En Xoxo y Atzompa, los oaxaqueños reciben a sus muertos con comida y música

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La celebración del Día de Muertos hunde sus raíces en las culturas prehispánicas y hoy día es la fiesta más importante para los pueblos indígenas

De acuerdo con la tradición, los oaxaqueños de las ocho regiones se aprestan a recibir hoy lunes 1 de noviembre a sus muertos, a los seres queridos que se adelantaron en el viaje sin retorno. Y lo harán con altares en donde ya se dispuso de la mejor comida, música, flores, mezcal e incienso.

Anoche, hasta que en el horizonte despuntaron los primeros rayos del sol, hombres y mujeres de Santa María Atzompa y Santa Cruz Xoxocotlán velaron en el panteón a sus muertos. En las tumbas, les encendieron velas y veladoras y para soportar el frío que calaba hasta en los huesos “brindaron” con ellos. Tomaron mezcal y cerveza; escucharon música ya sea de un trío o mariachi o música grabada; otros, se arroparon en el silencio y oraron.

La celebración del Día de Muertos hunde sus raíces en las culturas prehispánicas de Oaxaca y es la festividad más importante para la gran mayoría de los pueblos indígenas de la entidad. Se trata de los días más especiales, en los que las ánimas pueden regresar del más allá a convivir con sus familiares, y a disfrutar de los placeres de la comida y la bebida.

Las flores amarillas y rojas del cempasúchil nos recuerdan también la exuberancia de la vida y el tiempo breve de la belleza. El aroma de las flores mezclado con el incienso y el copal, el penetrante olor del mezcal que se toma para soportar el frio de los muertos que pega fuerte en los panteones, llenan los pulmones para recordarnos que en el tránsito al más allá puede ocurrir en cualquier momento. Aromas efímeros como la vida.

NOS QUISIMOS MUCHO: DOÑA MARY

Doña María Isabel Antonio es una anciana que vive en el centro de Atzompa, y a sus 76 años, dice que cada año viene a ver la tumba de su esposo, quien murió muy joven. “Nos queríamos mucho. Nada más tuvimos cinco hijos, pero tres se nos murieron y dos se fueron para Estados Unidos. Antes venían cada año a los Muertos y veníamos al panteón a dejar flores a mi marido Sebastián. Pero ya tiene varios años que no vienen. Cuando vengan ya me van a encontrar aquí, con mi marido”.

María Isabel, de cuerpo menudo y encorvado se cubre del frio con un suéter entrado en años y un rebozo negro de seda gastado por el tiempo. Lleva un ramo de flores de cempaxúchitl amarillas y unas veladoras de vaso.

“Le traigo su mezcal a mi marido. Fue muy bueno conmigo, nunca me pegó, y era muy trabajador. Cuando se murió creí que me iba a morir pronto. Pero Dios no me quiso recoger pronto, todavía conocí a mis nietos que se parecen mucho a su abuelo”, platica la anciana mientras va colocando las flores y encendiendo las veladoras. Sus ojos pequeños brillan con el reflejo de la luz amarilla.

La mujer limpia la tumba, pone agua en una lata donde coloca las flores y luego se sienta con la mirada perdida en los recuerdos, “a mí ya mero me toca descansar. Nada más voy a venir cada Día de muertos a ver a mis hijos y mis nietos. Ojalá no se olviden de mí y me traigan aunque sea una veladora”.

TRADICIÓN ANCESTRAL

En Atzompa, las familias empiezan a llegar a los panteones a las seis de la tarde, muchos llegan con bandas de música, comida, mezcal, bebidas y cervezas. No pueden faltar los tamales, el chocolate, la calabaza en dulce, y se afanan en limpiar y arreglar las tumbas donde se encuentran los restos de sus familiares.

En tanto, en Xoxo, cuentan los que saben que la tradición se inició hace muchos años cuando las personas acudían en punto de las 11 de la noche, al cementerio, a rezar y a esperar que sus difuntos regresaran del más allá a las 3 de la mañana, acompañaban a sus almas hasta su casas, donde ya los esperaban los altares, colocados en un lugar especial del hogar y llenos de las cosas que el difunto disfrutaba en vida.

Además, el 31 de octubre se celebra el Rosario de Aurora a las 3 de la mañana en honor a la Virgen del Rosario, y a las 11 de la noche, de la Iglesia de Santa Elena de la Cruz, sale una procesión con la imagen de San Sebastián y recorre las calles hasta llegar al Panteón Antiguo donde se encuentra la primer capilla que se erigió en la población y data del Siglo XVII.

Ahí, los rezadores acompañaban con sus cantos y a la luz de las veladoras a los pobladores que acuden a visitar a sus difuntos en esta fecha, así como los cientos de visitantes que se dan cita en este lugar.

LA FIESTA, UNA ROMERÍA

Abuelos, padres, madres, tíos, hijos, hermanos, nietos, rinden pleitesía a los muertos, esperanzados en un más allá en el que se volverán a encontrar.

Aquí las ánimas regresan a disfrutar de la comida y la bebida cada año, y desde hace cientos de años, los xoxeños repiten el ritual, como sus antepasados zapotecas, que creían que las almas de los muertos regresaban y podían interceder por ellos ante los dioses del inframundo.

En las ofrendas sobre las tumbas está el dulce de calabaza, los tamales, el mole, el pan, la cerveza y el mezcal, incluso paquetes de cigarros y en las tumbas de los niños, los “angelitos” hay dulces, pastel y hasta juguetes. Muchos rezan y lloran por sus muertos recientes. Otros más cantan.

La fiesta se convierte en romería y llena de colorido el panteón. La velada dura toda la noche, o hasta que el cuerpo aguante.

Los altares se instalan desde el 30 de octubre para que al día siguiente, en punto de las 3 de la tarde y al repique de las campanas de la Iglesia, reciban a los Angelitos, con un caminito de pétalos de cempasúchil de la puerta de la casa al altar, en donde humea el copal en un pequeño brasero.

El copal, según la tradición, sirve para purificar el alma de los fieles difuntos que nos visitan y en los altares nada debe de tocarse de la ofrenda hasta que se hayan marchado, ya que si no es así, pueden enojarse.

El día primero se despide a los angelitos y, nuevamente a las 3 de la tarde, replican las campanas de la iglesia anunciando la llegada de los difuntos mayores, se alborotan los braseros con el humo del copal y es hasta el día siguiente que, a la misma hora y en las casas particulares, se despiden por última vez en el año con el incienso.

Por la tarde del día 2 de noviembre, los xoxeños empiezan a repartir las ofrendas de muerto que tenían en sus hogares. Canastas llenas de pan, chocolate, fruta y calabaza en conserva se llevan a la casa de las personas con las que se tiene compadrazgo por haber aceptado el compromiso de algún sacramento de la iglesia católica como el bautismo o la confirmación.

LLEGARON LOS ANGELITOS

De acuerdo a la tradición, este 31 de octubre al mediodía, llegaron las almas de las personas que murieron siendo niños, por lo cual se prepara una ofrenda especial para recibirlos.

En los altares colocados en viviendas y sitios públicos, aparte de las flores, pan, chocolate y mole, se colocan dulces para que los angelitos las disfruten en esta convivencia entre vivos y muertos.

Además, también en los panteones a las tumbas se llevan estos productos, así como algunos juguetes, para recordar a los seres queridos que se adelantaron enel viaje sin retorno.

Desde este lunes, los panteones de la ciudad recibieron la visita de personas que acudieron a visitar a sus angelitos, llevaron comida, dulces y juguetes, incluso, algunas personas, llevaron aparatos de sonido con melodías infantiles.

En las viviendas se coloca en los altares también estos productos, con la finalidad de recordar a estas personas, que en la tradición, durante estos días conviven con quienes siguen en este mundo.

Y es que en las tradiciones oaxaqueñas, el 31 de octubre se festeja el día de los Angelitos, de las personas que perdieron la vida siendo niños, en tanto que el uno y dos de noviembre, Todos los Santos y los Fieles Difuntos, por lo que se recibe con un altar para que las almas puedan estar presentes en este mundo con los seres que han dejado en la tierra y que pronto podrán reunirse nuevamente en el más allá.

Por ello, se preparan ofrendas especiales, las cuales deben tener sus manteles de colores blanco, morado, anaranjado y negro alusivos a esta temporada y la cultura.

Además, deben tener tres niveles porque se cree representan al Padre, Hijo y Espíritu Santo o el contacto del Cielo hacia la Tierra, un arco que significa el umbral entre la vida y la muerte, las frutas son porque se avisó desde la creación el Jardín del Edén donde había todo lo que el ser humano necesitaba para la subsistencia, por lo cual deben ser naturales.

En cuanto a las flores, son de temporada que es la flor de Cempasúchil o Flor de Muerto, cuyo aroma se cree que atraen a las ánimas a participar en este festejo, el color amarillo de las flores al ponerlas en el lumbar del Arco de la Vida y la Muerte se creía impiden el paso de las riquezas, vanidades, los pecados capitales para entrar a un mundo desconocido.

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Con información de Salvador Flores Durán / Iván Castellanos

 

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