POLÍTICA EXPRÉS | * Misteriosa muerte de capitán revela contradicciones y encubrimiento en caso huachicol fiscal

POLÍTICA EXPRÉS | * Misteriosa muerte de capitán revela contradicciones y encubrimiento en caso huachicol fiscal

La muerte del capitán de navío Abraham Jeremías Pérez Ramírez, titular de la Unidad de Protección Portuaria de Altamira, Tamaulipas, ha generado una ola de suspicacias. Oficialmente, se maneja la versión de un suicidio dentro de sus oficinas. Sin embargo, fuentes alternas sostienen que fue ejecutado para silenciarlo.

El capitán aparece en la carpeta de investigación del llamado “huachicol fiscal”, red que involucra a funcionarios de aduanas, empresarios y autoridades locales. Pese a ello, la Fiscalía General de la República (FGR) y la Presidencia niegan su vínculo, lo que contradice la documentación judicial y genera desconfianza pública.

La contradicción resulta obvia: si su nombre no tuviera relevancia en la indagatoria, nunca habría sido mencionado en los testimonios de colaboradores y testigos protegidos. La insistencia de la FGR en desvincularlo revela un interés superior: contener las repercusiones que podrían escalar a niveles políticos más altos.

No es la primera vez que un mando naval aparece en estas circunstancias. En noviembre pasado, el contraalmirante Fernando Rubén Guerrero Alcántar fue asesinado en Manzanillo, Colima, tras denunciar las operaciones ilícitas de combustibles por personal cercano al círculo familiar del secretario de Marina, Rafael Ojeda. Ambos casos apuntan a un patrón de silenciamiento dentro del entorno militar y portuario.

La versión del suicidio en Altamira es cuestionada por la filtración de un parte de seguridad que ubica al capitán dentro de una camioneta oficial, baleado en instalaciones del puerto industrial. Autoridades federales, sin embargo, han mantenido hermetismo, reforzando la sospecha de una ejecución cuidadosamente disfrazada.

La Secretaría de Marina limitó su postura a un escueto comunicado de condolencias, sin confirmar causas del deceso. La FGR, por su parte, asumió la investigación, pero insiste en que no había certeza sobre el involucramiento del capitán en el caso de huachicol fiscal, pese a evidencias contradictorias.

El silencio institucional ha levantado especulaciones sobre una estrategia de contención. La posibilidad de que altos mandos navales y actores políticos ligados a Morena estén implicados obliga a las autoridades a montar una narrativa oficial que proteja a las élites y evite un escándalo mayor en el gobierno federal.

Versiones extraoficiales señalan que el capitán Pérez Ramírez habría recibido sobornos de hasta 100 mil pesos para permitir la descarga ilegal de combustible en Altamira. La gravedad del señalamiento explica la sospecha de que fue eliminado antes de testificar y señalar a sus corruptores, evitando que su declaración comprometiera a funcionarios de mayor rango.

El doble discurso —negar su participación en el huachicol fiscal y simultáneamente reconocer su aparición en la carpeta de investigación— exhibe la inconsistencia del gobierno federal. Este tipo de contradicciones alimenta la percepción de que las instituciones operan para encubrir, más que para esclarecer la verdad.

La muerte del capitán Abraham Jeremías Pérez Ramírez es un nuevo capítulo de una trama de corrupción, silencio y encubrimiento que ya alcanza al círculo político y familiar del expresidente López Obrador. La cortina de humo oficial busca evitar que la investigación de huachicol fiscal salpique a la élite morenista.

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