POLÍTICA EXPRÉS | * Maquillaje político en #Oaxaca: continúan nepotismo y simulación en el gobierno de Jara

POLÍTICA EXPRÉS | * Maquillaje político en #Oaxaca: continúan nepotismo y simulación en el gobierno de Jara

Los cambios anunciados por el gobernador Salomón Jara Cruz no fueron una sacudida al sistema, sino un ajuste para preservar el control. Se habló de renovación, pero se protegió el núcleo duro del poder. La promesa de transformación quedó reducida a movimientos tácticos que no alteran la lógica familiar dominante.

La salida de algunos parientes de Morena-Oaxaca o de cargos específicos (Sinfra) no desmantela la estructura construida durante tres años. Cuando la red de influencia sigue operando en posiciones estratégicas, el mensaje es que el proyecto no cambia, solo se reorganiza para contener críticas y ganar tiempo político.

El caso del Congreso es la prueba más contundente. Que Tania Caballero Navarro, nuera del gobernador, encabece la Junta de Coordinación Política coloca al Poder Legislativo bajo una sombra permanente. No basta con haber ganado en las urnas; la independencia institucional exige distancia real del Ejecutivo.

Cuando el Ejecutivo y el Legislativo comparten vínculos familiares directos, el contrapeso democrático se debilita. El Congreso deja de ser un espacio de fiscalización rigurosa y se convierte en una instancia predecible. La separación de poderes no es un trámite formal, es la base de cualquier gobierno creíble.

Más grave aún es que los cambios no tocaron la Secretaría de la Honestidad ni los órganos encargados de vigilar el uso de recursos públicos. Si el discurso oficial es combatir corrupción, lo lógico era comenzar por ahí. Mantener intactas esas áreas sugiere que no existe voluntad de revisión a fondo.

En un estado con profundas carencias sociales, cada peso mal administrado pesa doble. Oaxaca necesita transparencia agresiva, auditorías independientes y sanciones ejemplares. Sin embargo, el mensaje que emana del gabinete es continuidad administrativa, no depuración ética ni apertura institucional.

La defensa legal del parentesco en cargos de elección popular no resuelve el problema político. La ética pública exige evitar concentraciones que comprometan la confianza ciudadana. Gobernar no es solo cumplir la ley mínima, sino respetar el espíritu democrático y la pluralidad efectiva.

El discurso transformador que llevó a este gobierno al poder se desgasta cuando la ciudadanía percibe que “todo queda en familia”. Esa percepción no es trivial: mina legitimidad, inhibe participación y alimenta el desencanto. La narrativa anticorrupción pierde fuerza cuando no se acompaña de decisiones valientes.

Si realmente se pretendiera marcar un parteaguas, el Congreso actuaría con autonomía visible, revisando presupuestos y citando funcionarios sin consigna. La presidencia de la Jucopo debería ser un espacio de equilibrio, no de sospecha permanente por vínculos familiares con el Ejecutivo.

Mientras no se rompa esa concentración y no se intervengan los órganos de control, cualquier reestructura será maquillaje. Oaxaca no enfrenta una crisis de nombres, sino de confianza. Y sin confianza pública, el gobierno de Salomón Jara seguirá atrapado en su propia simulación.

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