
Oaxaca oculta su violencia real: subregistro, manipulación oficial y repunte de ejecuciones desmienten discurso estatal
Los gobiernos federal y estatales continúan maquillando cifras de violencia en México, donde aseguran que disminuyeron los homicidios dolosos, pero crecen las desapariciones. En Oaxaca los números no cuadran: mientras el 28 de noviembre se registraron cuatro homicidios, el SESNSP reporta solo uno. El subregistro es evidente y reiterado.
En Oaxaca, el reporte diario del SESNSP está lejos de reflejar la realidad. El “1” que aparece para el 28 de noviembre no es un error técnico: es consecuencia de un subregistro estructural originado en malas prácticas institucionales, omisiones deliberadas y presión política para sostener un discurso de seguridad.
Una de las principales causas es el levantamiento irregular de cuerpos. En el Istmo, Costa y Mixteca, familiares recogen a sus muertos antes de que llegue la autoridad, evitando peritajes. La Fiscalía abre carpetas, pero no clasifica los hechos como homicidios dolosos el mismo día, e incluso algunos nunca son reclasificados.
Otra práctica recurrente es la clasificación tardía o “suavizada” de los casos. Muchos expedientes comienzan como “lesiones”, “persona sin vida” o “cadáver desconocido”, y días después se tipifican como homicidios dolosos. Esa reclasificación tardía impide que ingresen al conteo del día en que realmente ocurrió el crimen, generando vacíos reales.
También existe presión política. Desde 2023 el gobierno estatal presume que Oaxaca “bajó” en homicidios y presume un descenso del 12.5% anual. Para sostener esa narrativa, las instituciones reportan la menor cantidad de casos en el corte diario, incluso cuando los medios documentan múltiples ejecuciones en una misma jornada.
A esta distorsión se suma la falta de presencia institucional en comunidades indígenas y rurales sin señal. Allí, muchos homicidios nunca llegan al conocimiento de la Fiscalía, y por tanto no se registran. La violencia ocurre fuera de la vista del Estado, que aun así presume cifras de aparente estabilidad.
En noviembre de 2025 se han registrado al menos 53 homicidios dolosos en Oaxaca, según medios locales y reportes ciudadanos, aunque el SESNSP solo reconoce 51 al corte del 29. El Istmo concentra cerca de la mitad, con ejecuciones atribuidas a disputas por narcomenudeo, extorsiones y reacomodos criminales.
De esos 53 asesinatos, 42 son ejecuciones con armas de fuego, muchas en vía pública y con signos de crimen organizado. Los multihomicidios también repuntaron, con casos en Juchitán, San Pedro Mixtepec y la Costa. Las autoridades reconocen detenciones, pero la impunidad sigue siendo la norma en la mayoría de expedientes.
El 28 de noviembre, pese a que el SESNSP reportó un solo homicidio, medios y testigos confirmaron al menos cinco ejecuciones: 3 en Juchitán, 2 en Pochutla, con fotos en medios de comunicación, pero el SESNSP solo reportó uno. La brecha entre dato oficial y realidad cotidiana se ensancha cada vez más sin explicación institucional.
El gobernador Salomón Jara insiste en que Oaxaca es un estado “seguro” y presume tecnología como el nuevo C5i. Sin embargo, mientras se maquilla el mapa de homicidios, la violencia se multiplica. La información se oculta, se suaviza o se niega. En Oaxaca, la seguridad parece más un eslogan que una realidad.

