Crimen organizado ignora Pacto por la Paz de Juchitán, #Oaxaca, y siembra el terror; anoche, tres ataques más con 1 muerto y 2 heridos

Crimen organizado ignora Pacto por la Paz de Juchitán, #Oaxaca, y siembra el terror; anoche, tres ataques más con 1 muerto y 2 heridos

El crimen organizado desoyó el Pacto por la Paz y la Seguridad implementado por los tres órdenes de gobierno en Juchitán de Zaragoza, en la región del Istmo de Oaxaca, y protagonizó tres nuevos ataques armados la noche de este domingo 19 de abril, que dejaron un muerto y dos heridos graves, demostrando que la tregua pactada apenas cinco días atrás no fue respetada por los grupos criminales que operan en esa ciudad.

El saldo más grave lo dejó el ataque registrado en el Puente Paulina, en la colonia 5 de Septiembre, donde sicarios a bordo de un mototaxi ejecutaron a Vidal Vera, exelemento de la Policía Municipal de Juchitán. De acuerdo con testigos, la víctima había salido de su domicilio a comprar alimentos cuando los atacantes le dispararon. Sus familiares realizaron el levantamiento del cuerpo.

En el segundo ataque documentado esa noche, hombres armados que se desplazaban en motocicleta interceptaron un vehículo particular en la carretera Juchitán–Santa María Xadani. Los sicarios dispararon en múltiples ocasiones contra dos ocupantes del automóvil, quienes resultaron con heridas graves por arma de fuego. Ambas víctimas lograron escapar y fueron trasladadas a un hospital de la región, aunque su identidad no ha sido revelada.

El tercer episodio de violencia de la noche añadió un elemento de alarma institucional: sicarios tirotearon el domicilio de un regidor del Ayuntamiento de Juchitán. Aunque el ataque no dejó víctimas, el hecho de que un representante popular sea blanco directo del crimen organizado revela el grado de penetración e impunidad que los grupos armados han alcanzado en el municipio.

Los tres ataques ocurrieron apenas 24 horas después de que, el sábado 18 de abril, un comando armado asesinara a tres jóvenes que conversaban frente a su domicilio en la colonia Gustavo Pineda. Entre las víctimas de esa masacre se encontraba David L. V., hijo de un subsecretario de Gobierno del estado de Oaxaca, cuya muerte evidenció que la violencia ya no distingue vínculos ni jerarquías en su avance sobre el tejido social juchiteco.

La paradoja es que el “Plan De Paz para Juchitán de Zaragoza”, puesto en marcha conjuntamente por autoridades federales, estatales y municipales, logró apenas una tregua de cinco días antes de que la violencia reanudara su curso. La masacre del sábado y los tres ataques del domingo configuran un mensaje contundente del crimen organizado, en el sentido de que el pacto institucional no les resulta vinculante ni representa un límite a sus operaciones.

La Policía Municipal, la Policía Estatal, la Fiscalía General del Estado de Oaxaca, el Ejército, la Marina y la Guardia Nacional no han podido contener la espiral de violencia que sacude al municipio istmeño en tres años. Hasta el cierre de esta nota, ninguna de las tres instituciones había emitido declaraciones oficiales, informado sobre detenciones o revelado líneas de investigación relacionadas con los ataques del domingo por la noche.

El número de víctimas colaterales crece de manera exponencial. La dinámica del conflicto armado en Juchitán ha convertido a personas ajenas al crimen organizado en blancos cotidianos: jóvenes que conviven frente a su casa, transeúntes que salen a cenar, conductores que circulan por carreteras. La violencia ya no se circunscribe a disputas entre grupos rivales, sino que se ha derramado sobre la vida ordinaria de las familias juchitecas.

Las carpetas de investigación por los hechos del domingo permanecen abiertas, sin detenidos ni líneas de investigación públicas. La identidad de los dos heridos graves no ha sido confirmada oficialmente, y el nombre del regidor cuyo domicilio fue atacado tampoco ha trascendido a los medios. La opacidad institucional se suma así a la impunidad operativa como ingredientes que alimentan la continuidad de la violencia.

Juchitán de Zaragoza enfrenta una crisis de seguridad que rebasa la capacidad de respuesta de sus instituciones y pone en entredicho la eficacia de los esquemas de pacificación negociada. Mientras el crimen organizado demuestra con cada ataque que no reconoce pactos ni autoridad alguna, la ciudad del Istmo acumula muertos, heridos y miedo, a la espera de una estrategia realmente efectiva para frenar el derramamiento de sangre que todavía no llega.​​​​​​​​​​​​​​​​

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