POLÍTICA EXPRÉS | * El saqueo como forma de gobierno: el caso Salomón Jara

POLÍTICA EXPRÉS | * El saqueo como forma de gobierno: el caso Salomón Jara

En Oaxaca, la política dejó hace tiempo de ser un espacio para servir al pueblo. Hoy se ha convertido en un instrumento de lucro privado, de saqueo sistemático del erario y de despojo a los más vulnerables. La denuncia pública contra el gobernador Salomón Jara Cruz, hecha por el periodista Alejandro Leyva Aguilar, es un retrato brutal de esa perversión del servicio público.

En menos de tres años, con un sueldo oficial de 64 mil 840 pesos mensuales, el mandatario ha acumulado al menos ocho propiedades con un valor que supera los 50 millones de pesos. Las matemáticas son tan simples como escandalosas: ni sumando íntegro su salario durante este periodo alcanzaría a cubrir ni una décima parte de esas adquisiciones.

El caso más indignante se ubica en San Melchor Betaza, su comunidad natal, donde Jara ha levantado mansiones con acabados de lujo en medio de un pueblo que carece de agua potable, empleo y servicios básicos. El contraste es ofensivo: pisos de mármol para el gobernador, pisos de tierra para sus paisanos.

Más grave aún es la acusación de despojo a su propia hermana, a quien habría arrebatado una propiedad con maquinaria pesada y cuadrillas de trabajadores financiados por el propio aparato estatal. Es decir, no solo acumula riqueza inexplicable, sino que lo hace atropellando derechos familiares y comunitarios.

La ostentación de residencias en Oaxaca de Juárez, San Andrés Huayápam, San Agustín de las Juntas y hasta proyectos turísticos en Huatulco y Puerto Escondido muestran que Jara no es un improvisado en el arte de enriquecerse. Su modelo de gobierno es, y ha sido, servirse del poder, no servir con él.

El periodista Alejandro Leyva pone el dedo en la llaga: ¿dónde están los medios oaxaqueños que deberían preguntar lo que duele, exigir cuentas y confrontar al poder? La prensa local, con honrosas excepciones, ha preferido el silencio cómplice, refugiándose en preguntas triviales que evitan incomodar al régimen.

No es un secreto que la familia de Jara se ha multiplicado en cargos públicos: más de 70 parientes acomodados en diversas dependencias de la nómina estatal. El nepotismo es la otra cara del saqueo patrimonial. Así, el poder no se usa para combatir la pobreza ni la corrupción, sino para garantizar privilegios de clan.

El discurso de “austeridad republicana” se derrumba cuando la realidad muestra bardas de cantera verde, baños de 200 mil pesos y terrenos a pie de playa. La llamada “Primavera Oaxaqueña” se revela como un negocio familiar disfrazado de transformación política.

El caso de Jara no es una excepción en la historia reciente de Oaxaca, pero sí una muestra del acelerado deterioro ético de la clase gobernante. Gobernadores anteriores se enriquecieron al final de su sexenio; Jara lo ha hecho en apenas tres años. La prisa del saqueo habla de impunidad garantizada.

La denuncia pública exige acción inmediata. No se trata de chismes de café, sino de acusaciones respaldadas por testimonios, fotografías y estimaciones de costos que desnudan un enriquecimiento inexplicable. La Secretaría de la Función Pública y la Auditoría Superior de la Federación no pueden seguir mirando a otro lado.

Si la 4T prometió erradicar la corrupción, Oaxaca es hoy la prueba más dura de su fracaso. El gobernador, investido en el discurso de la honestidad, ha terminado encarnando lo peor del viejo régimen: el abuso del poder, el nepotismo descarado y la acumulación obscena de riqueza.

Mientras tanto, los oaxaqueños siguen atrapados en la miseria, la falta de infraestructura y los servicios colapsados. El contraste entre las mansiones del gobernador y las casas sin piso firme en Betaza no es solo una metáfora de la desigualdad: es la constatación del saqueo del clan Jara.

El silencio oficial es también una respuesta. Ante la denuncia, el gobierno calla y con ello confirma la sospecha de que no hay cómo explicar lo inexplicable. Cada día sin respuesta, sin investigación y sin sanción profundiza la percepción de impunidad y erosiona la confianza en las instituciones.

La riqueza súbita de Salomón Jara no solo pone en entredicho a su gobierno, sino al proyecto político que lo llevó al poder. Si Morena no marca distancia, la “transformación” quedará asociada a lo mismo de siempre: gobernantes que roban mientras predican la honestidad.

En Oaxaca, el poder ha sido secuestrado por quienes deberían protegerlo. Lo que estamos viendo no es un error aislado, sino un modelo de gobierno basado en el saqueo y el beneficio personal. La corrupción ya no es la excepción: se ha vuelto el método.

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