CONTRAFUEGO … “Pirro y el bloque de contención” por Aurelio Ramos Méndez

CONTRAFUEGO … “Pirro y el bloque de contención” por Aurelio Ramos Méndez

Hizo bien el mariscal dea Va por México, Claudio X. González, en tomar con cautela la devolución a comisiones del Senado del dictamen sobre la intervención del ejército en tareas de seguridad pública.

“Es sólo por hoy”, masculló, refiriéndose al éxito del denominado Bloque de contención.

Hubiera sido más atinado, sin embargo, que dijese lo que Pirro tras su triunfo sobre los romanos al costo de una enorme pérdida de tropas y generales: “Otra victoria como esta y regreso a Epiro solo”.

Procedía la prudencia en el caso del cabestro de la oposición, pues resulta obvio que se trató de una victoria pírrica, de esas que a la larga resultan peores que la derrota y cuyo apelativo se inspira en las vicisitudes del mítico rey griego.

En el fragor de la batalla senatorial quedó hecha trizas la de por sí frágil alianza opositora, para la cual ya no hay reconstituyente posible.

Aun en la hipótesis remota de que la victoria se consolidase con el freno definitivo del dictamen, la coalición carece de futuro. Entre sus socios impera la más absoluta desconfianza.

El aglomerado de siglas recibió el golpe definitivo con la voltereta de Alejandro Alito Moreno, quien bien sea por convicción o a cambio de impunidad decidió respaldar a la 4T.

Se ganó insultos de todo calibre de sus compañeros de viaje el pillazo y lépero campechano, pero consiguió aniquilar la alianza.

Los operadores de la coalición están ahora en la tesitura de tener que alejarse del PRI y su dirigente, y atender el refrán aquel de “ni café recalentado, ni amigo reconciliado”.

Por si todo esto fuera poco, se antoja previsible que Morena conseguirá sin afanarse el voto que le faltó para sacar adelante la resolución de comisiones de la cámara alta.

Al inicio del paso del dictamen por el pleno senatorial, la fracción mayoritaria necesitaba once votos, diez de los cuales los mercadeó en cosa de horas.

Si los negociadores por la bancada guinda consiguieron convencer, cooptar o comprar –¡tan difíciles que son de venderse!— a una decena de opositores, agenciarse a uno más en diez días de seguro no implicará problema alguno.

Claro que Ricardo Monreal, con el fin de vender caro su desempeño a la cúpula de Morena, podrá decir, como el proverbial ranchero: “parece difícil, pero no es fácil” eso de procurar voluntades.

La oposición está obcecada en atajar la reforma constitucional que extiende hasta 2028 la participación de militares en el combate de la delincuencia. Raro.

De eso, que los militares llenaran las calles echando plomo, los actuales adversarios del gobierno federal pedía su limosna en tiempos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

¿Mutaron de criterio? ¿Respaldan ahora abiertamente a la delincuencia? ¿Se arrepintieron de su exigencia de balazos, no abrazos a los mafiosos?

En su intransigente rechazo al ejército en tareas de seguridad la oposición ha perdido por completo las formas.

Algunos de los más conspicuos antigobiernistas –Santiago Torreblanca, Gustavo Madero y Eduardo López Mares, por ejemplo– se rasgan las vestiduras en defensa de la Constitución, y han llegado al extremo de proferir desde las tribunas legislativas insultos, leperadas, vulgaridades y escatologías. Descarado fariseísmo.

La inviolabilidad de los legisladores está garantizada por la Carta Magna, pero los pastores y arrequines de los rebañegos legisladores del PAN y PRD han convertido la Carta Fundamental en letra muerta.

A los jefes de la alianza, coordinadores de bancadas, dirigentes partidistas y voceros oficiosos en los medios los tiene sin cuidado que se cumpla o no la Constitución en este punto. 

Por eso suscitó extrañeza que Santiago Creel acusase intromisión presidencial en el Legislativo por el anuncio de una consulta popular sobre el desempeño, adscripción y destino la Guardia Nacional. 

¿Desde cuándo tan celoso guardián de la inviolabilidad legislativa? ¿En qué mundo vive el presidente de la Cámara baja, si no se ha percatado de la cotidiana presencia de cabilderos profiriendo amenazas y ejerciendo “presión social” entre las curules?

A golpes de acoso, los jefes de la oposición han hecho nugatoria la libertad constitucional de expresión, acción y votación de los representantes populares panistas y perredistas, y aspiran a imponer su criterio a la totalidad del Congreso.

Saturan la atmósfera con críticas y protestas por el cabildeo de Adán Augusto López, desde la cafetería de un hotel, mientras aplauden la irrupción de Claudio X. y sus compinches hasta la cocina del 135 de Paseo de la Reforma para hostigar a los padres conscriptos.

Critican el supuesto autoritarismo del Jefe del Ejecutivo, mientras atentan contra la democracia y la razón de ser del Legislativo.

Está en la esencia de este poder del Estado el ejercicio del debate, el parlamento, el intercambio de criterios como recurso para allanar diferencias y acercar nociones políticas. Mas a la oposición le causa urticaria.

Inhiben el uso de la palabra y la discusión los acuerdos del gelatinoso bloque relativos a votar en contra de los proyectos aun antes de que estos lleguen al Congreso.

Y el asedio a diputados y senadores para que se olviden de su conciencia o del interés de sus representados, y voten como ordenan sus jefes políticos.

Para no hablar del virtual golpe de Estado que significa la decisión de no darle trámite a las reformas constitucionales del Presidente de la República.

Y si legisladores priistas –aun disidentes de la presidencia del inefable Alito— o de otros signos cambian de postura tras un debate, eso, a los maniqueos ojos de la oposición, no es fruto del convencimiento y la saludable confrontación de puntos de vista, sino producto de la venalidad.

¡Seriedad, señores!

BRASAS

Tras el desmentido que recibió del embajador Ken Salazar –“Esos cables no son de Estados Unidos, punto”– el periodista Héctor de Mauleón está ante la responsabilidad ética de desenmascarar sus fuentes.

Específicamente, a quienes lo usaron como golpeador entregándole “una carpeta” con cables dizque de la embajada gringa.

Los datos contenidos en el paquete, a los cuales el columnista de El Universal les dio total credibilidad, implican graves acusaciones contra el senador José Narro, y el gobernador electo de Tamaulipas, Américo Villarreal.

Incluyen estados de cuenta bancarios supuestamente provenientes de Islas Vírgenes Británicas, “probatorios” de que ambos políticos recibieron del Cartel de noreste alrededor de 7 millones de dólares –unos ¡150 millones de pesos!— “para campañas electorales”.

Y que están vinculados con la desaparición de tres personas: El operador financiero del cartel referido, Gerardo Teodoro Vázquez Barrera, El Gerry, y los marinos Óscar González Andrade y Victoriano Rodríguez Zurita, “escoltas del senador del PT”.

Los “cables” están redactados con tal profusión de detalles y en tono tan coloquial, que habrían estimulado suspicacias aun en un niño de pecho.

El curtido periodista, sin embargo, los deglutió sin masticar. 

Bueno, no tanto. Tras el duro desmentido, De Mauleón dio explicaciones insuficientes, que inducen a pensar en cuántas otras ocasiones habrá sido chamaqueado y servido los peores intereses.

Dijo que el viernes 16, una fuente que “varias veces me ha compartido información sensible”, le hizo llegar la carpeta.

Que él le preguntó a su fuente de dónde venían los documentos y si había certeza absoluta de que eran auténticos. La fuente –¡quien dijo miedo!—“respondió que sí”.

Con notable perspicacia, De mauleón le preguntó “si había manera de verificar su autenticidad con el propio autor de la filtración”. La fuente estuvo de acuerdo y ofreció ponerlo en contacto con él.

“Ese contacto (el autor de la filtración, se entiende) me explicó cómo habían llegado esos papeles a sus manos”.

El desmentido de Salazar es descomunal, imposible sacarle el cuerpo, aunque el columnista lo ha reducido a “una monosilábica declaración de banqueta”.

Hasta el periodista menos avezado sabe que, conforme a la deontología del oficio, en ninguna capitulación ética incurre quien delata a una fuente que lo usa o se burla de él, allegándole datos que, una vez publicados, se constatan patentemente falsos.

En esta delicada tesitura, la de tener que revelar los nombres del filtrador y sus correveidiles se halla el autor de En tercera persona

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Tan desesperado está el panismo que ya instituyó la vulgaridad, la leperada y la procacidad como instrumentos de comunicación con los ciudadanos.

Ya teníamos suficiente los mexicanos con las groserías de Paco Ignacio Taibo II, las patanerías de Ricardo Sheffield y la coprolalia de Alito Moreno.

Ahora, en tan sólo una semana, políticos del PAN hicieron uso de un lenguaje que rivalizada con su reconocida mojigatería. Impostura de politicastros.

Desde la tribuna de la cámara baja Santiago Torreblanca ilustró a la nación acerca del uso que él presume –el león y su condición—dan algunos políticos a nuestra Carta Fundamental.

El senador Gustavo Madero, pedagógico y desfachatado, develó el misterio de la gestación de algunas las leyes, cuya expulsión es el único aborto que él parece dispuesto a consentir desde la concepción.

Y en Guanajuato, en una declaración patentemente onírica, el dirigente Eduardo López Mares le anticipó a Amlo la tarea que le tiene reservada para 2024, cuando el PAN quizá será un tieso cadáver.

Habrá quienes celebren que los panistas por fin han dejado el lenguaje encorbatado, alcanforado y anodino, y se expresan ahora de la manera que ellos creen que habla la mayoría de la gente común.

No hay tal. El tono de estos políticos es penitenciario y habitual en cantinas o el bajo mundo. Los ciudadanos muestran mayor respeto por las normas sociales de convivencia.

Por ello, el empleo abusivo de groserías y procacidades y un léxico elemental desde las tribunas legislativas o los medios de comunicación a su alcance exhibe atolondramiento.

A nadie engañan al adoptar como propia la ordinariez, incorreción y descomedimiento que ellos le atribuyen al pueblo y siempre han criticado.

Con su lenguaje ramplón, foxiano, rebajan la política al nivel de la alcantarilla, pero con las francas leperas han descendido al drenaje.

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Los más recalcitrantes adversarios del gobierno federal deben estar de dichosos. Por fin, sus invocaciones a la intervención de Estados Unidos en nuestro país han empezado a ser escuchadas.

El gobernador de Texas, Greg Abbott, emitió una orden ejecutiva mediante la cual se designa a los cárteles mexicanos de la droga como organizaciones terroristas.

Dice estar preocupado por la inundación de fentanilo y las muertes que esta droga está causando; en realidad lo mueve la grilla electoral.

Los enconados adversarios de la 4T deseaban con el alma que los narcos fuesen denominados terroristas. Eso pudo verse en agosto, cuando grupos armados llegaron a la barbarie de atacar a la población civil en Guanajuato, Jalisco, Ciudad Juárez y Colima.

El texano les envió cartas al presidente Biden y la vicepresidenta Kamala Harris, en las cuales solicita que a escala federal los cárteles mexicanos sean clasificados como terroristas.

La medida podría tener muy graves consecuencias para México.

Conforme a la legislación gringa –que los vecinos güeros suelen aplicar de manera extraterritorial y unilateral— sería factible, por ejemplo, ejercer sobre México presiones comerciales.

Y hasta realizar incursiones policiales e invasiones militares en nuestro territorio –tal como han hecho en numerosos países– con la excusa de perseguir no a narcos, sino terroristas.  

Esto debería preocupar a todos los mexicanos, con independencia de su signo ideológico.

Lamentablemente, los malquerientes de López Obrador no reparan en estos riesgos. Lo que quieren es atravesarse en el camino de la 4T al precio que sea.

Cuidado.

aurelio.contrafuego@gmail.com

 

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