencia con aprobación.

