Asesina brutalmente a su suegro después de robarle 65 mil dólares

Asesina brutalmente a su suegro después de robarle 65 mil dólares

No denunciar a su yerno le costó la vida a Roberto Fernández Montes.

Viudo y con dos hijas, Natalia y Gisele, llegó de España cuando niño y creció en Argentina, donde había logrado mantener a flote desde hace 17 años ‘Mini Vial’, su empresa de alquiler de maquinarias de construcción.

Colocó como administardor a Santiago Corona, su yerno, el padre de sus dos nietos. Hace ocho meses el empresario español descubrió que el esposo de su hija Natalia había cometido un millonario fraude, lo había estafado con aproximadamente 65 mil dólares.

El sábado, la misteriosa desaparición del empresario alertó a la Policía argentina a buscar el paradero del asturiano. Fue su novia, María de Carmen Liñera, quien hizo el primer llamado, pues Roberto Fernández no acudió a la cita que tenían.

La familia, incluido Santiago Corona, fue a buscarle a su departamento del barrio de Caballito, zona residencial del clase media, pero no estaba.

La angustia parecía corroer al yerno, quien, según testimonios, procuraba restar importancia a la ausencia de su suegro e inclusive llevó a las mujeres a las instalaciones donde tenía la empresa, «por si estaba allí».

Obvio no.

Las manchas de sangre en el departamento, fueron lavadas, según atestiguaría la policía.

Gisele el lunes por la mañana decidió acudir a las cámaras de seguridad del edificio donde vivía su padre. Ahí pudo ver cómo dos personas bajaban un bulto y lo cargaban a la cajuela de un auto. Esas dos personas fueron identificadas por la Justicia como el propio Corona y César Arce López, un empleado de la constructora apodado «El Mecánico».

«Estás comiendo con el asesino», telefoneó a su hermana, quien, impávida, colgó el auricular, y con engaños fue llevando a Santiago hasta manos de la justicia.

Todo estaba documentado.

 

HOMBRE EN BRASAS

Lo que quedó de Roberto Fernández se encontró carbonizado y partido en dos partes, y además, seccionado presumiblemente por perros hambrientos, en un descampado de Cañuelas, en la provincia de Buenos Aires.

El hombre, de 67 años, fue asesinado en su vivienda y trasladado hasta ahí en automóvil. Pudo ser reconocido por su familia gracias a un rosario metálico que llevaba en el cuello, luego de que sus victimarios incendiaran el cuerpo junto con el automóvil Suzuki Fun que usaron para transportarlo.

Lo cierto es que Roberto Fernández no ardió del todo; quedaron partes de su cuerpo perfectamente distinguibles, separado en dos partes (cabeza y torso por un lado y pelvis y extremidades por otro).

Fue encontrado el mismo domingo a la vera de un camino rural del barrio Santa Anita, a unos dos mil metros de la ruta nacional 3, en el partido bonaerense de Cañuelas, pero en un primer momento no pudo ser identificado debido a su estado.

Ante el desastre en el que terminaron sus restos, los médicos forenses y la Policía Científica aún no logran dar con la causa de la muerte.

El juez de instrucción, Hernán López, consideró el caso prácticamente cerrado: Santiago Corona, el yerno de Fernández Montes, ex empleado de Mini Vial, la firma del español dedicada al rubro de excavaciones y maquinaria vial, fue detenido como el presunto autor intelectual del crimen, junto con Ricardo Arce López, su cómplice, además amigo y exempleado de la víctima.

LAS PRUEBAS

Las cámaras de seguridad del edificio donde vivía, registraron la secuencia donde se aprecia a su yerno y a otro hombre bajar del ascensor con un bulto que, por la forma y dimensiones, lo que parece ser el cadáver.

Prueba irrebatible.

Y por si no fuese suficiente el video en alta definición, también está acreditado su nexo con Arce López, y un faltante de 20 mil dólares en la casa del empresario —que escondía en el motor del jacuzzi) y que fueron hallados en el auto del yerno, es uno de tres móviles posibles para el crimen, además del odio a su suegro y la recuperación de los documentos que lo involucraban en el fraude del que Roberto González nunca acusó.

Ante estas imágenes tan explícitas, el juez López ordenó la detención del yerno y el mecánico: el primero fue apresado en la comisaría 11ra., donde había ido a prestar declaración, mientras que al segundo lo apresaron en el barrio Olimpo, de la localidad bonaerense de Sarandí, partido de Avellaneda.

María del Carmen Liñera, novia del empresario asesinado, afirmó:

«Él ya había sido amenazado. Nadie pensaba que fuera capaz, con esa cara de idiota. Le había dicho a la hija de Roberto: que tu papá no siga diciendo que soy un chorro porque lo van a encontrar tirado. Pero siempre supusimos que lo decía de la bronca. La chica estaba atormentada, era amenazada. Le decía que le iba a sacar a los chicos. Por eso el papá decidió no hacer la denuncia y seguir adelante. Nunca sospeché de nada, no creía que podía haber un sádico de ésta manera.”, contó.

El problema entre el yerno y el empresario comenzó cuando éste descubrió que lo había estafado.

Faltaba dinero, faltaban cosas. Manejaba la empresa de su suegro (Roberto). Él tenía mucha confianza, era su mano derecha. Toda la plata que le daba era para pagar seguros, carga sociales, Afip… pero no pagaba. Cuándo lo descubrió, hubo una pelea muy grande y lo echó. Fue en junio del año pasado. La frutilla de la torta fue que le sacó plata guardada que tenía en la casa”, narró la mujer.

En tanto, aseguró que su pareja no lo iba a denunciar porque “tenía miedo por la hija y por sus nietos. Entonces, le pedí encarecidamente que miráramos para adelante.

El abogado de las hijas del empresario, Matías Morla, explicó que la familia cree que las dos personas detenidas son los autores materiales del hecho y no descartó que haya una tercera persona implicada y reveló algo trascendente, un dato clave: descubrieron una póliza de seguro que uno de los presuntos asesinos habría fraguado para cobrar la indemnización.

Hasta el momento, Santiago Corona se ha negado a declarar. Por su parte, Arce López dice no ser una de las personas que aparecen en las grabaciones de la cámaras de seguridad, y se declaró inocente. Mala coartada.

La impunidad les duró tres días.

Con información de Excélsior.

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