Desapariciones en Oaxaca crecen 91.6% en últimos años; pese a búsquedas, más de 750 personas siguen ausentes

Desapariciones en Oaxaca crecen 91.6% en últimos años; pese a búsquedas, más de 750 personas siguen ausentes

En Oaxaca, la desaparición de una persona no termina cuando la denuncia queda asentada en una carpeta ni cuando su fotografía aparece en una ficha de búsqueda. Para cientos de familias, la ausencia permanece como una herida abierta: una silla vacía, un teléfono que no vuelve a sonar y una pregunta que las instituciones todavía no consiguen responder.

El dato más reciente del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), con corte al 21 de enero de 2026, permite dimensionar el problema: Oaxaca acumulaba 4 mil 393 registros históricos de personas desaparecidas, no localizadas o posteriormente localizadas. De ese universo, 3 mil 501 fueron encontradas con vida y 100 sin vida.

Pero detrás de esas cifras existe otro número que pesa de manera distinta: 792 personas continuaban sin ser encontradas. Son 730 consideradas desaparecidas y 62 como no localizadas. En términos estadísticos representan 18 por ciento del registro histórico, pero para sus familias no son porcentajes, sino ausencias que siguen ocurriendo todos los días.

La evolución del registro revela una tendencia particularmente inquietante. En 2022 se contabilizaban 418 personas aún desaparecidas o no localizadas; para 2023 eran 620; en 2024, 730; en 2025, 760; y al 16 de mayo de 2026, la cifra llegó a 801.

El crecimiento es visible en los últimos años, desde 2022. La serie de Red Lupa pasó de 418 personas pendientes de localizar al inicio de ese periodo a 801 en mayo de 2026: 383 casos más, un incremento de 91.6 por ciento.

Sin embargo, leer ese aumento como si fueran 383 desapariciones nuevas sería incorrecto. Se trata del saldo de personas que continúan sin aparecer: cada año ingresan nuevos reportes y otros casos salen del registro porque las personas son localizadas. Lo preocupante es que el número de casos no resueltos ha mantenido una trayectoria ascendente.

El perfil de quienes permanecen ausentes también revela una realidad particularmente vulnerable. De las 801 personas reportadas por Red Lupa, 557 son hombres y 238 mujeres, mientras que 162 eran menores de 18 años cuando desaparecieron. Más de 70 por ciento tenía entre 15 y 44 años.

La desaparición tampoco se distribuye de manera uniforme. Oaxaca de Juárez concentra 155 casos, seguido de Tuxtepec. Detrás de cada concentración estadística existen familias que han tenido que convertirse en investigadoras, buscadoras y, muchas veces, en las principales impulsoras de expedientes que las instituciones deberían esclarecer.

Frente a esa realidad, la Comisión Estatal de Búsqueda de Personas Desaparecidas realizó este viernes la “Búsqueda Generalizada Masiva en Vida de Personas Desaparecidas del Estado de Oaxaca”, una estrategia que coloca a familiares y colectivos directamente en territorio.

La jornada comenzó en Santa Lucía del Camino, donde familiares, amigos y organizaciones participaron en recorridos, difusión, colocación de lonas y pega masiva de cédulas. Las fotografías de quienes faltan fueron colocadas en espacios públicos con la esperanza de que alguien reconozca un rostro y aporte una pista.

Durante estas acciones participaron policías municipales y estatales para proporcionar seguridad a los familiares y colectivos. La presencia policial representa una parte de la respuesta institucional, aunque no sustituye la investigación ministerial ni garantiza por sí misma que una persona desaparecida sea localizada.

La Comisión Estatal informó además que, entre 2024 y el primer trimestre de 2026, recibió 572 reportes y localizó a 294 personas, 257 de ellas con vida. En ese periodo reportó 647 operativos inmediatos y 151 personas reintegradas con sus familias. Esas cifras muestran que la búsqueda produce resultados, particularmente cuando se activa de inmediato.

Pero también exhiben la dimensión del desafío: localizar a cientos de personas requiere mucho más que pegar una ficha en una pared, ya que se requiere investigación criminal, análisis de información, coordinación institucional, atención a víctimas y presencia permanente en las comunidades.

Existe además un problema que difícilmente puede aparecer completo en una base de datos: el subregistro. El RNPDNO contabiliza los reportes que llegan a las instituciones, pero no necesariamente todas las desapariciones que ocurren en Oaxaca.

Los colectivos han advertido que numerosas familias, particularmente en comunidades indígenas, enfrentan obstáculos para denunciar: amenazas, distancias, miedo, falta de traductores, desconocimiento de los procedimientos o desconfianza hacia las autoridades. Una desaparición que nunca se denuncia tampoco aparece inmediatamente en una estadística oficial.

Por eso existen diferencias entre las cifras del RNPDNO, las carpetas de investigación de la Fiscalía, los registros de organizaciones civiles y las estimaciones de los colectivos. No necesariamente se trata de datos contradictorios: frecuentemente están midiendo universos diferentes y utilizando fechas de corte distintas.

La propia historia del registro demuestra la importancia de hacer esa distinción. De los 4 mil 393 registros acumulados, 3 mil 601 personas ya fueron localizadas. De ellas, 3 mil 501 estaban con vida y 100 fueron encontradas sin vida. Es decir, entre quienes ya fueron localizados, 97.2 por ciento fue encontrado con vida.

Pero esa elevada tasa histórica tampoco debe utilizarse para minimizar el problema. El acumulado incluye desapariciones ocurridas durante décadas y casos de personas que fueron localizadas rápidamente. No significa que ocho de cada diez personas que desaparecen actualmente necesariamente regresen a casa.

Oaxaca registra menos personas desaparecidas por cada 100 mil habitantes que entidades como Jalisco o Tamaulipas. El tamaño del problema, sin embargo, no puede medirse únicamente mediante una comparación nacional. 792 personas sin encontrar son 792 historias familiares que continúan suspendidas.

Además, los casos relacionados con delincuencia organizada, trata, desaparición forzada o contextos criminales pueden presentar una dificultad radicalmente distinta a una no localización que se resuelve en cuestión de horas o días.

La respuesta institucional necesita, por ello, ir más allá de las jornadas de búsqueda y las estadísticas de localización. Requiere fortalecer las investigaciones, mejorar los mecanismos de reacción inmediata, coordinar Fiscalía, Comisión de Búsqueda y corporaciones de seguridad, y garantizar que las familias tengan información permanente sobre sus casos.

También resulta indispensable acercar las instituciones a las comunidades indígenas y garantizar intérpretes, mecanismos accesibles de denuncia y protección para quienes buscan a sus familiares. Si una familia teme denunciar, el primer fracaso institucional ocurre incluso antes de que comience formalmente la búsqueda.

En Oaxaca, las paredes cubiertas con rostros de personas ausentes cuentan una historia que ninguna estadística puede ocultar. Las autoridades pueden reportar personas localizadas, operativos realizados y fichas difundidas; los colectivos pueden documentar nuevas ausencias. Pero mientras 792 nombres de desaparecidos permanezcan sin respuesta, la búsqueda seguirá siendo una deuda abierta.

Detrás de cada número hay una familia esperando. Y para quienes buscan, una persona desaparecida es alguien que todavía falta en casa.

Fotos: Estación Foto

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