POLÍTICA EXPRÉS | * Guelaguetzas regionales: tradición cultural usada como pretexto para precampaña política y despilfarro del erario

POLÍTICA EXPRÉS | * Guelaguetzas regionales: tradición cultural usada como pretexto para precampaña política y despilfarro del erario

POLÍTICA EXPRÉS | Las Guelaguetzas regionales: un capricho político con dinero público

A la secretaria de Turismo de Oaxaca, Saymi Pineda Velasco, “se le ocurrió” llevar a cabo las llamadas Guelaguetzas regionales. En apariencia, son un proyecto cultural para acercar la fiesta a las comunidades; en la realidad, son un pretexto político que le permite promover su imagen con miras a la sucesión gubernamental.

El discurso oficial asegura que estas celebraciones detonan turismo, generan derrama económica y fortalecen la identidad cultural. Pero el problema no está en la fiesta, sino en el trasfondo político: la secretaria aprovecha estos eventos como plataforma de promoción personal, utilizando el erario de manera opaca, sin rendir cuentas.

Los millones invertidos en estas actividades no se transparentan. No hay cifras claras sobre cuánto se gasta, ni quiénes son los proveedores beneficiados. Sin auditorías, la sospecha crece: en lugar de ayudar a artesanos y cocineras tradicionales, los contratos terminan favoreciendo a cercanos al poder. Cultura como pantalla.

La Guelaguetza tiene un origen comunitario, ligado a la reciprocidad y solidaridad entre pueblos indígenas. Convertirla en una herramienta de propaganda política es una traición a ese espíritu. La secretaria Pineda reduce una tradición ancestral a un recurso para impulsar su nombre, mientras la población sigue esperando beneficios reales y duraderos.

El argumento de descentralizar la fiesta con ediciones regionales carece de planeación. En lugar de repartir equitativamente la derrama económica, se fragmentan los recursos y se diluye la atención. Nadie sabe con certeza cómo circula el dinero ni qué porcentaje realmente impacta en las comunidades organizadoras, más allá del espectáculo pasajero.

El turismo que generan estas fiestas es temporal, apenas unos días de visitantes. Eso no resuelve la pobreza, la marginación ni la falta de infraestructura que enfrenta Oaxaca. El dinero público se esfuma en eventos vistosos, pero sin impacto sostenido en la vida comunitaria. Una política de relumbrón.

En un estado con carencias graves en salud, educación y servicios básicos, destinar millones a fiestas mal fiscalizadas es un insulto. No se trata de cancelar la cultura, sino de administrarla con responsabilidad. Cada peso gastado debería estar auditado y plenamente justificado. Oaxaca requiere prioridades claras, no caprichos políticos.

La opacidad alimenta la sospecha: estas Guelaguetzas regionales son la precampaña encubierta de la secretaria. Con reflectores a su favor, gobiernos locales alineados y dinero sin contrapesos, Pineda convierte la tradición en plataforma electoral. No es cultura: es marketing político disfrazado de folklore, financiado con recursos públicos de todos los oaxaqueños.

La verdadera integración comunitaria no depende de espectáculos masivos, sino de políticas serias: educación bilingüe, preservación de lenguas, apoyo a radios comunitarias y proyectos culturales autogestivos. Eso sí fortalecería la identidad y honraría el espíritu original de la Guelaguetza. Lo demás es simulación, espectáculo y autopromoción con dinero ajeno.

Si no hay transparencia ni rendición de cuentas, las Guelaguetzas regionales quedarán como símbolo de opacidad y despilfarro. Oaxaca merece respeto a sus tradiciones y un compromiso real con sus comunidades. La cultura no necesita discursos huecos, sino planeación honesta y voluntad auténtica para servir a la gente, no a campañas.

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