COLUMNA CONTRAFUEGO … “AMLO, ¿rey de la impunidad?” por Aurelio Ramos Méndez

COLUMNA CONTRAFUEGO … “AMLO, ¿rey de la impunidad?” por Aurelio Ramos Méndez

Layda Sansores está ante la obligación legal, ética, política y moral de decirles a los mexicanos no quién le ha filtrado más conversaciones de las hurtadas al ejército por Guacamayas, sino quiénes son los funcionarios del gobierno federal que –según sus propios dichos– abogan por el perdón y obstruyen la justicia y la aplicación de sanciones a corruptos y delincuentes.

Sería toda una revelación y el tiro de gracia para la lucha contra la corrupción, si nos enterásemos por la campechana de que en este grupo de funcionarios prevaricadores pudiera hallarse el mismísimo presidente López Obrador, quien desde luego no es ni de lejos el rey del cash pero podría confirmarse como Rey de la impunidad.

La gobernadora de Campeche está asimismo ante la obligación constitucional de proceder, ¡ya!, sin dilaciones ni cálculos políticos, desde su esfera de competencia, en contra de quienes han dañado supremamente al erario y los habitantes de su estado, en particular el exgobernador Alejandro Alito Moreno.

Castigarlos, no sólo con la restitución del daño –la costumbre en la 4T– sino además con la sanción penal correspondiente.

Es deplorable que los ladrones del erario devuelven una mínima parte de lo robado y quedan en libertad para carcajearse de los mexicanos y disfrutar de los bienes malhabidos. Triste formalización de una justicia rigurosa con los pobres y de la posibilidad del “pago para delinquir” para los ricos”.

En la ensordecedora cacofonía informativa derivada de la balconeada de Sansores a Ricardo Monreal les paso de noche a los adversarios del gobierno el aspecto más revelador del último Martes del Jaguar: la amarga queja de la mandataria ante las reales o supuestas reacciones en la cúpula del poder a sus exigencias de castigo en contra de delincuentes de toda ralea.

La campechana agradeció emocionada las flores –“yo quiero mucho a Layda”– que le echó el tabasqueño, pero de modo nada sutil le rebatió aquello de que su pleito con Monreal “es de mal gusto”. 

“Pues yo no sé si sea de muy bonito gusto, pero creo que es de buena moral”, le dijo a su líder y mandamás nacional. Y, balanceándose en la cuerda floja, incluso lo “culpó” de haberles inculcado principios a sus seguidores.

Por ese rumbo dejó ver su frustración debido a la falta de sanciones a quienes han sido exhibidos en su programa televisivo.

“Pienso que por protegerlos a ellos (a los corruptos), le quedamos mal a un pueblo”, aseveró, y aclaró que ella tampoco pide prisión –“no nos alcanzarían las cárceles”– para estos personajes; pero, “cuando menos que paguen, que cubran, que indemnicen a los ciudadanos. Esa es mi lucha”, dijo.

No se percató la heredera de Carlos El Negro Sansores de que con tal postura se adscribió al bloque de la lenidad, la corriente de quienes protegen a delincuentes imponiéndoles la sola devolución de lo robado, sin una justa temporada en la cárcel. 

De modo somero pero elocuente, refirió conversaciones que ha sostenido con el Presidente, en las cuales ella ha exigido sanciones en contra de quienes han incurrido en delitos desde la función pública. “Y él (Amlo), me decía: ‘el perdón, el perdón’… ”

Prosiguió y soltó con impaciencia:

“Mira, ¡esos no entienden! Él (el Presidente) ofreció (perdón) llegando en 2018, y ve que aprendieron. ¡Nada! ¡Siguen robando…!

Contó después cómo el Jefe del Ejecutivo también le ha hablado de dar ejemplo de moralidad. “El ejemplo… Sí, damos el ejemplo, pero no basta. ¡Tiene que haber sanciones! Porque si no, la gente cree que somos cómplices, más de lo mismo”, estalló Layda.

Y con un dejo frustración y el tono de quien está a punto de mandar todo al diablo, expresó: “En una encrucijada estoy viviendo ahorita, en mi vida y en cada Jaguar”.

¡Cómo no habría de sentir desencanto la gobernadora, si además reveló lo que suelen contestarle –se presume que entre otros el Presidente— dentro del gobierno a cada exigencia de castigo: “No, ese no… Ese es mi amigo… Ese no porque es mi amigo, ese no…”.

No tuvo desperdicio la narración, pero es imperativo exigirle a Layda Sansores nombres y apellidos de quiénes, desde el poder público, protegen y amparan con el perdón y la pedagogía del ejemplo –con prevaricación, según la Carta Magna– a delincuentazos como Alito Moreno.

¿Qué le impide a Sansores y su fiscal Renato Sales Heredia cumplir su obligación legal y castigar con rapidez y sin miramientos a este pillo, cuyo perfil ha sido autodelineado en una docena de grabaciones difundidas por ella?

¿Convendría en que está ante el imperativo ético de observar congruencia entre lo que dice y lo que hace desde el gobierno? ¿Comparte el criterio de que con su tortuguismo le causa a su partido tanto daño político como el propio Alito? ¿Siente algún compromiso moral de no decepcionar a sus paisanos?

Con la revelación por Layda de las charlas de buenos compadres entre Monreal y Alito se repitió el libreto.

Los medios se saturaron con una ardorosa, automática, irreflexiva y penosa defensa del zacatecano, la descalificación de la mandataria –“la golpeadora”—el cuento de la ilegalidad de las escuchas, la corazonada de que Monreal es más santo que el Santo Niño de Atocha, y otras babosadas.

El propio coordinador de Morena en la Cámara alta tildó de “basura, falsas y truqueadas” las transcripciones –la primera de 337—de sus mensajes por Whatsapp. ¡Patrañas!

Las filtraciones de Los Martes… pudieron haber sido obtenidas por un mico o el mismísimo Belcebú, pero ¿quién puede negar que contienen información socialmente útil, de alto voltaje político y gran importancia para la población?

Da lástima ver cómo en el medio periodístico, en lugar de exigir que se investigue el contenido de las trascripciones y que el brazo de la ley alcance a quien tenga que alcanzar, el grueso de los opinadores la emprendió en contra de la mensajera.

Layda no es periodista y por lo mismo su régimen de derechos y obligaciones difiere del que rige en este gremio. No está obligada a revelar sus fuentes pero sí acudir ante la mesa del ministerio público y, además, proceder desde su encargo en contra de los delincuentes.

¡A cumplir se ha dicho!

BRASAS

Sería cómico, si no fuera deplorable y vergonzoso. Llevados por su nequicia a la 4T la mayoría de los medios empleó varas distintas para medir un mismo fenómeno informativo.

La información robada sobre Ricardo Monreal, difundida por Layda Sansores, los forzó a distraerse de la febril tarea en que se hallaban aplicados: propalando a todo vapor… la información robada y filtrada por Guacamaya.

Acometieron su inopinada encomienda con furiosos reproches a la ilegalidad de la campechana y loas a la audacia del misterioso grupo de jáqueres.

El caso más desopilante corrió por cuenta del columnista Raymundo Riva Palacio, quizá el más emblemático y cotidiano difusor de información dizque ultraconfidencial, presumiblemente obtenida por espías –“agentes”, “orejas”, “antenas”, “monitores” y chismosos de todo pelambre–, con o sin mandato judicial.

Este famoso comunicador, cuyos contactos –a juzgar por su Estrictamente Personal de todos los días– rebasan las fronteras y llegan aun a los más remotos confines del globo terráqueo, se indignó por la normalización del espionaje político y por cómo los mexicanos ahora incluso festejamos el circo de las filtraciones.

“Los principios democráticos están tergiversados”, comenzando por el huésped de Palacio Nacional, dijo, y a socaire de la famosa ley de Godwin, consistente –según los entendidos– en oponer como argumento, con total desmesura, una comparación infamante, señaló: “De cuyo pulgar depende la suerte de amigos y adversarios”.

¿Amlo un emperador? ¡Moderación, carajo!

Da grima que comunicadores que mediante el uso y abuso no ocasional sino cotidiano, de filtraciones e información robada e interesada, han hecho fama y dinero, se rasgan las vestiduras ante las filtraciones de Los martes del Jaguar.

Se preocupan menos por la utilidad social de la información, que por la ilegal obtención de la misma. Típica conducta de quienes sólo ven la viga en el ojo ajeno…

Se alarman no por las trapacerías y raterías de Alito, sino porque el gobierno “dobló” a punta de filtraciones al dirigente priista para metamorfosearlo en peón legislativo.

Con base en datos de espías que casi siempre le maicean el camino equivocado, Riva Palacio afirmó que Sansores recibió la información del Centro Nacional de Inteligencia.

Y dijo que “el gobierno federal ha provisto de insumos a quienes no tienen pudor para utilizar la información que les proporcionan”. Bonita manera de adscribirse entre quienes sí tienen pudor para usar la información de espías reales o imaginarios. ¡Ajá!

Lo que estamos viendo pasar frente a nuestros ojos es la institucionalización del espionaje político, dijo además el columnista de El Financiero.

“Es tal el cinismo”, que el espionaje ya no se hace de manera subrepticia como en el pasado, “cuando se utilizaban mensajeros para transmitir el mensaje a aquéllos con quienes había agravios y buscaban someter”, añadió, con aplomo tal que obliga a preguntarle: ¿de dónde tan conocedor?

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Al perro no lo capan dos veces, reza el refrán; pero los dirigentes del PAN, sin la memoria del perro, ya se preparan para una segunda castración a cuatro manos entre Alito Moreno y Rubén Moreira.

Sin esperanzas de ganar la Presidencia en 2024, pero mendicantes de apoyo para tratar de obtener algunos escaños y curules, ya negocian de nuevo con quienes los mutilaron hace apenas unas semanas.

El coordinador de los diputados panistas, Jorge Romero, acompañado por Luis Espinosa Cházaro, de ese zombi que es el PRD, ya se reunió con el jefe cameral de los priistas, Rubén Moreira.

Resultó imposible para el coahuilense ocultar su regocijo por el encuentro y la prometedora perspectiva de cercenarles otra vez las criadillas a sus socios. Salió muerto de risa a contarles a los reporteros. 

“Pregúntenme dónde desayuné”, les propuso ufano. Y luego les informó del aquelarre y hasta del menú –chilaquiles con huevos y cecina—, y les dijo con anticipado júbilo que dialogaron “de muchas cosas bonitas”.

Como en el plato de San Martín de Porres, gato, perico y perro se juntaron para acordar una estrategia común contra la iniciativa de reforma electoral del Presidente López Obrador, la cual busca, entre muchas cosas, disminuir el inmenso presupuesto destinado a los partidos.

Pobres dirigentes del PAN. Lo que tienen que hacer para retardar el derrumbe definitivo del octogenario partido fundado por Gómez Morín y seguir prendidos de la ubre presupuestal del Estado.

El panorama para ellos es aterrador. Podrían verse privados del suculento financiamiento público, bien sea por la reforma o por la extinción de su partido. 

Por lo mismo, aunque hasta el más desprevenido de los observadores prevé que el PRI dejará de nuevo sin gónadas a sus aliados, el intento de permanencia en la arena política bien vale el ridículo. Suena terrible eso de tener que trabajar para conseguir el sustento.

RESCOLDOS

17 congresos estatales

RESCOLDOS

En menos de lo que canta un gallo la reforma sobre la permanencia de la Guardia Nacional en tareas de seguridad pública cumplió el paseíllo por los congresos estatales. Ya fue aprobada por la mitad más uno (17), con lo que resta sólo su promulgación y la publicación en el Diario Oficial para completar su trámite, enteramente constitucional. Lo cual impone la pregunta: ¿A que pueblo representan los legisladores de oposición? ¿Cuál será su correa de transmisión de la realidad?

aurelio.contrafuego@gmail.com

 

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