Silencio de Salomón Jara sobre doble ausencia en tragedia del tren agrava cuestionamientos y desconfianza pública

Silencio de Salomón Jara sobre doble ausencia en tragedia del tren agrava cuestionamientos y desconfianza pública

El gobernador de Oaxaca, Salomón Jara Cruz, continúa sin explicar públicamente su paradero durante las primeras 36 horas posteriores al trágico descarrilamiento del Tren Interoceánico en Nizanda, ocurrido el 28 de diciembre de 2025. Su silencio prolongado sigue alimentando críticas, rumores y la percepción de una grave falta de responsabilidad pública.

La emergencia dejó catorce personas fallecidas y decenas de heridos, pero Jara no estuvo presente el día del siniestro, ni acudió a la conferencia mañanera del 29 de diciembre, donde autoridades federales informaron desde el lugar. Tampoco acompañó inicialmente a la presidenta Claudia Sheinbaum en los recorridos hospitalarios realizados ese mismo día.

El gobernador reapareció públicamente la noche del 29 de diciembre en Ciudad Ixtepec, donde se reunió con Sheinbaum para supervisar la atención a víctimas. Sin embargo, su breve aparición no disipó críticas, pues evitó comentar su ausencia inicial y dejó sin respuesta las preguntas sobre dónde estuvo mientras Oaxaca enfrentaba la peor tragedia del proyecto ferroviario.

En los comunicados oficiales difundidos posteriormente, Jara reiteró coordinación con el gobierno federal y apoyo a víctimas, pero omitió toda referencia a su paradero previo. Esa omisión fortaleció versiones, difundidas en redes y algunos medios, que mencionaban un posible viaje vacacional en Nueva York con su familia y con la presidenta del Congreso.

La presidenta del Congreso local, Tania Caballero, tampoco estuvo visible durante la tragedia, lo que agravó la percepción de vacío institucional en Oaxaca. Su ausencia simultánea con la del gobernador elevó las sospechas sobre un viaje conjunto durante las fechas críticas, versión que ninguna de las dos autoridades ha desmentido o aclarado.

La mañana del lunes 5 de enero, durante la conferencia encabezada por Claudia Sheinbaum, ninguno de los reporteros presentes preguntó directamente sobre la prolongada ausencia del gobernador. La falta de cuestionamientos evidenció un cerco conveniente alrededor del mandatario, quien continúa evadiendo toda explicación pese a la presión pública.

Sheinbaum defendió a Jara al afirmar que “había estado atento” a la emergencia, aunque no explicó por qué no estuvo físicamente presente en el lugar del descarrilamiento. La defensa presidencial, sin detalles verificables, no logró calmar las críticas ciudadanas, que exigen claridad sobre la conducta del mandatario durante un desastre de tal magnitud.

Reportes de medios nacionales confirman que la noche del 29 de diciembre Jara recorrió hospitales y sostuvo reuniones con autoridades federales. No obstante, no existen registros públicos precisos sobre sus actividades los días posteriores. La ausencia de documentos oficiales alimenta la versión de que volvió a desaparecer por varias jornadas.

Aunque Jara emitió un mensaje de Año Nuevo el 31 de diciembre, su participación en acciones directas de atención o supervisión no estuvo documentada de manera transparente. En redes sociales, ciudadanos y opositores denunciaron que el gobernador permanecía nuevamente alejado del Istmo, mientras damnificados enfrentaban carencias y trámites urgentes.

El coordinador del PT en Oaxaca, Benjamín Robles Montoya, reavivó las críticas el 4 de enero al llamar a Jara “Gobernador Fantasma”, señalando que solo apareció para tomarse fotografías con Sheinbaum la noche del 29 y luego se esfumó durante cinco días. Aunque su versión tiene tintes políticos, reflejó el sentir de amplios sectores inconformes.

Medios como Sopitas, SemMéxico y El País destacaron la ausencia física inicial del gobernador e incluso mencionaron rumores sobre unas vacaciones familiares en el extranjero. Aunque ninguna versión ha sido confirmada, Jara tampoco las ha desmentido, permitiendo que la especulación se convierta en narrativa dominante entre la opinión pública.

Este lunes 5 de enero, en una nueva conferencia de prensa desde Oaxaca de Juárez, Jara actualizó las cifras de víctimas y detalló acciones de apoyo médico, psicológico y jurídico. Sin embargo, nuevamente evitó mencionar dónde estuvo antes del 29 de diciembre y qué ocurrió en los días posteriores a su breve reaparición.

En una crisis de esta magnitud, la ausencia de explicaciones concretas sobre su paradero representa una grave falta de rendición de cuentas. La ciudadanía esperaba liderazgo visible desde el primer momento, no un gobernador que dirige a distancia y evita esclarecer decisiones que generaron incertidumbre y molestia social.

Los vacíos informativos han deteriorado la credibilidad del mandatario, quien insiste en centrarse en la atención a víctimas, pero elude abordar lo que para muchos es el punto central: su responsabilidad política y moral. Un simple comunicado aclarando motivos, tiempos y lugares habría bastado para frenar una crisis de confianza en crecimiento.

En lugar de ello, el gobernador mantiene un silencio que se vuelve cada día más oneroso para su imagen y para la estabilidad institucional de Oaxaca. La falta de transparencia sobre su “doble ausencia” refuerza la percepción de desconexión con la ciudadanía, precisamente cuando el estado enfrenta una de sus peores tragedias recientes.

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