
POLÍTICA EXPRÉS | El mal servicio en el IMSS y la muerte del periodista de la 4T que destapó la crisis nacional
La muerte del periodista Martín Arellano Solorio, integrante de la red informativa de la 4T, reavivó las críticas al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Tras sufrir un infarto, buscó ayuda médica inmediata; terminó en la Cruz Roja y después en urgencias del IMSS de Mazatlán, donde falleció “por falta de atención”.
Colegas y amigos de Arellano hicieron pública su indignación, denunciando que la tragedia refleja lo que millones de derechohabientes sufren a diario: negligencia, largas esperas, médicos insuficientes y carencia de medicamentos. El caso se viralizó en redes sociales, convirtiéndose en símbolo del deterioro del IMSS bajo los gobiernos morenistas y cuestionando directamente la gestión de sus directivos.
Pero el de Arellano Solorio no es un caso aislado. En Oaxaca, epicentro de protestas y quejas contra el IMSS-Bienestar, el Istmo de Tehuantepec vive paros recurrentes. Más de 160 clínicas suspendieron actividades por falta de medicamentos e insumos básicos. Médicos y enfermeras aseguran que los hospitales operan con equipos obsoletos y personal insuficiente, mientras los pacientes esperan semanas para consultas o cirugías.
En la Mixteca y Sierra Norte, los testimonios son igual de graves. Pacientes oncológicos interrumpen tratamientos por desabasto de fármacos; embarazadas deben trasladarse largas distancias para recibir atención especializada; cirugías programadas se retrasan meses. Habitantes denuncian que la reapertura de quirófanos no se acompaña de personal ni recursos suficientes para operar con normalidad.
La Costa oaxaqueña enfrenta otra crisis: clínicas en Puerto Escondido y Huatulco carecen de ambulancias y personal suficiente. Aunque el gobierno anunció rehabilitaciones, la saturación persiste y las denuncias de pacientes por traslados tardíos abundan en redes locales. Promesas de expansión del IMSS-Bienestar no se reflejan en la realidad cotidiana de los enfermos.
En la Ciudad de México, trabajadores del IMSS-Bienestar realizaron marchas, plantones y hasta huelgas de hambre para exigir pagos atrasados y mejores condiciones laborales. Afirman que la falta de recursos afecta directamente la atención en clínicas urbanas y rurales. El personal denuncia precariedad laboral, mientras la institución presume aperturas hospitalarias en discursos oficiales.
Chiapas y Guerrero ofrecen ejemplos de desorden estructural: hospitales con equipos adquiridos pero nunca instalados, construcciones inconclusas y paros laborales por incumplimientos. La Auditoría Superior de la Federación ha detectado irregularidades en obras y adquisiciones que comprometen la operación. Pacientes de comunidades rurales terminan viajando a otros estados en busca de atención.
El norte del país no está mejor. En Nuevo León y Coahuila, familias han denunciado falta de especialistas en cardiología, pediatría y nefrología. Casos de niños sin acceso a tratamiento y adultos mayores fallecidos esperando consulta se multiplican. Los testimonios, difundidos en redes, exhiben al IMSS como un aparato burocrático incapaz de responder.
La raíz del problema se repite: desabasto de medicamentos y fallas en la logística de distribución. Aunque el gobierno federal asegura haber hecho megacompras, la entrega en clínicas y hospitales sigue siendo intermitente. Reportes nacionales documentan rezagos en la “última milla” y una mala coordinación entre Birmex, IMSS y proveedores farmacéuticos.
La muerte de Martín Arellano expuso la fragilidad de un sistema que debería garantizar atención oportuna y de calidad. En lugar de confianza, el IMSS genera miedo y frustración entre derechohabientes. Sin cambios estructurales en abasto, personal y gestión, la institución seguirá acumulando tragedias que no se solucionan con propaganda oficial.

