
POLÍTICA EXPRÉS | Salomón Jara y el embuste de la “primavera oaxaqueña”
La más reciente encuesta nacional de Arias Consultores confirma lo que muchos oaxaqueños perciben: el gobierno de Salomón Jara Cruz es un fracaso rotundo. Con apenas un año y medio de gestión, el mandatario aparece entre los peor evaluados del país, exhibiendo rezagos históricos y decisiones erráticas que profundizan la crisis.
Los números no mienten. En economía y empleo, sólo 17% de los ciudadanos considera que existe buen manejo, lo que refleja la falta de proyectos productivos y de políticas serias que generen oportunidades. Oaxaca, de nuevo, se queda estancada mientras otras entidades avanzan con rumbo y certeza.
En obra pública, el desastre es aún más claro. Apenas 15% de los encuestados reconoce avances, lo que coloca a Oaxaca entre los últimos lugares. Las calles siguen deterioradas, los hospitales sin mantenimiento y la infraestructura básica olvidada. Un estado abandonado a la improvisación y al clientelismo político.
La salud pública tampoco escapa al colapso. Únicamente 17.9% de los oaxaqueños percibe que el sistema funciona adecuadamente. La realidad es que los hospitales carecen de medicamentos, los centros de salud permanecen sin personal suficiente y las comunidades rurales siguen padeciendo la desatención más cruel. Un abandono que cuesta vidas.
El combate a la corrupción, una de las banderas de campaña de Jara, resultó en un espejismo. Apenas 14% de los ciudadanos cree que su gobierno enfrenta el problema. La percepción es devastadora: nepotismo, contratos dirigidos, opacidad en obras y funcionarios enriquecidos bajo la sombra de la impunidad.
Ante esta crisis de confianza, la estrategia del gobernador no ha sido rectificar, sino blindarse. Desde el Congreso, Morena y sus aliados impulsan cambios legales para elevar el porcentaje de participación en la revocación de mandato. El objetivo es impedir que la ciudadanía lo saque de la “Casa del Pueblo”.
El lema “el pueblo pone y el pueblo quita” terminó convertido en una farsa. Jara utiliza la ley para amarrarse al cargo, aunque los oaxaqueñas exijan su salida. Lo que debería ser un mecanismo democrático se transformó en una burla institucional para sostener a un gobernante repudiado.
La credibilidad personal del mandatario está en ruinas. Apenas 21% de los encuestados cree en su palabra. Mentiras sobre propiedades de lujo, promesas incumplidas en seguridad y salud, y un discurso hueco desconectado de la realidad alimentan la percepción de un político que traicionó la confianza del pueblo.
Oaxaca no figura en el mapa nacional por sus avances, sino por sus rezagos. La gestión de Jara no será recordada por obras ni políticas innovadoras, sino por el nepotismo descarado, la corrupción desbordada y la ineficacia más profunda que haya padecido el estado en décadas recientes.
La esperanza que Salomón Jara representaba terminó en la mayor decepción política de Oaxaca. Lo que se prometió como una transformación se convirtió en un gobierno mediocre y corrupto. Hoy, su administración no es sinónimo de progreso, sino de vergüenza, frustración y del fraude político más grande de nuestra historia reciente.

