Peligro y abandono en la supercarretera Oaxaca-Puerto Escondido; está en ruinas una obra de 13 mil mdp

Peligro y abandono en la supercarretera Oaxaca-Puerto Escondido; está en ruinas una obra de 13 mil mdp

La ilusión de los oaxaqueños por la supercarretera Oaxaca-Puerto Escondido se desvaneció rápidamente. Inaugurada inconclusa el 4 de febrero de 2024 por el presidente López Obrador, a un costo de 13 mil mdp, la vía presentó fallas estructurales apenas dos meses después. Hoy, el trayecto es un escenario de riesgos constantes que decepciona a miles de usuarios.

Desde su apertura, los problemas no han cesado en el tramo Barranca Larga-Ventanilla. El desgajamiento de taludes, provocado por la falta de recubrimientos de concreto, ha impedido el uso normal de la vía. Lo que prometía ser un motor de desarrollo se ha transformado en una trampa de lodo y piedras.

La falta de señalética adecuada es otro factor crítico que lacera la seguridad vial. Esta carencia ha provocado infinidad de accidentes, convirtiéndola actualmente en la vía de comunicación más riesgosa de toda la entidad. Los conductores transitan con el temor constante de encontrar obstáculos mortales sin ningún tipo de advertencia previa.

Largas filas de vehículos y tránsito a vuelta de rueda son el pan de cada día. Los conductores que transitan diariamente por esta ruta enfrentan un calvario logístico. La infraestructura se ha visto severamente afectada en diversos tramos por la combinación de lluvias intensas y la actividad sísmica de la región.

Investigaciones recientes sobre la autopista, administrada por CAPUFE, revelan un panorama desolador para el bolsillo ciudadano. El costo por viaje redondo asciende a 936 pesos, una tarifa que los usuarios consideran excesiva. Resulta indignante pagar tales sumas por una carretera que presenta condiciones físicas deplorables y falta de mantenimiento.

La desaparición del asfalto en al menos tres tramos obliga a maniobras sumamente peligrosas para los automovilistas. Existen reportes de derrumbes que no han sido retirados desde hace un año, bloqueando parcialmente la circulación. La ausencia de señalamientos de advertencia en estas zonas críticas agrava exponencialmente la posibilidad de siniestros.

Aunque fue inaugurada hace menos de dos años, la autopista muestra un deterioro prematuro y alarmante. Los reportes de daños en la carpeta asfáltica son recurrentes en redes sociales y medios de comunicación locales. La percepción general es de un abandono total por parte de las autoridades federales responsables del mantenimiento.

En febrero de 2026, la situación alcanzó un punto crítico con vehículos turísticos varados por baches profundos. Los pasajeros incluso han tenido que descender de los autobuses para que estos puedan avanzar sobre el terreno irregular. Esta humillante realidad contrasta con el discurso oficial de modernidad que acompañó a su inauguración.

La vulnerabilidad geológica de la zona ha quedado de manifiesto con los constantes deslizamientos de tierra. Un sismo reciente, ocurrido a inicios de febrero de 2026, agravó las fisuras existentes en la estructura vial. La falta de una intervención técnica profunda ha dejado la vía a merced de los elementos naturales.

Captura de video.

En el kilómetro 71, los deslizamientos han cerrado la circulación en ambos sentidos de manera repetida y prolongada. Por otro lado, entre los kilómetros 42 y 45, la malla de contención falló, permitiendo bloqueos por tierra. Estos incidentes demuestran que las protecciones instaladas originalmente fueron insuficientes o de mala calidad.

Los usuarios describen la ruta como «la supercarretera más cara del país» debido a su pésimo estado. En redes sociales, los testimonios de peligro cotidiano se multiplican, alertando a potenciales turistas sobre los riesgos. La normalización de los deslaves es una señal clara de la inacción gubernamental ante el problema estructural.

El peaje de 468 pesos por trayecto sencillo se aplica rigurosamente en las plazas de cobro existentes. Sin embargo, no se observa que este flujo de recursos se traduzca en mejoras reales a la superficie.
Los conductores exigen que los ingresos por peaje se utilicen urgentemente para garantizar su propia seguridad.

 

La falta de mantenimiento preventivo ha convertido a la vía en un cementerio de neumáticos y suspensiones. Además, las obras de rehabilitación intermitentes generan cuellos de botella que duplican el tiempo de traslado originalmente prometido. La eficiencia logística que se buscaba con este proyecto simplemente no existe en la actualidad.

Expertos geólogos señalan que la erosión en las zonas de fallas es una amenaza latente no atendida. Sin un recubrimiento de hormigón adecuado en las laderas, los derrumbes seguirán ocurriendo con cada temporada de lluvias. La estabilidad de la carretera Barranca Larga-Ventanilla pende de un hilo por negligencia técnica.

Ante este escenario, se recomienda a los viajeros extremar precauciones o utilizar rutas alternas como la federal. La supercarretera Oaxaca-Puerto Escondido sigue siendo una asignatura pendiente que demanda atención inmediata antes de que ocurra una tragedia mayor. La conectividad de la costa oaxaqueña no puede seguir bajo este riesgo.

CATEGORIES
Share This
error: Content is protected !!