
POLÍTICA EXPRÉS | * Guelaguetza 2025: derroche público, ganancias privadas y turistas ausentes
La Guelaguetza 2025 pasará a la historia no por su esplendor, sino por su escasa concurrencia y el más alto gasto público registrado. La Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles de Oaxaca confirmó que esta edición fue una de las menos visitadas en años recientes. Nadie asume responsabilidades.
El gobierno de Oaxaca destinó 162 millones de pesos a su organización. Presentó la cifra como inversión, pero sin auditorías independientes ni desgloses transparentes. Solo se recuperaron 57 millones por boletaje, pago de derechos diversos y venta de stands, lo que implica una pérdida superior a los 105 millones. Con recursos públicos, ese desastre financiero no tiene consecuencias.
Mientras tanto, la Secretaría de Honestidad y Transparencia guarda silencio. No audita, no investiga, no sanciona. La falta de vigilancia ha permitido la asignación de contratos millonarios a empresas vinculadas a funcionarios, muchas con historial como proveedoras fantasma o beneficiarias sexenales del presupuesto cultural.
Solo en sonorización, logística e infraestructura se gastaron 45 millones de pesos. Los conciertos y ferias consumieron otros 44 millones. Sin embargo, no existe evidencia pública de que esos gastos estén justificados ni hay explicación alguna sobre cómo se eligieron a los proveedores. Todo se decide en la opacidad.
La secretaria de Turismo, Saymi Pineda Velasco, cercana al gobernador Salomón Jara, presentó un informe que genera más dudas que certezas. Presume una ocupación hotelera del 82 %, pero hoteleros locales contradicen ese dato. Nadie conoce la metodología que utilizó la dependencia para proyectar cifras que suenan más a justificar el desastre.
Al mismo tiempo, expresiones culturales comunitarias y ferias artesanales recibieron montos significativamente menores. Lo importante no fue preservar la tradición ni apoyar a los pueblos originarios, sino montar espectáculos vistosos y justificar contratos abultados. La Guelaguetza fue usada como escaparate político, no como encuentro auténtico de culturas.
Se instalaron cinco esculturas de alebrijes adquiridas a sobreprecio, con un presupuesto de más de dos millones de pesos. Se organizaron nueve ferias alternas que costaron casi siete millones. Pero no hay forma de verificar si esas cifras corresponden a los servicios entregados. No hay evaluación de impacto. Solo gasto.
La derrama económica de 680 millones que presume el gobierno tampoco ha sido validada por la Asociación Mexicana de Hoteles y Mónteles de Oaxaca o actores independientes. Si bien la Guelaguetza genera movimiento, las cifras oficiales se han vuelto inverificables. El evento se convierte cada año en un pretexto para justificar contratos millonarios y favorecer a cercanos del poder.
Los oaxaqueños tienen derecho a conocer en qué y cómo se gasta su dinero. El uso del folclor como negocio privado es una traición a la tradición misma. La fiesta de los pueblos no puede seguir siendo utilizada como una plataforma de enriquecimiento para políticos y operadores encubiertos.
Si el gobierno quiere promover el turismo con honestidad, debe empezar por rendir cuentas. Mientras la Secretaría de Honestidad siga ausente, la Guelaguetza seguirá siendo un carnaval de cifras infladas, visitantes ausentes y recursos públicos que desaparecen en la bruma de la impunidad. Oaxaca merece algo mejor.

