
México olvidó por unas horas sus problemas y con una marea verde celebró el triunfo del Tri
Más de un millón de personas se concentraron en al menos cinco puntos de la Ciudad de México para celebrar el triunfo de la Selección Mexicana en el Azteca ante Ecuador, en tanto que otros decenas de miles más lo hicieron en Guadalajara, Puebla y Monterrey, reportaron autoridades.
La fiesta futbolística inundó el Ángel de la Independencia, Paseo de la Reforma, el Zócalo, el Monumento a la Revolución y otros sitios emblemáticos. Familias enteras, jóvenes y adultos olvidaron por unas horas los desafíos cotidianos como la inseguridad, la economía y la polarización política para unirse en un solo grito: ¡México!
El triunfo 2-0 con goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez no solo clasificó al Tri a octavos, sino que unió a un país frecuentemente dividido. En medio de la euforia, los problemas estructurales parecieron disiparse ante la marea verde que llenó avenidas y plazas bajo la lluvia.
En Guadalajara, miles se volcaron a La Minerva; en Monterrey, la Macroplaza vibró con cánticos; y en Puebla, el Zócalo se convirtió en epicentro de alegría. Las celebraciones, aunque con algunos incidentes menores, reflejaron el poder del fútbol como válvula de escape social.
Con excepción del Ángel, donde se presentó un incidente por aglomeración que dejó tres víctimas, las autoridades de la CDMX destacaron el saldo blanco en la mayoría de los puntos y el operativo de seguridad que permitió una fiesta ordenada. El evento recordó cómo el deporte nacional trasciende diferencias y genera momentos de cohesión en tiempos difíciles.
Esta celebración masiva, una de las más grandes en la historia reciente del Mundial en México, evidencia el rol catártico del balompié. Mientras el país enfrenta retos complejos, el triunfo del Tri ofrece un respiro colectivo y renueva la esperanza de millones.
La pasión tricolor demostró una vez más su fuerza unificadora. Más allá del resultado deportivo, la noche del 30 de junio dejó clara una lección: en México, el fútbol no solo entretiene, sino que temporalmente sana y olvida las heridas diarias de la realidad.

