
Encabeza Oaxaca entidades con mayor contaminación plástica en ríos y playas
El estado de Oaxaca encabeza la lista de estados del país con mayores volúmenes de basura plástica en arroyos, ríos y sus playas. Y mientras ésta representanta un grave problema de contaminación para la biodiversidad, también es un negocio que sostiene a la economía informal de la entidad.
A pesar de que los centros de acopio son responsables de la mayoría de la recuperación de materiales, prácticamente todos ellos funcionan al margen de la regulación.
Se calcula que sólo el 2% de los más de 2 mil 200 que hay en el país están completamente controlados. El resto se sostiene de la economía informal. Son basureros como el vertedero municipal de Pedro Mixtepec, en la Costa de Oaxaca, al que cada día acuden decena de jornaleros para ganarse la vida.
En ese relleno sanitario a cielo abierto, a poco más de 10 kilómetros de las playas más turísticas donde la Comunidad Nit y Femsa desarrollan su proyecto de reciclaje, familias de pepenadores tratan de rescatar materiales que todavía cuentan con una segunda vida.
Lo que más recogemos es PET y plástico duro que sacamos de electrodomésticos, lavadoras y hornos, relata Pablo López mientras camina entre la basura apoyado en un bastón.
Originario de los Nanches, localidad del municipio donde se expande el vertedero, este oaxaqueño de 64 años lleva más de dos tercios de su vida dedicados al reciclaje, un negocio que a escala mundial genera miles de millones de dólares anuales.
No obstante, los altos beneficios que alcanza el negocio del plástico en el mercado generalmente no impactan en los actores que constituyen las cadenas de suministro del material recuperable a nivel local.
A trabajadores como Santos, recoger plástico para venderlo les sale cada vez menos rentable. El problema es que bajó mucho su precio. Si el kilo estaba antes en siete pesos, ahora nos los compran en dos pesos.
Lo vendemos muy barato”, secunda Juana López, que a sus 61 años lleva dos décadas recogiendo basura. “Llegamos a las siete de la mañana y salimos a las cinco. Con mucho sol o lluvia y entre la peste, aquí estamos siempre. Pero no nos da para vivir. Entre mi esposo y yo podemos juntar al mes unos 3 mil pesos”, relata la mujer.
La demanda de materiales de empaque y el incremento del comercio electrónico hicieron que el mercado de PET se disparara durante la pandemia.
Pero los beneficios cada vez mayores de la industria no se reflejan en los bolsillos de los recolectores de basura, un oficio cada vez más precarizado en la costa oaxaqueña y que expone su salud a peligros. Los trabajadores respiran aire contaminado y se exponen a pincharse o cortarse con agujas y otros instrumentos punzantes.
Las cifras que arroja el reporte anual de Petstar, la infraestructura de reciclaje de PET más grande del mundo, que tiene a Coca-Cola entre sus accionistas, señalan que en 2022 acopiaron casi 101 mil toneladas en México, pero sólo produjeron 53 mil toneladas de plástico reciclado.
Esto significa que hay una pérdida de material de casi el 50%, lo que obliga a que se siga extrayendo petróleo para poder generar material que atienda a la demanda, se lamenta Leopold.
Según la ONU, la mayoría de los envases no están diseñados para ser reutilizados. Y se acaban convirtiendo en residuos que, al perder valor para quienes se encargan de recolectarlos, terminan quemados a cielo abierto o vertidos directamente en ríos, cañadas y otros ecosistemas naturales como el mar.
Mientras Coca-Cola ha anunciado la creación de empaques 100% reciclables para 2030, el consenso internacional apunta directamente a la eliminación directa de los plásticos innecesarios. Y las organizaciones ambientales defienden frenar la producción de ese material y la creación de alternativas de embalaje, empaquetado y embotellado reutilizables para combatir la contaminación plástica.
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