POLÍTICA EXPRÉS | * Salomón Jara y la revocación: entre el pánico y la manipulación
* Salomón Jara y la revocación: entre el pánico y la manipulación
La revocación de mandato, que Salomón Jara Cruz alguna vez consideró “un día de campo”, hoy lo tiene contra las cuerdas. Lejos de mostrarse confiado, el gobernador de Oaxaca ha comenzado a mover piezas en el Congreso para adelantar y controlar el proceso, revelando un temor evidente al juicio ciudadano.
Jara llegó al poder en 2022 sin un respaldo verdaderamente mayoritario. Ganó con apenas el 23.26% del padrón electoral en una contienda marcada por el abstencionismo. Más de medio millón de oaxaqueños no votaron. Hoy, ese silencio podría convertirse en una fuerza que empuje su salida anticipada del poder.
Comparar los procesos de 2016 y 2022 deja claro el retroceso en participación ciudadana. Alejandro Murat ganó con menos votos, pero en una contienda más competida y con mayor legitimidad. Jara, en cambio, se impuso en una elección desangelada, donde su principal aliado fue la apatía, no el entusiasmo popular.
El temor de Jara no es infundado. El padrón electoral ha crecido, su nivel de aprobación ha caído, y las condiciones sociales se han deteriorado. Oaxaca está entre los estados peor calificados en gobernabilidad, feminicidios y corrupción. El hartazgo social podría ser suficiente para activar una revocación legítima y contundente.
Ante este riesgo, Jara urde reformas constitucionales exprés. Con apoyo del PRI, propuso adelantar la consulta a febrero de 2026. También promueve cambios en la recolección de firmas y la redacción de la pregunta, todo con el objetivo de tener un proceso a modo, limitado y controlado desde el Ejecutivo.
La iniciativa busca reducir los tiempos de organización y verificación, limitando la participación ciudadana. En lugar de fortalecer el mecanismo democrático, lo debilita. El árbitro electoral, IEEPCO, queda con poco margen para garantizar un proceso confiable. El poder se concentra donde no debe: en el escritorio del gobernador.
El senador Benjamín Robles ha denunciado esta operación como una traición a los principios de la Cuarta Transformación. Acusa a Jara de actuar en lo oscuro, negociando con Morena y PRI para blindarse. Según Robles, el gobernador teme a las urnas tanto como a su propia incapacidad.
Lo más preocupante es que Jara no solo quiere sobrevivir políticamente, sino hacerlo a costa de la voluntad popular. Al manipular la ley y los tiempos, busca convertir un mecanismo ciudadano en un trámite burocrático. Esa actitud no es de un demócrata, sino de un operador que teme rendir cuentas.
La ciudadanía oaxaqueña no puede permitir que le arrebaten su derecho a evaluar a su gobierno. El proceso de revocación no debe responder a las necesidades del mandatario, sino al derecho del pueblo a decidir. Cambiar las reglas del juego en medio del partido solo desnuda la debilidad del jugador.
La historia enseña que ningún gobierno impopular resiste una ciudadanía organizada. La revocación de Salomón Jara no es un capricho, sino una posibilidad constitucional y legítima. Si el gobernador quiere demostrar que no teme al pueblo, debe dejar de manipular el proceso y enfrentar la consulta con reglas justas y limpias.
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