
POLÍTICA EXPRÉS | * El retroceso silencioso de la transparencia con Morena
En México, lo que era un trámite ciudadano básico —acceder a información pública— se ha convertido en una odisea institucional. Con la desaparición del INAI, Morena ha desmantelado uno de los pilares de la rendición de cuentas. En su lugar, colocó un ente opaco, dependiente y desarticulado.
“Transparencia para el Pueblo” es el nombre del nuevo organismo que debería garantizar nuestro derecho a saber. Pero el nombre es una burla: de los 2 mil 253 recursos de revisión que ha recibido, solo ha resuelto 457, y en el 99.6 % de los casos ha decidido no darle la razón al solicitante.
Antes, cuando el INAI funcionaba, obtener una respuesta del gobierno era más un trámite que una batalla. Hoy, con Morena en el poder, el acceso a la información ha sido reducido a una simulación. Se reciben solicitudes, pero se desechan masivamente sin justificación sustancial ni orientación al ciudadano.
La sociedad mexicana no pidió desaparecer el INAI. Fue una decisión del poder que, con el pretexto de “acabar con órganos costosos”, eliminó contrapesos y concentración de funciones, debilitando los instrumentos ciudadanos. Lo disfrazaron de austeridad, pero en realidad fue un paso hacia la opacidad institucionalizada.
La cifra de 99.6 % de recursos desechados es una señal de alarma. Más grave aún es la existencia de dos versiones oficiales: una que acepta el fracaso y otra que presume una eficiencia inédita. ¿A quién creerle cuando ni la transparencia es transparente? La credibilidad institucional está en ruinas.
Este nuevo modelo no es solo ineficiente; es antidemocrático. La rendición de cuentas requiere órganos autónomos, no dependencias subordinadas al Ejecutivo. “Transparencia para el Pueblo” está adscrita a una secretaría de gobierno. ¿Cómo confiar en que un subordinado fiscalice a su jefe? Es absurdo y peligroso.
Artículo 19 y otras organizaciones ya lo advirtieron: estamos retrocediendo décadas en derechos conquistados. Sin transparencia, se facilita la corrupción, se oculta la incompetencia, y se desactiva a la ciudadanía. La democracia no se sostiene con propaganda ni slogans, sino con acceso real a la verdad.
El mayor daño no es institucional, sino cultural. Estamos normalizando el silencio del gobierno, la opacidad de los datos, y la inexistencia de respuestas. Se cancela así la posibilidad de una sociedad informada, crítica y participativa. Sin verdad, no hay confianza. Y sin confianza, no hay democracia.
Morena prometió transformación, pero ha traído regresión. El desmantelamiento del INAI no solo afectó a periodistas o académicos: dañó al ciudadano común, al estudiante, al activista, al enfermo que exige saber cómo se gastan los recursos públicos. Nos han quitado un derecho disfrazándolo de simplificación burocrática.
México merece un sistema de transparencia autónomo, efectivo y confiable. No se puede construir un país justo con instituciones débiles que desprecian la verdad. La restauración de este derecho es urgente. De lo contrario, estaremos condenando al país a la oscuridad, justo cuando más necesitamos luz.

