
POLÍTICA EXPRÉS | * Huachicol fiscal alcanza a cercanos de López Obrador y dirigentes de Morena
El escándalo del huachicol fiscal ya no es un rumor incómodo: empieza a cercar a personajes clave del lopezobradorismo y a dirigentes de Morena. Pese a los esfuerzos por minimizarlo en conferencias y comunicados oficiales, las presiones de Estados Unidos y las investigaciones de la FGR estrechan el cerco.
Las revelaciones de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad muestran que el negocio ilícito del combustible alcanzó incluso al “Grupo Tabasco”, vinculado al senador Adán Augusto López Hernández. Un muelle en Tampico, operado por un empresario cercano a él, habría servido como puerta de entrada al huachicol fiscal.
El empresario Saúl Vera Ochoa, favorecido con la concesión del muelle fiscal 289 en 2020, es señalado por operar junto a empresas tabasqueñas ligadas a su familia y a la notaría de Adán Augusto. Ese detalle conecta directamente las redes del huachicol con el círculo político del exsecretario de Gobernación.
El testimonio del capitán Alejandro Torres Joaquín (Santo), hoy testigo protegido, revela que cada buque cargado con huachicol pagaba sobornos millonarios para atracar en ese muelle. Los pagos se canalizaban a oficinas privadas, donde presuntamente se coordinaban operadores ligados al concesionario y a funcionarios que permitían la entrada del combustible ilegal.
Esto desmonta la narrativa de Morena como estandarte de la honestidad. El partido que juró desterrar la corrupción parece hoy hundido en la misma cloaca que decía combatir. El huachicol fiscal no solo engordó fortunas privadas: se volvió un engranaje político para sostener alianzas y financiar campañas políticas de Morena y proyectos de poder.
Mientras tanto, las conferencias matutinas intentan tapar el escándalo con discursos repetidos de “primero los pobres”. Pero el país observa que la riqueza ilícita fluía desde los puertos bajo gobiernos de la 4T. Y cuando los documentos y testimonios se acumulan, ya no hay narrativa oficial que aguante.
El círculo empieza a cerrarse, porque las investigaciones no solo involucran a empresarios, sino a figuras políticas que acompañaron a López Obrador en su ascenso. La sombra de Estados Unidos también pesa: la Casa Blanca exige limpiar la red de contrabando que alimenta cárteles y afecta directamente a su seguridad.
Lo grave es que estos señalamientos ya no son versiones de opositores, sino hallazgos documentados por investigaciones periodísticas y judiciales. La Fiscalía General de la República tiene carpetas abiertas, y si procede contra quienes aparecen en ellas, el impacto podría reconfigurar la narrativa de la “cuarta transformación”.
Morena y sus dirigentes pueden seguir buscando culpables en todos lados, menos en el espejo. Pero la corrupción tiene rastros documentales y financieros imposibles de ocultar. Cada nombre, cada empresa y cada soborno revelan una red demasiado grande para atribuirla a “errores aislados” o a funcionarios menores.
La farsa de la pureza política se resquebraja. López Obrador y sus herederos políticos no pueden contener indefinidamente un escándalo que ya toca a su círculo más cercano. El huachicol fiscal exhibe lo que muchos temían: que el lopezobradorismo nunca fue un proyecto de honestidad, sino otro pacto con la corrupción.

