POLÍTICA EXPRÉS | * Morena organiza celebración: ¿respuesta desesperada para contrarrestar marcha juvenil y caída en encuestas?

POLÍTICA EXPRÉS | * Morena organiza celebración: ¿respuesta desesperada para contrarrestar marcha juvenil y caída en encuestas?

El gobierno federal anunció una concentración para el 6 de diciembre con el pretexto de festejar “los siete años de la Cuarta Transformación”. Sin embargo, analistas políticos coinciden en que el evento es una evidente revancha simbólica frente a la movilización juvenil del 15 de noviembre, que sacudió la comodidad triunfalista del régimen.

La marcha de la Generación Z dejó claro que miles de jóvenes están cansados de la inseguridad, la impunidad y el desprecio oficial hacia cualquier forma de crítica ciudadana. El intento gubernamental de minimizarla como “provocación opositora” no solo fue torpe, sino profundamente revelador de la desconexión con el México que exige respuestas.

El anuncio del mitin del 6 de diciembre parece más un acto de control de daños que una celebración genuina. Resulta sospechoso que la fecha se haya marcado justo tres semanas después de una protesta nacional que evidenció fracturas, errores de contención y un desgaste político que Morena insiste en negar públicamente.

La presidenta Claudia Sheinbaum se presenta como líder de un proyecto transformador para todos los mexicanos, pero sus actos exhiben lo contrario: gobierna para su base militante. Todo indica que las decisiones estratégicas buscan mantener a los seguidores movilizados, aunque la mitad del país desapruebe su desempeño y demande mayor inclusión democrática.

Si la mandataria gobierna para “todos”, ¿por qué utiliza el aparato del Estado para recompensar adhesiones partidistas mientras ignora inquietudes ciudadanas legítimas? Su narrativa divide entre “pueblo bueno” y “conservadores”, como si el 41% que no votó por ella fuera prescindible. Esa visión parcialista erosiona cualquier pretensión republicana y agota la legitimidad.

La caída en las encuestas, especialmente el derrumbe registrado por Morning Consult, puso al descubierto la fragilidad del discurso oficial. Pasar de 62% a 41% de aprobación en un año es un golpe severo para un gobierno que presume hegemonía. La respuesta no fue autocrítica, sino planeación apresurada de un festejo partidista.

Resulta paradójico que la administración que presume la mayor legitimidad democrática responda a un reclamo juvenil con un acto masivo que solo alimenta polarización. La concentración del 6 de diciembre no invita al diálogo ni reconoce el malestar social: busca simplemente opacar, superar y exhibir músculo político frente a los inconformes.

Sheinbaum enfrenta el desafío de demostrar que no es una presidenta sectaria, atrapada en la lógica de “nosotros contra ellos” heredada de la retórica lopezobradorista. El país exige una mandataria dispuesta a escuchar incluso a quienes la cuestionan. Optar por un mitin partidista sugiere miedo a perder control, no voluntad de gobernar.

La política nacional se juega hoy en el terreno simbólico. La Generación Z, con un pliego claro de doce exigencias, puso temas urgentes sobre la mesa. La respuesta de Morena, más que institucional, es emocional: intentar demostrar que “todavía llenan el Zócalo” para negar el desgaste evidente que los datos ya muestran.

El 6 de diciembre podría haber sido ocasión para tender puentes, pero el gobierno eligió la confrontación encubierta de celebración. La historia demuestra que los gobiernos que responden con soberbia al descontento popular terminan pagando costos profundos. Morena sigue apostando al aplauso interno, olvidando que el país necesita menos festejos y más resultados.

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