
Oaxaca profundiza su rezago educativo mientras el gobierno de Salomón Jara presume avances que no existen
A pesar del optimismo que presume el gobierno de Salomón Jara sobre avances educativos, Oaxaca mantiene un rezago estructural que no solo no se ha revertido, sino que se profundizó tras la pandemia. Mientras el discurso oficial habla de recuperación y cobertura histórica, los indicadores muestran retrocesos inéditos en primaria, secundaria y conocimientos básicos.
El rezago educativo en primaria alcanza 27% de la población, cifra incompatible con la narrativa gubernamental de “transformación educativa”. La deserción en secundaria, estimada entre 10 y 15%, evidencia un abandono que no se explica solo por la pandemia, sino por fallas estructurales no atendidas por la administración estatal.
Los paros magisteriales han tenido un impacto devastador: en mayo de 2025, el 95% de las escuelas permaneció cerrado. Más de 1.2 millones de estudiantes quedaron sin clases, anulando cualquier avance en matrícula y provocando un retroceso que el gobierno se niega a reconocer, mientras exalta contrataciones docentes aisladas.
El Índice de Progreso Social 2025 revela que México cayó 7.7% en acceso a conocimientos básicos en la última década, pero Oaxaca muestra un declive aún mayor, cercano al 8-10%. El estado pasó de alrededor de 50 puntos en 2015 a menos de 46 en 2024, señal clara de deterioro sostenido.
Este desplome se relaciona con la falta de conectividad en comunidades indígenas, donde el 80% de la población enfrenta rezago total. A pesar del discurso oficial, el acceso a tecnología sigue siendo un privilegio urbano. En zonas rurales, estudiantes no pueden siquiera participar de estrategias digitales que el gobierno presume como universales.
La falta de inversión pública agrava el panorama. México asigna apenas 2.9% del PIB a educación, muy por debajo del 4.9% regional. En Oaxaca, la corrupción en programas como “La Escuela es Nuestra”, con irregularidades superiores a 3 mil millones, profundizó el deterioro que la administración insiste en ocultar.
En secundaria, la cobertura de 91.2% contrasta con un rezago total de 29.1%, 1.5 veces mayor al promedio nacional. Aunque Jara presume mejoras en matrícula y titulación docente, los datos muestran que la deserción aumentó entre 3 y 5% en la última década, con picos tras la pandemia y los paros.
La evolución entre 2015 y 2025 muestra una tendencia preocupante: leve mejora antes de la pandemia, colapso entre 2020 y 2022, y recuperación parcial desde 2023, insuficiente para revertir once puntos de rezago acumulado. La administración estatal capitaliza mínimas recuperaciones sin reconocer la magnitud de la crisis educativa.
Expertos de México ¿Cómo Vamos? advierten que, al ritmo actual, tomará hasta 150 años superar los rezagos educativos y de salud del sur del país. Mientras tanto, el gobierno de Jara insiste en discursos triunfalistas que no corresponden con los datos, ignorando que cinco de cada diez jóvenes oaxaqueños no concluyen secundaria.
Sin la localización de desertores, el aumento de inversión, la reactivación de evaluaciones como PLANEA y una estrategia de conectividad real, Oaxaca difícilmente abandonará el penúltimo lugar nacional en progreso social. La brecha entre discurso y realidad es creciente, y la educación básica sigue siendo uno de los mayores fracasos del actual gobierno.

