
San José del Pacífico, la nueva capital informal de los hongos mágicos en Oaxaca; la demanda, en crecimiento
Mientras los hongos comestibles impulsan rutas gastronómicas, los llamados hongos sagrados atraen otro perfil de visitante hacia Oaxaca: viajeros interesados en experiencias espirituales, ceremonias de sanación y estados alterados de conciencia. La demanda se mantiene elevada, alimentada por la fama internacional de la desaparecida María Sabina y el renovado interés mundial por los psicodélicos.
San José del Pacífico, en la Sierra Sur, es uno de los principales puntos de llegada. La comunidad, asentada a unos 2 mil 500 metros de altitud, construyó durante décadas una economía turística alrededor de los hongos y actualmente ofrece hospedaje, recorridos, temazcales y experiencias relacionadas con la tradición micológica.
La fama del lugar trascendió las fronteras de Oaxaca. Medios internacionales han identificado a San José del Pacífico como una de las capitales informales de los llamados hongos mágicos, mientras el flujo de visitantes aumenta durante temporadas de mayor demanda turística, generando ingresos para hospedajes, restaurantes, guías, transportistas y otros prestadores de servicios.
En la Sierra Mazateca, el fenómeno adquiere otra dimensión. Huautla de Jiménez conserva una tradición ceremonial asociada históricamente con María Sabina, cuya figura convirtió a la región en referencia mundial de los hongos sagrados. Actualmente continúan prácticas tradicionales, aunque comunidades y especialistas cuestionan que estas ceremonias sean transformadas en productos turísticos.
Para la tradición mazateca, el consumo ceremonial no equivale a una experiencia recreativa. Las llamadas veladas tienen propósitos de diagnóstico, introspección, adivinación y sanación, dentro de un marco espiritual que involucra oraciones, ofrendas, silencio y acompañamiento de especialistas tradicionales conocidos como curanderos o sabios de la comunidad.
El choque aparece cuando esa práctica espiritual se convierte en paquete comercial. Algunos visitantes buscan una experiencia rápida y exótica, mientras habitantes y especialistas consideran que la tradición exige respeto, preparación y comprensión de su significado cultural. La preocupación central es que el turismo masivo termine despojando a los hongos de su dimensión sagrada.
El interés internacional también está relacionado con el crecimiento de la investigación científica sobre psilocibina y sus posibles aplicaciones terapéuticas. Esa tendencia, sumada al auge mundial del wellness y los viajes espirituales, incrementó la atención sobre Oaxaca, donde los hongos forman parte de sistemas de conocimiento indígenas anteriores al turismo contemporáneo.
Entre las especies sagradas documentadas destacan distintas variedades del género Psilocybe, entre ellas el “derrumbe”, “San Isidro”, “pajaritos” o “santitos” y Psilocybe zapotecorum. Su utilización se encuentra registrada principalmente entre pueblos mazatecos y zapotecos, aunque existen antecedentes etnomicológicos entre otros grupos indígenas de Oaxaca.
La creciente demanda genera además interrogantes ambientales y sociales. La extracción intensiva, los cambios en los ecosistemas derivados del clima y la presión turística pueden afectar la disponibilidad de especies. A ello se suman preocupaciones sobre seguridad, circulación de dinero y eventual apropiación comercial de conocimientos indígenas.
Oaxaca enfrenta así una paradoja turística: los hongos sagrados generan ingresos y atraen visitantes de todo el mundo, pero su valor cultural no puede medirse únicamente en términos económicos. El desafío para comunidades y autoridades consiste en impedir que una tradición espiritual milenaria termine reducida a una experiencia turística descontextualizada.

