Chagoya recicla funcionarios y adopta otros, despedidos del gobierno de Jara, por su frivolidad o incapacidad

Chagoya recicla funcionarios y adopta otros, despedidos del gobierno de Jara, por su frivolidad o incapacidad

Raymundo Chagoya recicla funcionarios y adopta otros, despedidos del gobierno de Jara por frivolidad o incapacidad, para componer su “nuevo gobierno”, tras el revés electoral en la revocación de mandato del gobernador en enero pasado. El alcalde intenta disfrazar de estrategia lo que es una simple pepena política.

Bajo el sofisma de una “evaluación permanente”, el edil capitalino anunció quince cambios que no son más que un enroque de piezas desgastadas. Sin rubor, Chagoya asegura que busca fortalecer áreas estratégicas, pero en realidad está rescatando perfiles que ya demostraron su ineficacia en otras áreas del aparato estatal.

La llegada de Blanca Martínez Guzmán a la Secretaría de Prosperidad Económica Vecinal es un agravio a la transparencia. Removida del gobierno estatal por presuntos casos de nepotismo y corrupción, su inclusión en el gabinete municipal confirma que para Chagoya la ética es secundaria frente a los compromisos de grupo.

Otro nombramiento que levanta sospechas es el de Alejandro Avilés Corona en Medio Ambiente. Su única carta de presentación es el apellido, hijo de un polémico ex priista señalado por enriquecimiento inexplicable. Es una bofetada a la ciudadanía entregar carteras sensibles a herederos de la vieja guardia política oaxaqueña.

El reciclaje incluye a Bertha Ruth Arreola Ruiz, quien tras su gris paso por la Secretaría de Pueblos Indígenas estatal, ahora encuentra refugio en el inoperable e injustificado Instituto Municipal de Lenguas Indígenas. Estos movimientos evidencian que el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez se ha convertido en una agencia de empleos para desplazados.

Chagoya apela retóricamente a la “profunda conciencia histórica” y a los valores de la Cuarta Transformación para validar su reacomodo. Sin embargo, resulta contradictorio invocar la honestidad de Claudia Sheinbaum mientras se rodea de personajes con señalamientos de corrupción y conductas controvertidas que ya han sido cuestionadas públicamente.

Los enroques internos, como los de Alicia Bueno y Deyanira Altamirano, demuestran la falta de cuadros nuevos en el equipo del alcalde. Simplemente se rotan las sillas entre los mismos nombres de siempre, garantizando que el estancamiento administrativo continúe mientras la ciudad padece la falta de resultados reales y tangibles.

Resulta sospechoso que, según versiones periodísticas, desde la propia oficina de la presidencia municipal, concretamente de Comunicación Social, se filtren críticas hacia los nuevos elementos. Este “fuego amigo” sugiere una descoordinación interna o un doble discurso donde el alcalde simula respaldo público mientras socava la credibilidad de sus propios nombramientos.

La soberbia de anunciar más cambios en quince días genera incertidumbre y parálisis institucional. Ninguna administración puede dar resultados si vive en un eterno interinato. Chagoya confunde el dinamismo con la improvisación, sometiendo a las dependencias municipales a un ciclo de aprendizaje que solo retrasa la atención a los vecinos.

Al final, este “nuevo gobierno” nace viejo, viciado por el reciclaje de figuras que no dieron la talla en el estado. La ciudadanía oaxaqueña observa con desconfianza cómo se reciclan los errores del pasado, mientras el ayuntamiento se aleja de la transformación prometida para convertirse en un simple refugio político.

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