
Crónica de un enfrentamiento ocurrido en Tlacolula
Jorge Vega Aguilar
TLACOLULA, Oax.-El incesante repique de campanas del templo de Santa María la Asunción, marcó el inicio del enfrentamiento. Eran las 18:15 horas del sábado 9 de noviembre cuando estaba a punto de terminar una “asamblea representativa” de habitantes de esta localidad ubicada a 36 kilómetros de la ciudad de Oaxaca de Juárez.
Ya habían hablado más de media docena de hombres y mujeres, desde un templete montado en la explanada del palacio municipal y que la autoridad utiliza para eventos especiales.
Llegó el momento de tomar acuerdos, y entonces, dos mujeres y un médico plantearon que “ya era necesario definir la situación del Centro Escolar “Presidente López Mateos”.
Una de ellas exclamó: “si el Che Guevara viviera, con nosotros estuviera”. Y la decisión fue marchar hacia lo que queda del plantel, para retomarlo y evitar que en ese espacio continúen los trabajos de edificación de nuevas aulas que realiza el gobierno del estado.
Así, unas 150 personas caminaron aproximadamente cien metros hacia el Centro escolar que estaba resguardado por medio centenar de elementos de la policía estatal.
Intentaron dialogar con ellos, “para que se retiraran del lugar” y les dejaron el paso libre. Pero en lugar de que eso sucediera, los uniformados lanzaron la primera descarga de gas lacrimógeno.
Los inconformes con la construcción de aulas en el mismo espacio, que, según ellos, debe ser utilizado para “el rescate del Centro Histórico”, y la edificación de una gran plaza cívica, comercial y cultural, corrieron despavoridos, con los ojos llorosos y tosiendo por el efecto del gas.
Así comenzó una refriega que duró más de dos horas. La respuesta de la gente fue casi inmediata. Los hombres, jóvenes en su mayoría, empezaron a lanzar cohetones hacia los policías, quienes nuevamente volvieron a lanzar gases lacrimógenos.
Surgieron los gritos hacia los uniformados: “Váyanse de aquí, ya no los queremos; el pueblo ya decidió, la escuela debe ser reubicada en otro lugar”. El gas lacrimógeno se esparcía rápidamente en el primer cuadro de este poblado, por los efectos del viento en la avenida 2 de abril y el parque Juárez.
Eran las 19:00 horas, y el repique de campanas era cada vez más intenso. Se trataba de un llamado a la ciudadanía para “hacer frente” a “la agresión de los policías estatales”.
En el interior del templo, iniciaba la ceremonia de una boda religiosa.
“¡Váyanse de aquí, porque va a empezar el desmadre¡”, habían dicho varias personas a un grupo de ancianas que acudieron a la asamblea. “¿Qué sí?”, respondían incrédulas.
En lo más álgido del enfrentamiento- el tercero en menos de dos meses-, varias niños y niñas fueron evacuados del interior del Centro escolar que, hasta el sábado, supuestamente era custodiado por unos cuantos padres de familia que hacían guardias nocturnas, para evitar que “la gente del pueblo” ocupara el inmueble dañado por los sismos de 2017.
Los padres con sus hijos en brazos, corrían para evitar que los efectos de los gases lacrimógenos los invadieran. Mientras, desde el atrio del templo, parapetados una decena de hombres lanzaban cohetones hacia los uniformados que tuvieron que refugiarse en el edificio escolar, y abandonaron sus patrullas.
Furiosos, los inconformes intentaron quemar una patrulla y empezaron a quemar llantas en la esquina de un banco.
Una tanqueta estacionada en el lugar que ocupa el sitio de taxis “Parque Juárez”, fue movilizada para sofocar las llamas, mientras la policía continuaba lanzando gases lacrimógenos que llegaron hasta el atrio del templo -mientras la boda transcurría-, y al interior del mercado “Martínez González” donde, al filo de las 20:00 horas, muchos locatarios levantaban sus puestos y otros hacían preparativos para la venta de sus productos del tianguis dominical.
Enmedio de la gresca, llegaron elementos de protección civil municipal, y una ambulancia para llevarse, sofocada por los gases, a la señora Gloria Altamirano –madre de la ex presidenta municipal priista Concepción Robles- quien, a diferencia de los primeros dos enfrentamientos, ya no se apareció.
Perredistas y priístas, involucrados en el conflicto tampoco estuvieron cuando los gases lacrimógenos obligaron a la gente a replegarse, mientras varios jóvenes que portaban palos y garrotes comentaban “nos agarraron desprevenidos los policías, de lo contrario, les hubiéramos dado una tunda”.
Varias mujeres, con botellas de Coca cola empapaban el refresco en pañuelos y hojas de papel higiénico, “porque con esto se quita el ardor de los ojos”, y lo repartían entre las decenas de afectados.
Alrededor de las 20:00 horas corrió el rumor de que “ya vienen más refuerzos de la policía estatal y hasta la Guardia Civil, y también gente de la sección 22 de la CNTE”.
Los estragos de la batalla campal están hoy visibles en el centro de esta localidad donde, los integrantes de la denominada “asamblea representativa” afirman que “el pueblo de Tlacolula es el que manda”.
En esta población, la mayoría se inclina por reubicar la escuela primaria “Adolfo López Mateos” para que en ese lugar se construya una explanada, no un centro comercial, en tanto que maestros de la Sección 22 de la CNTE, y un grupo de padres de familia, están empecinados en que se reconstruya el inmueble y no se reubique. En este caso, el presidente municipal, Carlos León Monterrubio está de acuerdo en que la escuela siga ahí porque así se lo encargo el presidente Andrés Manuel López Obrador, ha señalado con insistencia.




