CONTRAFUEGO … “Córdova, sabotaje a comicios 2024” por Aurelio Ramos Méndez

CONTRAFUEGO … “Córdova, sabotaje a comicios 2024” por Aurelio Ramos Méndez

El presidente del INE, Lorenzo Córdova, y sus aliados dentro del Consejo General de ese instituto, ya tomaron la decisión de sabotear el proceso electoral 2024. En cuerpo y alma están dedicados a tal objetivo.

Córdova expuso la estrategia para ello en una entrevista ligerita, tersa, muy a modo, publicada por La Crónica de Hoy.

La entrevista fue realizada por el director del diario, Francisco Báez Rodríguez, integrante de la camarilla de Córdova y amigo suyo desde la adolescencia, cuando el vástago de Arnaldo Córdova se dolía amargamente de no conocer Italia, a pesar de sus 15 años de edad y de tener mamá italiana.

El consejero anticipó un alud de controversias constitucionales en contra de la reforma electoral aprobada por mayoría y con apego a las leyes, reglamentos, acuerdos y hasta usos, costumbres, arreglos y cochupos del Congreso.

Dijo que los recursos serán interpuestos por las minorías parlamentarias, ciudadanos, el INE y funcionarios del propio órgano a título personal.

Un verdadero haz de palos en la rueda de la reforma, con la obvia, antidemocrática y punible intención de atorarla en la Corte. Anularla, tornarla inaplicable.

Los saboteadores tienen cifradas en los ministros de la SCJN, en particular la presidenta Norma Lucía Piña Hernández, las esperanzas de salirse con la suya.

La presidenta del máximo tribunal es mano para listar asuntos en el orden del día y los boicoteadores confían en que ella agendará temas dándole prioridad a las conveniencias de la oposición.

Eso explica la actitud zalamera con que consejeros electorales y antagonistas de la 4T derraman almíbar en los oídos de la sucesora de Arturo Zaldívar.

A decir de consejero presidente, él y sus asociados han construido cinco pilares, de los cuales –se vale reír—depende la buena salud del sistema electoral.

Se trata de la autonomía de los órganos electorales, la calidad del servicio profesional en la materia y la presencia no temporal sino permanente del INE en el territorio nacional.

Además, el padrón dizque carente de intencionalidad política y el equilibrio en las condiciones de competencia.

Dijo que el llamado Plan B altera esos cinco puntos. “Le cortan al INE sus brazos operativos y mutilan su capacidad para hacer elecciones”, de tal suerte que, de ser declaradas constitucionales las reformas, habrá comicios pero estará en riesgo su validez.

También dijo que el proceso legislativo de las modificaciones legales fue tan anómalo y tan flagrante la violación de la Constitución, que el destino de la reforma es su no aplicación.

De acuerdo con el calendario electoral la Corte está obligada a resolver sobre la constitucionalidad antes del 2 de junio. “Si no, nos vamos al 2024 con las reglas que hay”, dijo Córdova frotándose las manos.

En ese caso –blandió el petate del muerto– tendremos elecciones con reglas impugnadas y conflicto poselectoral”.

Córdova se victimizó de manera ridícula. Dijo que avizora para los próximos meses una etapa de persecución política y jurídica en contra de integrantes del INE.

Fundó su temor en “una actuación de profunda beligerancia” por parte del Órgano Interno de Control del instituto, y en “la ruptura del entendimiento político de no utilizar el brazo penal del Estado para coaccionar a funcionarios electorales”.

Dicho “entendimiento político”, según su criterio, se rompió en 2022, cuando el coordinador de diputados federales de Morena denunció penalmente a consejeros y funcionarios del INE.

Lorenzo Córdova y su calanchín Ciro Murayama, así como dos otros consejeros, terminarán su periodo antes de los comicios.

Sin embargo, advirtió el todavía presidente, “los siete consejeros que se quedan son garantía de la continuidad de la gestión electoral”.

Y, por si fuera poco, él seguirá en grilla. “La trinchera académica y la de la opinión pública no me son ajenas, en ellas seguiré defendiendo la democracia”.

Así, “defender la democracia”, le llama a sus denodados esfuerzos para preserva el máximo órgano electoral bajo el control de las élites. 

En la entrevista –de algún modo hay que llamarla– el presidente del INE hizo un amplio y no sólo positivo, sino francamente triunfalista y aún fantasioso balance de su gestión, sin que su excompañero de banca lo cuestionase ni siquiera levemente.

Refirió que el INE ha organizado 330 procesos electorales federales, locales, ejercicios de participación ciudadana, asamblea constituyente en la capital del país, y en ninguno ha habido conflicto postelectoral. “Ha habido, eso sí, litigiosidad”, dijo, eufemística y mañosamente.

Señaló que en los procesos comiciales “ha habido un índice de alternancia inédito en la historia del país: 62% en el plano nacional”.

Y, como sembrando un precedente para, llegado el caso, inventar derrotas o justificar victorias, aseguró que “las probabilidades que tiene el partido que gane una elección de volver a repetir es de 38%”.

Como quien dice, nada de gobernantes o partidos con favorabilidad de hasta 70 por ciento; su chance de ganar de nuevo es de poco más de la tercera parte.

¡No corren, vuelan los defraudadores electorales y sus encuestadores, amanuenses y voceros de cabecera! Cuidado.

BRASAS

Si el Presidente López Obrador es capaz de ejercer sobre el gobierno el control total y unipersonal que le atribuyen sus antagonistas, no es únicamente un buen político.

Tampoco un gobernante por derecho propio y ni siquiera un estadista en toda la extensión de la palabra. Es una deidad.

Valga esta hilarante y delirante desmesura para confrontarla con los análisis facilongos sobre el poder presidencial elaborados por algunos de nuestros más conspicuos intelectuales. José Woldenberg, por ejemplo.

En un artículo titulado Subordinación, este licenciado en Sociología, maestro en Estudios Latinoamericanos y doctor en Ciencia Política exhibió patética pobreza analítica.

Denotó talante mineral para negar la voluntad de las mayorías y que no le cabe en la mollera la posibilidad de que, del otro lado del rio donde él se halla, también existen periodistas independientes e intelectualmente honestos.

Es decir, comunicadores que con honradez simpatizan con la 4T o que simplemente hacen periodismo como dictan los cánones del oficio: criticando lo que según su conciencia hay que criticar y respaldando lo que merece apoyo.

El expresidente del IFE ha arremetido contra los simpatizantes de la 4T cada vez con mayor virulencia, con ferocidad de rottweiler, desde que le llenaron el coco con la ilusión de ser candidato a la Presidencia. 

“…hay quienes están dispuestos a la obediencia ciega. De tal suerte que incluso ante conductas indefendibles son capaces de mostrar fidelidad perruna, de convertirse en eco de la voz del jefe”, dijo en su artículo referido.

Lo escribió a propósito de la reacción en las redes contra el escritor Guillermo Sherindan, detonante del escándalo sobre la ministra de la Corte, Yasmín Esquivel.

Según Woldenberg, con su apoyo a Esquivel Amlo dio el banderazo de salida para atacar a Sherindan, pues “cientos de seguidores del presidente se sumaron en las redes a sus dichos”.

Fue “como si para ser partidario de la actual administración se requiriera demostrar públicamente la más completa subordinación”.

Más aún, “todo parece indicar que demasiados seguidores de la actual administración se han convertido en auténticos fanáticos, incapaces de pensar por sí mismos y dispuestos a repetir de manera mecánica las consignas del presidente.

A decir de Woldenberg, el tabasqueño “está convencido que puede construir “realidades” alternas” y exige devoción absoluta.

¿De qué medios de convencimiento, coerción o seducción se vale este Belcebú tropical para tener en un puño a 120 millones de mexicanos y al gobierno todo? 

¿Los compra con dinero, los chantajea con información que sólo él conoce –líos de faldas, empinaditas de codo–, les ofrece huesos y sueldazos? 

En lugar de explicárnoslo desde su sabiduría sociológica y política a los ignaros mexicanos, Woldenberg se limitó a repetir el manido disparate colado de argumento sobre la omnipotencia del tabasqueño.

¡Y pensar que se trata de uno de nuestros más insignes intelectuales!

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De pena ajena la rebatiña de candidaturas y huesos que protagonizan los dirigentes del PAN, PRI y PRD, de cara a las elecciones del Estado de México y Coahuila, y las federales de 2024.

Cuando aún resonaba el eco del anuncio sobre la supuesta resurrección de la alianza Unidos –o como ahora se nombre el revoltijo cocinado por Claudio X. González– el perredista Jesús Zambrano acusó de ninguneo y agandalle al panista Marko Cortés y el priista Alejandro Moreno.

Y éste, Alito, hizo hasta lo imposible para negar que en 2024 su partido no tendrá participación alguna en la elección de candidato a la Presidencia, el gobierno de la capital del país ni las cámaras legislativas, porque él ya le endosó al PAN tal responsabilidad.

A cambio de la conversión del PRI en zombi la dirigencia del campechano será mano en la designación de candidatos en Coahuila y el Edomex, algo que era innecesario negociar dada a la virtual inexistencia del PAN y el PRD en ambas entidades.

Los comités directivos forcejean por nominaciones, pero priistas y perredistas de base acogieron con indignación los arreglos. Lo cual hace suponer el fin de este salpicón de membretes.

Hay señales, pues, para suponer que la alianza opositora, la cual ya ha desperdiciado más vidas que un gato, no anunció su renacimiento sino su defunción.

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Convengamos, tan sólo por ponderar posturas y consistencias éticas, que Yasmín Esquivel Mossa incurrió en deshonestidad académica.

Al competir por el cargo de ministra de la Corte, en 2019, sin embargo, ella entregó al Senado para revisión y comprobación documentos que incluían su título profesional.

Tal comprobación, que a la luz de los hechos no fue realizada, debió haber sido ejecutada por la Comisión de Justicia, cuyos integrantes –ni modo de negarlo– estaban papando moscas.

O, ¿qué negocio, transa o tráfico de influencias distrajo a esos legisladores como para haber omitido la certificación de los cartones profesionales de la jurista?

¿Qué moches gestionaban los panistas Damián Zepeda, Indira de Jesús Rosales y Nadia Navarro? 

¿En qué transa aprovechaba el tiempo el expanista, exmorenista y actual ecléctico y “plural” Germán Martínez Cázares?

¿Cuáles trácalas atendían los priistas Claudia Ruiz Massieu y Manuel Añorve? ¿A quiénes espiaba Miguel Ángel Mancera?

A ellos les correspondía haber indagado en la UNAM si el título de Esquivel fue obtenido tesis de por medio, en buena ley, o fue comprado, regalado o confeccionado con retazos de trabajos ajenos.

Estos senadores están en mora de explicarles a los mexicanos porqué les pasó de noche la sinvergüenzada de la aspirante a ministra.

Se necesita ser jodidamente cínico para intentar chamuscar a Esquivel en leña verde, como han hecho todos ellos, sin asumir la responsabilidad que les atañe en el sainete.

Ya hace más de tres siglos que Sor Juana reprochó a los caraduras que se solazan criticando, “sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis”.

¡Decencia, caramba!

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Con el alma en vilo deben estar los más notables integrantes de la élite política y gobernante, incluidos los poderes fácticos, del último cuarto de siglo, ante el Do de pecho que lanzará en Estados Unidos Genaro García Luna. 

La lupa de la opinión pública está puesta en los expresidentes Fox y Peña Nieto, pero sobre todo en Felipe Calderón Hinojosa. 

Es natural. Quien está ante la justicia fue amigo, socio, cómplice, asesor y operador político y financiero del michoacano ahora refugiado en España.

También deben estar temblando decenas de periodistas, desde los más afamados y adinerados hasta compinches de dependencias policiacas infiltrados luego en diversos medios.

A estos comunicadores les debemos lambisconas –y caras– semblanzas en las que García Luna y sus lugartenientes –Pequeño, Palomino, Reyes Arzate– como los superhéroes que salvarían la nación. Las hemerotecas hablan.

RESCOLDOS

¿Cuál es la razón por la que Denise Maerker fue separada del noticiero En Punto, de Televisa? ¿Presiones gubernamentales? ¿Entreguismo empresarial? Adversarios de Amlo han configurado una nube de intrigas en torno a este asunto. El especialista en temas de comunicación, Raúl Trejo, dijo que “no son claros los motivos”. Y ensalzó la inteligencia y calidad profesional de Maerker; pero dejó flotando dudas sobre la honestidad intelectual de la comunicadora. Porque, siendo ella la única que puede informar acerca de tales motivos, no ha dicho ni pio… 

El senador Damián Zepeda se perfila prototipo de la hipocresía panista en esta temporada. Está atrapado entre la indignidad y la congruencia. Se dice furioso por la alianza del PAN con su enemigo histórico, el PRI, pero lleva el panismo tatuado en el cuero y nomás no abandonará su partido… 

aurelio.contrafuego@hotmail.com

 

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