CONTRAFUEGO … Columna del periodista Aurelio Ramos Méndez

CONTRAFUEGO … Columna del periodista Aurelio Ramos Méndez

MINILLA DE PEJE 

 

Se equivoca el presidente López Obrador al considerar neutralizado el riesgo de que los medios de comunicación hagan con él minilla de pejelagarto, ese delicioso guiso de pescado en tiras, trocitos o desmenuzado, propio del sotavento tabasqueño.

Gran parte de los mexicanos ya sabe quién es quién en los medios y cuáles los intereses que mueven a dueños y periodistas más influyentes. Pero ello no basta para frenar la pugnacidad de estos ni anular su pernicioso efecto social.

Resulta, por lo mismo, exasperante la incapacidad demostrada por la 4T para fomentar, dentro de la ley y sin hollar la libertad de expresión ni la independencia del periodismo, una prensa alternativa, pública o privada, limpia, amplia y poderosa.

Fomento que podría lograrse mediante subsidios, créditos, estímulos fiscales, impulso del cooperativismo y otras imaginativas fórmulas de apoyo, que incidan sobre el régimen de propiedad de los medios y las líneas editoriales.

Lo que no debe continuar es la patente repulsión presidencial hacia la prensa más añeja y corrupta, el pleito estéril, sin la exploración de senderos para sustituirla o depurarla.

“No me enoja que nos ataquen. Tengo un escudo protector, mi autoridad moral, y eso me da autoridad política. Y por eso los puedo enfrentar. Si no… ya me hubiesen hecho papilla, o minilla de peje”, le dijo Amlo a la muy competente Nancy Flores, de la revista Contralínea.

Se notó ufano pero imprevisor y hasta candoroso el mandatario. ¡Sería lamentable que demorara aún más para percatarse de que ya está siendo salteado en aceite y salpimentado con ajo, perejil, alcaparras y aceitunas!

El haber desestimado desde los inicios de su administración la capacidad ofensiva de los medios ha significado uno de los más costosos yerros del tabasqueño.

Con copiosa información en su poder sobre la corrupta combinación de periodismo y otros negocios de empresarios de la comunicación, el gobierno no ha sancionado a ninguno de estos magnates.

Unos cuantos han tenido que pagar impuestos y préstamos que supusieron a fondo perdido, así como aportaciones evadidas durante lustros al IMSS, el Infonavit y otras instituciones. Todos se pasean impunes, muy orondos y con los bolsillos llenos.

Disfrutan de una peculiar e inmerecida amnistía. O, mejor, de una versión adaptada de la política de abrazos, no balazos. Sí, esa en contra de la cual a diario arremeten en los medios sus amanuenses y jilgueros.

Este indulto, no obstante, ha sido inútil para morigerar la animadversión del grueso de la prensa al Presidente, inspirada no por razones ideológicas sino por motivos más prosaicos, de pesos y centavos.

En su inocente suposición de blindaje, el jefe del Estado encomió el furibundo golpeteo de sus adversarios mediáticos. 

“Si no salieran a atacarnos con esos reportajes, pues no estaríamos hablando aquí de esta situación, y mucha gente, muchísima, millones, se quedarían con la idea de que el periodismo es como el castillo de la pureza”, dijo.

En una democracia, es cierto, la función de la prensa consiste en hacer luz sobre todo aquello que el poder –todos los poderes– se esmera en mantener en las sombras.

Sin embargo, elogiar la crítica interesada, obcecada y sistemática, tratándose de la víctima, equivale a recibir en el rostro un escupitajo y agradecer la puntería.

La prensa –lo expuso de modo inmejorable la talentosa Nancy Flores— en modo alguno puede considerarse ajena a un vasto catálogo de formas de venalidad.

“A veces se piensa que la corrupción en el periodismo es sólo ese sobre amarillo que se entrega a los reporteros de la fuente con dinero, con algunos cientos o tal vez miles de pesos para contribuir a su economía, que eso todavía existe… 

“O, que la corrupción tiene que ver nada más con la asignación discrecional de publicidad, sea del sector público o del privado, pero eso no es cierto”, dijo la reportera de Contralínea.

Y añadió que “hay muchas formas de corrupción en el periodismo”.

Mencionó, a guisa de ejemplo, “el hecho de no publicar ciertas informaciones para afectar ciertos intereses o para beneficiar otros intereses”.

Y aquella que confecciona notas “a partir de información que no es real, de información falsa o con información parcial” para tratar de que la opinión pública tenga una idea errónea de ciertas situaciones, o afectar a ciertos grupos y beneficiar a otros, sobre todo grupos de poder fáctico, económico o político.

Deshonestidad, admitámoslo, es todo aquello que desvirtúa al periodismo. 

Por ejemplo, establecer con las fuentes un régimen de contraprestaciones: tú me das información –canjeable en dinero–, yo te doy difusión y respaldo político.

Traficar influencias para beneficio propio o de terceros –puestos burocráticos o políticos y partidistas, contratos, proveedurías, gestión de citas, audiencias y reuniones.

O, soslayar la obligación de cotejar versiones y sesgar información para favorecer a familiares, amistades o legítimas afinidades ideológicas.

Sobre todas estas manifestaciones de corrupción se enseñorea la de los dueños de medios privados y concesionarios de medios públicos, que unos y otros utilizan como ariete para derrumbar puertas y acceder a prebendas y jugosos negocios.

En semejante escenario no basta que el Presidente diga que el periodismo no es el castillo de la pureza. 

¿Qué espera para empezar a demostrar que el combate a la ausencia de probidad es algo más que palabrería para la mañanera?

¿Cuándo lo veremos accionar en la promoción, creación o robustecimiento de medios capaces de arrebatarles el megáfono a los de siempre? ¿En 2024, cuando esté siendo engullido por los amos del poder mediático?

BRASAS

“Si de un lado estuviera Gabriel Boric y del otro López Obrador, ¿en dónde sitúas a Gustavo Petro?

La pregunta, orientada a indagar la ubicación política e ideológica del aspirante más perfilado a la Presidencia de Colombia, fue formulada por el periodista Daniel Coronell al corresponsal del diario español El País para América Latina, Juan Diego Quesada.

Ocurrió el pasado domingo (13), durante la transmisión en vivo de las consultas intrapartidistas para elegir candidato presidencial en aquel país.

“Está difícil…”, dijo, sonriente, el interrogado. La media docena de participantes en el programa de tv digital Los Danieles estalló en risas y hasta carcajadas, ostensiblemente burlonas hacia el Presidente mexicano.

“Quizá más hacia López Obrador… Del punto medio, cinco puntos más hacia López Obrador”, completó Quesada su respuesta.

La comparación adquirió ribetes de franco pitorreo hacia Amlo y clara descalificación a Petro, a quien el poder mediático colombiano dispensa el mismo trato de la prensa mexicana al tabasqueño.

“Yo creo que estanos de acuerdo todos los aquí presentes con el análisis de Juan Diego”, dijo Coronell.

Erraron el tiro, sin embargo, los periodistas de Los Danieles. Deberían darse de santos si Petro está más cerca del presidente mexicano que del chileno.

Tres años de gobierno han demostrado que López Obrador es un izquierdista más que moderado, mientras que Boric se perfila –aun en contra de su voluntad– como el más radical del barrio.

La anécdota ilustra bien el pobre concepto en que tiene a nuestro mandatario incluso la prensa pretendidamente más analítica, aguda y progresista de América Latina.

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Las consultas intrapartidistas en Colombia, por cierto, de seguro fueron pretexto para que Felipe Calderón alzara su copa, y, en una paráfrasis de la hermosa canción de Violeta Parra, entonara “Gracias a la vid…”.

No es para menos. En la alianza de ultraderecha Equipo por Colombia ganó la consulta el ex alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, incondicional del expresidente Álvaro Uribe Velez.

Gutiérrez es socio de la senadora Paola Holguín en la empresa consultora en temas de seguridad Angel Total Solutions.

Y el padre de ella, Frank Holguín, de acuerdo con versiones de prensa de aquel país, fue un famoso testaferro del mega narco Pablo Escobar Gaviria.

Durante el gobierno de Calderón la ahora legisladora colombiana se desempeñó como encargada de asuntos políticos de la embajada de su país en México y luego asesora del propio Calderón.

La referida empresa, en 2013, obtuvo contratos de gobiernos municipales panistas interesados en importar el concepto de la Seguridad Democrática aplicado por Uribe Vélez. 

Uno de esos contratos, por 250 mil dólares, lo obtuvo en Celaya, Guanajuato, durante la administración de Ismael Pérez Ordaz.

De la eficacia de la consultoría habla la historia de violencia que ha vivido Celaya desde entonces.

Si ya se le pasó la cruda, Calderón debe estar orgulloso de sus amigos colombianos.

Su amigazo del alma –se conocieron en Harvard–, el ex alcalde de Bogotá Samuel Moreno, cumple una condena de 20 años de cárcel, saldrá en 2036.

Moreno fue sentenciado por haber recibido archimillonarios moches en la asignación de contratos de obras, en el caso conocido como Carrusel de la contratación.

Y está considerado el alcalde más corrupto que haya tenido la capital colombiana.

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Un hilillo de sangre escurrió por la comisura de los labios de Ernesto Zedillo cuando criticó “la ola de gobernantes populistas e ineptos” que, según él, sufre Latinoamérica.

El expresidente, que ya tuvo su turno al bate e hizo lo que pudo, se había mantenido ejemplarmente callado, sin engañarse –como algunos de sus congéneres– con la suposición de que el mundo entero estaba a la espera de sus opiniones.

Pero abrió la boca y lo lapidaron merecidamente. El Jefe del Ejecutivo fue demoledor cuando repasó el prontuario del creador del Fobaproa y la privatización de los ferrocarriles, de una de cuyas empresas se convirtió en sirviente y abrepuertas.

Y hasta haber roto con Carlos Salinas y su parentela maloliente –Raúl, Adriana y muchos más–, algo digno de encomio, le salió mal. “Traidor” lo llamó Amlo.

Zedillo, quien bien o mal denotaba prudencia con su silencio, sin afanarse en defender su indefendible gobierno, no tenía necesidad de abrir el pico. Con semejante fardo no se puede ir campante por la vida.

Moraleja: los expresidentes, todos, ayudarían mucho al país si decidieran coserse los labios.

RESCOLDOS

Punto a favor de Samuel García, que consiguió meter a la cárcel a su antecesor, Jaime Rodríguez. Queda por ver si ese penco bayo que es el gobernador de Nuevo León y la potra champagne Mariana Rodríguez, ambos con pendientes jurídico-electorales, seguirán el mismo camino rumbo a prisión de El Bronco… 

Se queja el Presidente de que en el pasado los grandes corruptos no iban a la cárcel y ni siquiera perdían su respetabilidad. Pero lamenta la difusión de fotografías de Jaime Rodríguez al momento de ser fichado, o sentado en un sillón, ventrudo y en camiseta. ¿En qué quedamos?

Tiene razón el gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat. Se ve pésimo que, como jumento con anteojeras, el PAN vea mal la colaboración del gobierno oaxaqueño con la 4T, si Fox y Calderón –a quienes ahora niega como a la novia fea—iniciaron el colaboracionismo con el PRI, entregándole el manejo de la secretaría de Hacienda.

Diputados y senadores de Morena o filomorenistas, entre estos José Narro, Claudia Yáñez y María de los Ángeles Huerta, anunciaron la creación de la Red de Comunicadores del Pueblo. Algo así como la CNOP del partido guinda. De aquella confederación priista –recuérdese– formaban parte, entre vendedores de globos y banqueros y machucones, de modo corporativo, los periodistas… 

 

aurelio.contrafuego@gmail.com

 

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