Ingenieros proponen cerrar el estrecho de Bering con presas gigantescas para salvar la vital corriente del Atlántico

Ingenieros proponen cerrar el estrecho de Bering con presas gigantescas para salvar la vital corriente del Atlántico

Inspirados en la geografía del Plioceno, científicos evalúan hoy una propuesta radical para salvar el clima europeo. La idea consiste en bloquear el estrecho de Bering mediante presas. Esta intervención física busca imitar una barrera terrestre natural que existió hace tres millones de años, estabilizando así las corrientes marinas actuales.

El objetivo principal es proteger la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, conocida como AMOC. Este sistema transporta calor hacia el norte, regulando las temperaturas del Viejo Continente. Sin ella, los inviernos en Europa serían extremadamente crudos. Lamentablemente, el deshielo de Groenlandia está debilitando este flujo vital de agua.

El exceso de agua dulce reduce la salinidad del océano Atlántico, impidiendo que el agua fría se hunda correctamente. Estudios recientes sugieren un posible colapso de esta corriente para el año 2100. Ante este riesgo, investigadores neerlandeses analizaron si cerrar el flujo desde el Pacífico podría salvar el sistema.

Técnicamente, la obra requeriría tres presas aprovechando islas intermedias como pilares de apoyo fundamentales. La sección más extensa alcanzaría los treinta y ocho kilómetros de longitud. Aunque parece una locura, las dimensiones son comparables a diques ya existentes en Corea del Sur, lo que sugiere una factibilidad estructural real.

No obstante, los modelos climáticos muestran resultados ambiguos y algo preocupantes sobre esta intervención. Si la corriente ya está muy deteriorada, bloquear el estrecho podría acelerar su colapso final. La eficacia de la presa depende totalmente del momento exacto en que se decida alterar la dinámica del océano global.

Expertos externos advierten que esta medida de geoingeniería ignora la complejidad total del ecosistema marino. Una estructura tan masiva sería casi imposible de retirar una vez construida en aguas remotas. Además, no detendría el calentamiento global ni el derretimiento de los glaciares, que son la raíz del problema.

El impacto ambiental sería devastador para las especies migratorias y las comunidades indígenas de la zona. Se alterarían rutas de navegación vitales y se pondría en riesgo la seguridad alimentaria regional. Muchos científicos consideran que gastar billones en este muro es un desperdicio de recursos frente a otras soluciones.

La logística política añade otra capa de dificultad al proyecto en el estrecho de Bering. La construcción requeriría un acuerdo imposible entre potencias rivales como Rusia y Estados Unidos. Gestionar una obra de tal magnitud en un entorno helado y hostil presenta desafíos de ingeniería y diplomacia sin precedentes.

Los autores del estudio aclaran que su trabajo es un ejercicio teórico y no un plan de acción. No proponen empezar la construcción mañana, sino entender las herramientas disponibles ante emergencias climáticas. La prioridad absoluta debe seguir siendo la reducción drástica de emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial.

Por ahora, el muro ártico permanece como una idea audaz nacida en una charla de café científica. Representa la desesperación de la ciencia por encontrar salidas ante un colapso climático inminente. Mientras tanto, el estrecho sigue abierto, fluyendo como lo ha hecho durante los últimos miles de años naturales.

Con información de DW en español

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