
POLÍTICA EXPRÉS | * AMLO reaparece como salvavidas de Sheinbaum y evidencia la fractura en Morena
La súbita reaparición de Andrés Manuel López Obrador como salvavidas mediático de la presidenta Claudia Sheinbaum revela, más que respaldo, una fractura profunda en Morena. Su figura irrumpe cuando el gobierno enfrenta escándalos de corrupción, protestas sociales y una caída sostenida en las encuestas que amenaza la continuidad del proyecto guinda.
El retorno del líder moral de la 4T desde su refugio en Palenque confirma que Morena solo opera con él al mando. De otro modo, sería inexplicable que un expresidente supuestamente retirado se vea obligado a “rescatar” a su sucesora apenas un año después de dejar el poder, en plena tormenta política.
Su aparición promocionando el libro Grandeza es, al mismo tiempo, un gesto de apoyo y un recordatorio de autoridad. AMLO habla de amenazas a la democracia y la soberanía, pero realmente intenta inyectar nostalgia obradorista a una base fatigada. El mensaje subliminal es evidente: “Aquí sigo, no se equivoquen”.
Sheinbaum enfrenta un escenario enrarecido: encuestas en picada, protestas masivas por la inseguridad —agudizadas tras el asesinato del alcalde de Uruapan—, presiones con Estados Unidos por aviación y exportaciones, y una guerra interna en Morena donde los grupos se disputan el control real del gobierno. El respaldo suena más a advertencia que a abrazo.
La presidenta intenta proyectar calma, asegurando que vio a López Obrador “contento”, pero su gobierno vive bajo un eclipse político. El fundador de Morena aún define el clima, la narrativa y la cohesión del movimiento. Si las cosas van mal, él aparece; si van bien, ella debe agradecer la herencia. La transición no fue limpia.
El principal talón de Aquiles es la corrupción. Morena prometió ser antídoto, pero se convirtió en síntoma. Los casos del “huachicol fiscal”, los vínculos con el CJNG, el escándalo de Raúl Rocha y los excesos de funcionarios y el nepotismo descarado han saturado el primer año de Sheinbaum. La credibilidad se desgasta más rápido que las conferencias matutinas.
En este contexto, AMLO se presenta como unificadora sombra protectora. Para la base, su presencia es balsámica; para los críticos, distractora. Los datos lo contradicen: Morena ha caído del 51% al 45% en respaldo, mientras el apartidismo crece. La imagen del expresidente ya no seduce como antes; polariza y divide más.
Las redes sociales reaccionaron con dureza a su reaparición. Desde acusaciones de cinismo hasta reclamos por la corrupción incubada en su sexenio, la narrativa predominante no fue de bienvenida, sino de reproche. Muchos ven su regreso como estrategia desesperada para encubrir el fracaso moral y político de la 4T. No llegó como héroe, sino como síntoma.
La sombra de AMLO es cada vez más pesada para Sheinbaum, que intenta diferenciarse con un estilo menos confrontativo. Pero los problemas heredados, la inseguridad creciente y los escándalos de familiares, aliados y operadores de la vieja guardia guinda la obligan a cargar un lastre que no le pertenece, aunque la ciudadanía se lo adjudique.
No obstante, la reaparición de López Obrador no fortalece a Sheinbaum: la debilita, recordándole quién detenta realmente el poder simbólico. Su intervención expone una crisis severa en Morena y un liderazgo presidencial tambaleante. Más que salvavidas, parece ancla. Si la presidenta no rompe la dependencia, el proyecto que él fundó podría hundirse con ambos.

