
Jaime Labastida termina con buenos números pero sin casa
En el corte de caja del poeta al frente de la AML aparecen un presupuesto récord y dos grandes pendientes: la construcción de su nueva sede y la recuperación de su edificio en Donceles 66
CIUDAD DE MÉXICO.- Una Academia Mexicana de la Lengua (AML) con una imagen renovada, una situación financiera sana, receptora en 2018 del presupuesto más alto de su historia (50 millones de pesos), con una presencia de 80 por ciento de sus académicos en los plenos y un mayor acervo editorial, documental y artístico; sí, pero todavía sin poder arrancar la construcción de su sede definitiva en Coyoacán, ni recuperar el edificio en el número 66 de Donceles, Centro Histórico, por el que tienen un proceso legal abierto.
Así entrega Jaime Labastida esta asociación fundada en 1875, tras ocho años de dirigirla, afirma en entrevista con Excélsior, por lo que la considera “consolidada” y con todas las bases para emprender “un gran crecimiento”, así como un eficaz acercamiento con los mexicanos del siglo XXI.
El poeta y filósofo, quien terminará en este mes su segundo y último periodo como timonel de este organismo apoyado por la Secretaría de Educación Pública (SEP), comenta que tiene ahora “una buena presencia en la sociedad mexicana, es visible ante los medios de comunicación y el público en general, pero parecemos judíos errantes en cuanto a ceremonias de ingreso y conferencias públicas, además de que nuestro acervo permanece embodegado”.
Considera que la AML ha cambiado su imagen. “Cuando entré se nos veía como un grupo de ancianos dedicados a analizar algunos términos, algunas palabras, que quedaban incorporadas a los diccionarios y que redactábamos papeletas para entregarlas a la Real Academia Española (RAE).
«Hoy en día se cumple una función de servicio a la sociedad, que se debe elevar. Se tiene que incrementar su presencia en las redes sociales. La limitante siempre ha sido de carácter económico, pero la mayoría de los académicos ha asumido como suyo este papel: su presencia en los plenos hace 10 o 15 años era de la mitad, ahora acude 80 por ciento de los 36 miembros de número”, agrega.
El también editor detalla que, en los últimos ocho años, se han hecho publicaciones “como nunca antes” y se ha adquirido obra plástica de grandes pintores mexicanos. “Hemos logrado incluir decenas de mexicanismos en los diccionarios de la RAE, hemos hecho un diccionario de mexicanismos, otro escolar. Eso me satisface”.
Detalla que estos avances fueron posibles sobre todo a partir de 2012, un año después de que él asumió la dirección, pues la Academia finalmente logró que México firmara el Convenio Multilateral de Bogotá, después de 52 años de haber sido aprobado.
«Fueron meses de trabajar con los senadores y hubo una magnífica disposición. La Academia vivió durante años de las aportaciones de los propios académicos. A partir de 1951, gracias al entonces presidente Miguel Alemán, recibió un fideicomiso de cinco millones de pesos (unos 600 mdp actuales). Y vivió durante muchos años de los réditos. Pero, sin reinvertir, eso se hizo polvo.
«Cuando asumí la función de tesorero, pude obtener recursos exiguos y negociables del presupuesto federal, pero esto cambió radicalmente al incorporarnos al Convenio, pues, al ser internacional, tenía el mismo rango que la Constitución. Ahí se establece que la AML debe recibir una sede y un presupuesto adecuados. Esto se empezó a cumplir”, explica.
El también director del sello Siglo XXI señala que “disponemos ahora de un monto regular de recursos. Existe la amenaza de que este año este recurso se reduzca. No sé en cuánto, no conozco los términos, pero ya le corresponderá al nuevo director tratar estos asuntos”.
En proceso
Labastida deja dos pendientes, a pesar del trabajo que se invirtió en su solución: la recuperación de la casona colonial ubicada en Donceles 66, Centro Histórico, su sede de 1957 a 2002; y la construcción de sus instalaciones definitivas en el predio que les donó el gobierno federal en Francisco Sosa 440, Coyoacán.
En cuanto al primer caso, informa que continúa su curso la Controversia de Arrendamiento Inmobiliario que la AML emprendió hace cinco años y medio (el 22 de agosto de 2013) en contra de las empresas editoras Jus y Fincen, que dejaron de pagar la renta de este edificio adquirido por la Academia el 7 de agosto de 1956. El litigio, con Expediente 732/2013, se dirime en el Juzgado 40 Civil del Distrito Federal.
“La editorial Jus se ha comportado de una manera siniestra con nosotros. Hace más de cinco años que no paga un solo peso de renta y no devuelve el predio. Hemos ganado todos los juicios, pero ellos han metido 30 amparos. En estos días se pronunciará en la segunda instancia y posiblemente la definitiva”.
Y respecto a la edificación de la casa definitiva en Coyoacán, no se ha podido colocar la primera piedra porque, después de cinco años y medio de realizar una veintena de trámites para obtener la Manifestación de Construcción, el INAH descubrió hace dos años un tecpan o palacio de gobernanza prehispánico, el primero hallado en territorio tepaneca.
Los trabajos de exploración, que le han costado a la asociación un millón 200 mil pesos, continúan en el predio de 11 mil metros cuadrados donado por el entonces Conaculta el 23 de octubre de 2012, tras adquirirlo en 100 millones de pesos, cuyo propietario original fue Miguel Ángel de Quevedo (1862-1946).
«El INAH sigue trabajando. Son magníficos los vestigios prehispánicos que han descubierto. Ahora el acuerdo es abrir dos ventanas arqueológicas, porque hay dos etapas de los vestigios, y vamos a crear un museo de sitio. Me parece muy bien que en los cimientos de la nueva sede de la AML esté aquello que son nuestras raíces”, asegura.
Confiesa que le hubiera gustado colocar la primera piedra. “Tal vez en febrero lo pueda hacer simbólicamente si nos otorgan la Manifestación de Construcción. Espero que 2019 sea un año definitorio para ambos pendientes”.
Adelanta que este año se publicarán tres títulos de la colección mexicana de Clásicos de la Lengua Española: el original de Santa, de Federico Gamboa; el Romancero americano y Primero sueño y otros textos de Sor Juana, estudio hecho por Labastida. En su primera sesión de febrero, la Academia Mexicana de la Lengua elegirá a su nuevo director.
Por ahora, la AML tiene sus oficinas y bodegas en el número 10 de la calle Iztaccíhuatl, colonia Del Valle, aunque el lugar no se usa para sesionar ni para impartir conferencias.
Esta nota originalmente se publicó en Excélsior

