Oaxaca y la enfermera víctima de burnout: el drama silenciado del personal sanitario en México

Oaxaca y la enfermera víctima de burnout: el drama silenciado del personal sanitario en México

En la colonia Jacarandas de San Martín Mexicápam, Oaxaca, el 4 de mayo fue hallada sin vida Areli Saraí Martínez Domínguez, enfermera de 34 años del IMSS, junto a su hija de ocho años. La Fiscalía abrió carpeta por presunto suicidio. Este caso desnuda la profunda crisis de salud mental que enfrentan los trabajadores sanitarios mexicanos.

Areli laboró durante años en el Instituto Mexicano del Seguro Social, soportando extenuantes jornadas especialmente durante la pandemia de Covid-19. Como muchos colegas, enfrentó sobrecarga laboral, falta de personal y presión constante sin apoyo psicológico adecuado. Su cuerpo y mente pagaron un precio devastador.

Médicos del propio IMSS le diagnosticaron ansiedad, depresión, distimia y síndrome de burnout. Areli solicitó ayuda institucional para recibir tratamiento y seguimiento, pero las respuestas fueron insuficientes o inexistentes. Las instituciones públicas brillan por su ausencia cuando sus propios trabajadores colapsan.

El 17 de marzo fue despedida. La rescisión se confirmó el 30 de abril, pocos días antes de la tragedia. Este acto agravó su condición. Lejos de protegerla, la institución la abandonó a su suerte, ignorando sus antecedentes clínicos documentados.

La familia rechaza que el caso se reduzca únicamente a problemas de salud mental individuales. Exigen investigar las condiciones laborales, el exceso de trabajo y las fallas institucionales que rodearon los últimos meses de Areli. No aceptan que se cierre el expediente sin responsabilidades.

Autoridades de Salud en México otorgan escasa importancia y nulo seguimiento a los casos de burnout entre su personal. Las opciones de tratamiento con apoyo público son prácticamente inexistentes. Los trabajadores sanitarios quedan solos ante un sistema que los utiliza hasta el límite y luego los desecha.

El secretario general de la Sección XXVIII del SNTSS, Luis Enrique Cabrera Ramírez, generó indignación al declarar: “Si yo los mando a todos, todos me van a salir con ansiedad y depresión”. Sus palabras minimizaron el sufrimiento real de miles de trabajadores.

Esta declaración refleja la incomprensión y falta de empatía de algunos líderes sindicales y jefes inmediatos hacia el personal sanitario. En lugar de defenderlos, invisibilizan su dolor, culpabilizándolos o sugiriendo que sus padecimientos son preexistentes y ajenos al trabajo.

El caso de Areli ha conmocionado a la comunidad médica y de enfermería en Oaxaca. Profesionales han anunciado movilizaciones para exigir investigación exhaustiva y mejores protocolos de atención en salud mental. No quieren más tragedias silenciadas por la indiferencia institucional.

El estrés crónico, las jornadas excesivas y la falta de reconocimiento convierten a los hospitales públicos en fábricas de burnout. Enfermeras y médicos cargan con la vida de los pacientes mientras sus propias vidas se desmoronan sin que nadie responda por ello.

La familia de Areli exige protocolos reales de prevención, revisión sindical efectiva y manejo ético del caso. Demandan que las instituciones asuman su responsabilidad en la protección de la salud mental de quienes sostienen el sistema de salud mexicano.

Este doloroso episodio ocurrido en Oaxaca de Juárez debe servir para prevenir futuras tragedias. Las autoridades tienen la obligación moral y legal de profundizar la investigación, reconocer el sacrificio del personal sanitario y crear mecanismos reales de apoyo. Nadie más debe morir en estas condiciones.

Foto: Imagen ilustrativa.

 

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