
Istmo de #Oaxaca bajo zozobra: 44 asesinatos en 2026 con ejecuciones en cualquier lugar y hora
La región del Istmo de Tehuantepec vive bajo un manto de terror. En lo que va de 2026 se han registrado 44 asesinatos, según reportes verificados en medios locales y redes sociales. Juchitán de Zaragoza se erige como la zona más violenta, concentrando la mayoría de las ejecuciones. Jóvenes menores de 30 años son las principales víctimas, cayendo en plena calle, a plena luz del día, sin importar el lugar ni la hora.
Enero cerró con 16 homicidios por arma de fuego en diversos municipios. Febrero escaló a 20 asesinatos en Salina Cruz, San Blas Atempa, Juchitán, Tehuantepec y otras comunidades como Zanatepec y Matías Romero. La violencia no dio tregua pese a operativos permanentes de seguridad. Marzo ya suma 8 ejecuciones: siete en Juchitán y una en Salina Cruz, según cuentas actualizadas al 17 de marzo.

A pesar del reforzamiento policial y militar, las balaceras ocurren en avenidas principales, cruceros, colonias y hasta frente a instalaciones públicas como la CFE. Ejecuciones recientes incluyen una joven de 19 años que vendía aguas frescas y mototaxistas atacados en la Cuarta y Novena Sección. Los criminales actúan con impunidad total.
Habitantes de Juchitán y el Istmo viven en zozobra constante. Nadie sale sin miedo: madres evitan enviar hijos a la escuela, comerciantes cierran temprano y familias rezan cada vez que alguien tarda en llegar. Las ejecuciones en cualquier sitio rompen la cotidianidad y generan pánico colectivo en una región que alguna vez fue pacífica y colorida.

Redes sociales y medios digitales difunden la cifra exacta de 44 asesinatos con gráficos impactantes. Reportes en páginas de Facebook confirman que la mayoría de víctimas son jóvenes sin nexos aparentes con el crimen, pero caen por cobro de piso o ajustes de cuentas. La población exige detenciones urgentes.
Las fuerzas de seguridad montan operativos diarios, pero los homicidios persisten. En menos de 12 horas se han registrado múltiples ejecuciones en Juchitán, como la de “Mundín” frente a su casa o un mototaxista en plena avenida. La estrategia oficial parece ineficaz ante el avance del crimen organizado.

Familias enteras viven con el corazón en la mano. Padres de jóvenes de 20 años temen que sus hijos sean los próximos. Las calles de Juchitán, antes llenas de vida, ahora se vacían al atardecer. El miedo paraliza la economía local y deja escuelas y mercados semidesiertos por la inseguridad rampante.
Autoridades estatales guardan silencio ante la escalada. Mientras tanto, los oaxaqueños del Istmo exigen en redes y protestas que se declare emergencia. Los 44 asesinatos en apenas dos meses y medio exponen el fracaso de la seguridad y la vulnerabilidad de una población que ya no tolera más sangre inocente.

Juchitán encabeza la lista negra con siete de los ocho casos de marzo. Salina Cruz y otras comunidades también pagan la cuota de sangre. Ejecutados a balazos en sitios públicos, sin importar si es de mañana o tarde. La zozobra se ha vuelto parte del día a día, transformando la región en un territorio de incertidumbre permanente.

