Tradición viva: #Oaxaca reafirma su amor por la flor de muerto y fortalece su arraigo cultural

Tradición viva: #Oaxaca reafirma su amor por la flor de muerto y fortalece su arraigo cultural

Oaxaca mantiene firme su devoción por el Día de Muertos. Lejos de verse desplazada por fiestas extranjeras como Halloween, la tradición local se fortalece cada año. Tan solo durante esta temporada, la entidad consume alrededor de 500 toneladas de flores de cempasúchil, borla, nube y otras variedades.

De acuerdo con productores y comerciantes del Mercado de Abasto, la producción estatal, estimada en 326 toneladas, resulta insuficiente para cubrir la enorme demanda de altares, tumbas y espacios públicos. La diferencia se cubre con flor proveniente principalmente de Puebla y Guerrero, estados líderes en producción nacional.

El Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP) reportó que, en el ciclo agrícola 2022, Oaxaca sembró 43 hectáreas de flor de cempasúchil, cifra modesta comparada con entidades como Puebla, que supera las mil hectáreas. Aun así, el estado se mantiene entre los 10 principales productores del país.

Las flores de muerto cultivadas en Oaxaca —cempasúchil, borla o terciopelo, nube y crisantemo— embellecen tanto los altares domésticos como los panteones comunitarios. Su colorido y aroma son elementos esenciales de una festividad que, más que celebrarse, se vive intensamente en pueblos y ciudades.

En regiones como los Valles Centrales, la Mixteca, la Costa, el Istmo y la Cuenca del Papaloapan, miles de familias se dedican al cultivo y la venta de estas flores. La producción no solo conserva una tradición ancestral, sino que representa también una importante fuente de ingreso local.

Los comerciantes del Mercado de Abasto aseguran que, año con año, la demanda crece. “Lejos de perder fuerza, la costumbre se arraiga más. La gente quiere que sus altares estén llenos de color y olor a cempasúchil”, expresó un productor de Zimatlán de Álvarez, una de las zonas con mayor cultivo.

La Central de Abasto de la Ciudad de México registró una derrama de hasta 15 millones de pesos por la venta de 3 mil toneladas en 2022. Con base en esa referencia, se estima que el mercado oaxaqueño mueve varios millones de pesos durante la temporada de Muertos.

Aunque Oaxaca no lidera la producción nacional, su relevancia cultural es indiscutible. Aquí, la flor no es solo un producto agrícola: es símbolo de identidad, respeto y memoria colectiva. Cada pétalo encendido en los altares recuerda el vínculo con los seres queridos que han partido.

El arraigo de esta tradición, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, se refleja en las calles adornadas, los panteones iluminados y la participación de comunidades enteras. La celebración de Muertos, más que resistir, florece frente a la globalización.

Así, entre los tonos naranjas y amarillos del cempasúchil, Oaxaca reafirma su espíritu ancestral. En cada flor cultivada, en cada altar encendido, se renueva la certeza de que sus raíces están más vivas que nunca, desafiando modas pasajeras y recordando al mundo el valor de la tradición.

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