CONTRAFUEGO … Columna del periodista Aurelio Ramos Méndez

CONTRAFUEGO … Columna del periodista Aurelio Ramos Méndez

AMLO, AHUECANDO EL ALA

El próximo domingo los mexicanos podremos decidir con nuestro voto si el presidente López Obrador debe continuar o abandonar su cargo, inédito ejercicio democrático que nadie –simpatizantes o detractores del mandatario—debería perderse.

Concluirá así, con la factibilidad de decidir sobre la conducción de nuestro país, el azaroso camino de la figura de revocación del mandato presidencial.

Ejercicio democrático, por donde se mire, absurdamente combatido por una oposición bobalicona, convenenciera y antidemocrática.

Se puede concordar o no con la utilidad, oportunidad y ventaja de consultar sobre qué hacer con el jefe del Estado, a sólo tres años de que fue sentado en la silla para un periodo de seis años. Lo que no cabe es llamarse a engaño.

La propuesta de revocación fue planteada por Amlo desde su campaña electoral, sin que sus adversarios –distraídos en combatirlo con malas artes— plantearan objeción alguna.

Desconcertados luego con la victoria inatajable del tabasqueño en las urnas, tampoco discreparon de la propuesta en los inicios del gobierno; la dejaron correr, esperanzados en capitalizarla.

La polémica herramienta cumplió su trámite y fue avalada por el Legislativo, que en nuestra maltrecha democracia bien o mal representa al pueblo, y en cuyas cámaras la oposición ni siquiera intentó obstaculizarla.

Dos años después de iniciada la 4T, azuzada por intelectuales resentidos y consejeros electorales metamorfoseados en activistas, en especial Lorenzo Córdova y Ciro Murayama, la oposición buscó atravesarse en el camino de la consulta.

Y, en su desesperación y atolondramiento, dejó ver su peor talante antidemocrático. Convocó a los ciudadanos abstenerse de hacer uso del nuevo derecho.

Los opositores atendieron la bobada de sus estrategas mediáticos, según la cual se buscaba no la revocación, que castizamente puede traducirse como asestarle al mandatario una patada en el rabo, sino la ratificación, o sea afianzarlo en la silla con un tornillo de refuerzo.

No había ni el menor resquicio para el equívoco. Pero los antagonistas del Peje persistieron en su despistada lectura y acabaron por pelar el cable y enseñar el cobre. 

Torpedearon la democracia oponiéndose a una consulta que sólo ellos interpretaron como de “ratificación”.

De haberla avalado a cabalidad, tal vez hoy estarían en vísperas de descorchar champaña para una eventual doble celebración el 10 de abril: el adiós de Amlo y el 158 aniversario de la coronación de Maximiliano como emperador de México.

El INE, entretanto, con la falacia de la falta de presupuesto, saboteó la voluntad popular expresada en el Congreso. “Se hará lo que se pueda con lo que se tiene”, justificó Córdova su dedicación a medio tren.

Y lo que se pudo, con grandes sacrificios que no incluyeron la poda de sueldazos ni el fin de las comilonas, fue autorizar apenas la tercera parte de las casillas instaladas en las elecciones intermedias.

El termino revocación, cuya primera acepción según el diccionario es “dejar sin efecto una concesión, un mandato o una resolución”, tiene una decena de sinónimos, entre otros, anular, rescindir, cesar y cancelar.

En plata blanca, este vocablo puede entenderse como echar, que a su vez tiene 48 acepciones, varias de ellas equiparables con revocar.

El primer significado de echar es “hacer que algo vaya a parar a alguna parte, dándole impulso”. Definición que cuadra perfecto con el deseo de quienes detestan a Amlo y aspiran lanzarlo hasta su rancho de Palenque.

Los rivales del Presidente más votado de las últimas décadas –53 por ciento del caudal de votos, 30 millones de sufragios— desdeñan la consulta, pero anhelan obligarlo a largarse.

Verbo éste –largar— con una veintena de sinónimos, algunos de los cuales, con su debido enclítico, son marcharse, ausentarse, desaparecer, emigrar, escabullirse, pirarse, zafarse… O locuciones verbales como “ahuecar el ala”.

Semejante arsenal lexicológico, no obstante, la abstrusa oposición persistió en su necedad de oponerse a la consulta, cuando hasta el Presidente la instó a usar el nuevo recurso constitucional para intentar sacarlo del poder.

Durante meses quienes aborrecen al de Macuspana se han empeñado en engañar a los ciudadanos con el fin de alejarlos de las urnas.

Los han puesto en la difícil tesitura del pobre Pinocho, debatiéndose entre los malos consejos del gato, el zorro y las comadrejas, y la voz de Pepe Grillo, su conciencia.

No nos equivoquemos. Lo que la conciencia aconseja hoy es acudir a votar.

Concurrir no sólo porque se trata de un ejercicio novedoso, histórico, sino porque más allá de su farragosa redacción la consulta es simple, susceptible de ser respondida con un monosílabo.

¿Debe continuar el Presidente, sí o no? 

Discernir este punto requiere apenas una leve reflexión.

¿Merece respaldo un gobierno que, al menos de manera declarativa, antepone los intereses de las mayorías depauperadas, combate la corrupción, impone austeridad y construye obras necesarias?

¿Debe seguir un mandatario honesto, que a diario transparenta sus acciones, durante horas en las mañaneras, y que con claridad rayana en la imprudencia le llama pan al pan y vino al vino?

O, por el contrario, ¿tiene que irse a casa porque ha probado ser un peligro para México?

¿Se le debe revocar el mandato porque, como Maduro, ha realizado confiscaciones de empresas, expropiaciones de casas y patrimonios, cerrado medios de comunicación y perseguido, encarcelado o asesinado opositores?

¡Decántese el ciudadano por cualquier opción, pero vote!

BRASAS

Con enorme imaginación la senadora panista Xóchitl Gálvez presentó una maqueta armada con piezas tipo Lego, de la casa que rentó en Houston el hijo mayor del Presidente López Obrador.

Marchanteó su juguete en el Senado, con un grupo de copartidarios suyos como comparsas. 

Y propuso a los mexicanos ponerse a jugar con esos versátiles bloques de plástico.

“Si la propuesta es jugar, juguemos”, le respondieron legisladores de Morena, e hicieron una réplica de la barda perimetral de la refinería Bicentenario, que Felipe Calderón no pudo construir en Hidalgo, la tierra de Xóchitl.

La fallida barda significó tirar a la basura 500 millones de pesos. Serviría para cercar 700 hectáreas, parte del malogrado proyecto que en su primer año implicó una erogación de ¡12 mil millones de pesos!

El predio fue donado por Pemex el sábado pasado y se destinará ahora a la construcción de un hospital del IMSS.

La adaptabilidad de las piezas de Lego, sin embargo, permite realizar otras muchas reproducciones a escala. Se puede hacer, por ejemplo, una carretera del amor.

Sería idéntica a la de 32 kilómetros y cuatro carriles que Diego Fernández de Cevallos construyó en 2004, con dinero público –la bicoca de 334 millones de pesos—, de Arandas a Tepatitlán, Jalisco.

Hizo Diego el arquetipo de este juguetito para poder visitar a su novia Liliana León Maldonado.

Se podría, asimismo, armar una reproducción de ese barril sin fondo que es el Centro Fox, donde se esfumaron centenares de millones de pesos de todos los mexicanos.

O, también, una maqueta de ese monumento a la corrupción que es la Estela de Luz del calderonato. Obra de la cual Xóchitl no ha dicho ni pio… 

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Le vendieron su alma al diablo y ahora soportan sin arredrarse ni arrepentirse, y al parecer hasta con desvergüenza, los desmentidos de la realidad.

Son los periodistas que avalaron con sus bravas plumas las versiones oficiales del caso Ayotzinapa, la guerra contra las drogas y cuanto asunto político-policiaco de alto impacto cimbró al país en los últimos sexenios.

Niegan ahora amistades, cercanías, complicidades, y cómo le bebían los alientos a Genaro García Luna, Jesús Murillo Karam y otros próceres.

Cómo recogían retazos de expedientes interesados y migajas de autos judiciales que les lanzaban y ellos presentaban como información privilegiada, ultraconfidencial, el mejor periodismo de investigación.

Las hemerotecas y videotecas están saturadas de grabaciones, audios y videos, y aguerridas columnas, reportajes, crónicas y otros floridos textos que prueban su desempeño profesional.

Dos de esos sagaces comunicadores, que quién sabe por que se tragaron sin masticar las mentiras oficiales a costas de su reputación, son Ciro Gómez Leyva y Carlos Marín.

Al conductor de Imagen TV le dio memorable zarandeada, a punta de datos precisos, inferencias razonables, deducciones pertinentes y cuestionamientos éticos con el tema de los 43 estudiantes desaparecidos, Epigmenio Ibarra.

Y Carlos Marín, cuya copiosa producción periodística hasta antes de la 4T rezumaba oficialismo, se dice convencido de que ha honrado su trabajo y que no tiene por qué disculparse con sus audiencias. ¡Cachaza!

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Absoluta ausencia de escrúpulos demostró Margarita Zavala al haber aprovechado la postración de uno de sus trabajadores para sacar raja política.

Visitó a su colaborador en el lecho de enfermo, en un hospital del IMSS, y con descaro les echó flores a los empleados de este instituto.

¡Ni se notó el afán de Zavala de intentar borrar la triste imagen pública que la persigue!

La nación entera conoció por el presidente de la Corte, Arturo Zaldívar, que Felipe Calderón maquinó una operación de Estado para garantizarles impunidad a parientes de la ex primera dama, responsables de la muerte de 49 niños en la Guardería ABC, del IMSS.

Refiriéndose a los empleados del Seguro, Zavala dijo que en su visita “recordé lo bien que trabajaron en el sismo del 2017 al brindar la ayuda a los vecinos”.

Y “hoy vuelvo a darme cuenta de la amabilidad de su personal”.

Ya en franca grilla a costillas del enfermo, añadió: “Apoyemos al sector salud con presupuesto”.

Concluida su calculada e impúdica visita politiquera, Zavala regresó a casa, donde quizá la esperaba su marido con una carne asada marinada en Tonaya.

Porque es cosa de recordar que, como Presidente, Calderón se declaró de buen diente y dijo mencionó la carne asada como su plato preferido.

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“¡Al diablo con su revocación de mandato!”

Así exclamó, refiriéndose al Presidente, tembloroso de ira, el senador Germán Martínez Cázares, ejemplo de valor civil y consistencia ideológica.

Se mostró irritado por el grave problema de inseguridad que sacude a su natal Michoacán, frente al cual –sostiene—la propuesta de reforma política de Amlo es un distractor. 

Reaccionó con una exasperación que no se le vio cuando su paisano Felipe Calderón emprendió, precisamente en Michoacán, la guerra contra el narcotráfico que nos tiene donde estamos.

El expanista, ex filomorenista, ex obradorista y actual senador “plural” –cualquier cosa que esto signifique–, debería decirnos cual es la parte de responsabilidad que le corresponde en el desastre.

Porque él se despeñaba como mansito secretario de la Función Pública el 11 de diciembre de 2006 cuando arrancó la absurda, inútil y contraproducente guerra antinarco.

Guerra a la cual el ahora senador le dio luego sustento político como obediente líder nacional del PAN.

RESCOLDOS

Arrancaron las campañas por la gubernatura en seis estados. Casi todos los partidos compiten en coaliciones, unidos no por principios ideológicos ni programas, sino por el simple interés de ganar para continuar medrando en la política. Los casos más patéticos son el PAN y el PRD, que por separado militantes suficientes para integrar un mariachi, pero no para ganar una elección…

Alarmantes signos de descomposición social y creciente inseguridad y violencia se observan en el Istmo de Tehuantepec. Grupos de narcotraficantes y bandas de delincuencia organizada en general pululan a sus anchas en aquella región. ¿Podrán hacer algo los tres órdenes de gobierno antes de que sea demasiado tarde?

aurelio.contrafuego@gmail.com

 

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