
Oaxaca de Juárez, entre las ciudades patrimonio más afectadas por la gentrificación impulsada por el turismo
Oaxaca de Juárez, una de las diez Ciudades Patrimonio de México, vive actualmente un proceso de gentrificación. Este fenómeno, impulsado incluso por sus propios habitantes, ha generado el desplazamiento de pobladores originales ante la llegada de personas con mayor poder adquisitivo, elevando costos de vivienda y servicios básicos.
Aunque la gentrificación suele asociarse a grandes urbes como la Ciudad de México, estudios recientes demuestran que se presenta también en ciudades medianas e incluso pequeñas. Oaxaca comparte esta transformación urbana con urbes como Mérida, Guanajuato, Morelia, y Puebla, según la investigación de la especialista Jocelyn Liévanos Díaz.
En un análisis publicado en enero de 2025, Liévanos Díaz documenta aprocesos de gentrificación en al menos 17 ciudades mexicanas. Su investigación revela que este fenómeno no responde a una sola lógica nacional, sino que varía de acuerdo con las características culturales, históricas y urbanas de cada entidad.

Oaxaca destaca por su atractivo turístico, cultural y gastronómico, factores que han acelerado la gentrificación. Al igual que San Miguel de Allende o Guanajuato capital, el auge del turismo y la inversión inmobiliaria han elevado los precios y reducido el acceso de los oaxaqueños a espacios que antes eran de uso cotidiano.
Según ONU-Hábitat, la gentrificación ocurre cuando un proceso de renovación urbana expulsa a los residentes originales. En Oaxaca, esta transformación se ve reforzada por la turistificación del centro histórico y el crecimiento de plataformas como Airbnb, replicando patrones ya observados en barrios de la Ciudad de México como Roma y Condesa.
El investigador Luis Salinas Arreortua señala que la gentrificación no es exclusiva de las grandes urbes. También afecta a Pueblos Mágicos y comunidades rurales. En Oaxaca, se han documentado casos similares en destinos de playa como Huatulco, aunque estos aún no han sido ampliamente estudiados.

Ciudades patrimonio como Morelia, Querétaro, Puebla y Zacatecas también han sufrido los efectos de este fenómeno. De las diez Ciudades Patrimonio de México, solo Tlacotalpan y Campeche parecen mantenerse al margen. En todas las demás, el turismo, la inversión extranjera y la especulación inmobiliaria han sido detonantes claves.
Liévanos Díaz advierte que la pandemia aceleró estos procesos. El arribo de nómadas digitales, el crecimiento de las rentas temporales y la promoción de México como destino internacional de bajo costo han intensificado la gentrificación. Oaxaca se convirtió en uno de los epicentros de este fenómeno debido a su riqueza cultural.
Desde colectivos ciudadanos, como el Frente Anti Gentrificación, se ha denunciado que las políticas públicas incentivan este desplazamiento. En la Ciudad de México, por ejemplo, la promoción de eventos internacionales como el Mundial 2026 genera preocupación por la inversión masiva en infraestructura sin garantizar vivienda asequible para los locales.

Para Salinas Arreortua, cada ciudad necesita un marco regulatorio propio. Lo que ocurre en Oaxaca no es igual a lo que pasa en Monterrey o Mérida. La respuesta legal y política debe adaptarse a las condiciones locales, para evitar que el patrimonio cultural y social sea desplazado por intereses económicos externos.

