
Robo de alcantarillas evidencia la nula vigilancia policial y fallas del C5; aumenta el riesgo de accidentes en Oaxaca
El robo constante de alcantarillas en Oaxaca de Juárez dejó de ser un delito menor para convertirse en un problema de seguridad pública. La insuficiente vigilancia de la Policía Municipal y del C5i estatal permite que estas sustracciones continúen, generando riesgos permanentes para peatones, ciclistas, motociclistas y automovilistas.
De acuerdo con reportes históricos de SAPAO y SOAPA, cada año son robadas alrededor de 100 tapas de alcantarilla. La reposición de cada pieza metálica cuesta aproximadamente 14 mil pesos, lo que representa un gasto superior a 1.4 millones de pesos anuales para el erario, sin considerar daños adicionales.
El caso más reciente ocurrió en la esquina de Miguel Cabrera y Mina, en el Centro Histórico, donde una coladera permaneció abierta sin señalización adecuada. Vecinos denunciaron el peligro en redes sociales al advertir que cualquier peatón o conductor podía sufrir un accidente, especialmente durante las lluvias.
Las zonas más afectadas incluyen calles del Centro Histórico como Mina, Galeana, Mier y Terán, Libres, Abasolo, Eclipse, Colón, Valerio Trujano y 20 de Noviembre, además de Periférico, Pueblo Nuevo, Santa Rosa Panzacola, Ixcotel y diversas colonias donde los registros permanecen abiertos durante meses.
En varios puntos de la ciudad son los propios vecinos quienes colocan llantas, bloques o tablas para advertir del peligro, evidenciando la tardanza institucional para reponer las tapas robadas. Esa respuesta insuficiente incrementa los riesgos de caídas, daños materiales y accidentes de tránsito.
Durante 2026 continuaron acumulándose denuncias en Miguel Cabrera y Mina, Rivera del Atoyac, Pueblo Nuevo, donde una coladera permaneció más de seis meses destapada, e Ixcotel, con registros abiertos y varillas expuestas, confirmando que el problema permanece vigente pese a las inversiones realizadas en seguridad.
La inauguración del C5i en noviembre de 2025 representó una inversión cercana a 776 millones de pesos y la instalación de alrededor de dos mil cámaras. Sin embargo, los robos hormiga de coladeras siguen ocurriendo principalmente durante la madrugada, sin una detección preventiva efectiva.
Aunque algunas cámaras han permitido iniciar investigaciones por parte de la Fiscalía General del Estado, la vigilancia electrónica no ha logrado inhibir un delito repetitivo que afecta directamente la movilidad urbana y la seguridad vial, dejando en evidencia importantes áreas de oportunidad en el monitoreo cotidiano.
El principal incentivo continúa siendo la venta de las tapas como fierro viejo. Activistas señalan que cada pieza puede venderse por alrededor de 100 pesos en chatarrerías, alimentando un mercado ilegal de metales que también incluye cobre, rejillas y otros materiales sustraídos del espacio público.
Ante esta situación, SOAPA ha comenzado a sustituir algunas tapas metálicas por estructuras de concreto para reducir los robos. También mantiene la atención de reportes ciudadanos mediante redes sociales y el 911, aunque la reposición continúa siendo lenta frente a la frecuencia de los hurtos.
El Código Penal de Oaxaca contempla penas de dos a seis años de prisión para quienes roben tapas de alcantarilla y sanciones para quienes compren estos objetos, especialmente cuando el delito ocasiona lesiones o la muerte de personas, aunque los casos continúan registrándose con frecuencia.
Especialistas y ciudadanos coinciden en que el problema requiere vigilancia nocturna focalizada, mayor fiscalización de chatarrerías, coordinación entre SOAPA, Fiscalía, Seguridad Pública y Semovi, así como inventarios digitales de infraestructura y reposiciones en menos de 48 horas para evitar que un robo termine convirtiéndose en una tragedia.

