Gobiernos de Salomón Jara y Raymundo Chagoya priorizan obras cuestionables en Oaxaca de Juárez para justificar gasto público y beneficiar a contratistas

Gobiernos de Salomón Jara y Raymundo Chagoya priorizan obras cuestionables en Oaxaca de Juárez para justificar gasto público y beneficiar a contratistas

Lejos de atender los problemas urgentes que afectan a los habitantes de Oaxaca de Juárez —como la falta de agua potable, semáforos, la inseguridad, la basura o la iluminación pública—, los gobiernos estatal y municipal han optado por anunciar proyectos que, más que responder a una planeación integral, parecen diseñados para justificar presupuestos millonarios y generar ganancias privadas.

Esta semana, tanto el gobernador Salomón Jara como el presidente municipal Raymundo Chagoya anunciaron, por separado, dos proyectos con fuerte carga propagandística, argumentando que impulsarán la movilidad y el turismo. No obstante, ambas han sido recibidas con escepticismo, pues no resuelven necesidades básicas ni se sustentan en estudios públicos que justifiquen su viabilidad.

Por parte del gobierno estatal, el proyecto estrella es un teleférico urbano que conectaría el Cerro del Fortín con el Monumento a la Madre. Aunque se anuncia como una solución de movilidad, su trazo revela un enfoque turístico y simbólico más que funcional, sin beneficio real para los miles de oaxaqueños que todos los días padecen un transporte público deficiente y carente de rutas eficientes.

El trazado del teleférico privilegia zonas escénicas y de valor político, pero deja fuera las áreas más pobladas y marginadas de la capital. La inclusión del Teatro Álvaro Carrillo como estación intermedia refuerza el carácter elitista del proyecto, que no atiende las verdaderas rutas de alta demanda, ni contempla integración con otros sistemas de transporte.

A pesar de que originalmente se hablaba de conectar hasta Monte Albán y el Instituto Tecnológico de Oaxaca, el plan ha sido reducido, aparentemente para hacerlo más “viable”. Sin embargo, no se han presentado estudios técnicos ni de impacto ambiental, y tampoco se conoce con transparencia quiénes serán los beneficiarios directos de los contratos de obra.

En este contexto, la iniciativa parece un pretexto más para abrir la puerta a negocios con empresas constructoras cercanas al poder, repitiendo el viejo patrón de simular desarrollo urbano mientras se privilegia el enriquecimiento de servidores públicos y contratistas. El discurso del “progreso” vuelve a encubrir intereses privados.

Por su parte, el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez sigue la misma lógica. Mientras las calles del centro y colonias están sin seguridad, llenas de baches, con semáforos descompuestos y basura acumulada, el gobierno de Chagoya anunció un proyecto para “mejorar la vialidad” en el crucero de Viguera, una zona conflictiva que ha sido intervenida muchas veces sin resultados duraderos.

El anuncio municipal carece de fecha de inicio, detalles técnicos o presupuesto definido. Aun así, se difunde como una solución estructural al tráfico vehicular, aunque vecinos y automovilistas lo ven como otro intento de maquillar la ineficiencia con anuncios espectaculares sin sustento real.

Ciudadanos han expresado que detrás de esta obra, como del teleférico, hay intereses económicos disfrazados de obras públicas. La prioridad no parece ser el bienestar colectivo, sino la repartición de contratos. Mientras tanto, los problemas reales siguen ahí: calles intransitables, semáforos sin funcionar y servicios públicos colapsados.

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